Reseña: Garnett Kelly y el ganador del torso desnudo

Garnett Kelly y el ganador del torso desnudo, de Santi Nader: sin dejar un segundo en suspenso, Federico Lehmann utiliza de manera magnifica su verborragia para presentar esta tragicomedia. Con sólo pocas herramientas, reivindica la interpretación del teatro como simulación: no se necesita mucho para llegar a tanto.

Alrededor de espejos en semicírculo, el protagonista narra la historia que transcurre en una noche, donde tiene mucha incidencia la comunicación tecnológica y conceptos que, en general, los jóvenes pueden llegar a entender por su época.

Sitios como ‘la foto perfecta’ (haciendo referencia a Instagram) o el ‘El torso desnudo’ son las fuentes de información de otros personajes que él mismo interpreta en el monólogo. Pero sería un error caracterizarlo con este último término, ya que se queda muy corto; las herramientas que utiliza para segmentar la caracterización de las personas que interpreta son muy eficaces. Sólo hace falta la oscuridad, una significación que represente a cada voz (en este caso luces de diferentes colores), y las voces mismas.

La historia trata de un encuentro casual entre un extranjero y el personaje de Lehmann. Éstos no se conocen en persona, sólo por las redes. Esto le da una esencia de intriga, pasión y ansiedad por querer consumar el encuentro. Por eso, tras la consulta de una amiga, a través de otra red social, concreta verse con otro, pero esta vez a través de la aplicación del ‘torso desnudo’. El objetivo es elegir a alguien para pasar la noche, “o la mañana”, como relata en la obra. Y por fin sucede, aunque llega a haber una complicación.

La obra, que sigue en cartelera en casa Casa Babá, se destaca por ser una tragedia, pero también por incluir la tecnología de por medio. ¿Qué hubiese pasado si en los grandes clásicos, la tecnología hubiese inferido? El eje de la historia, la falta de comunicación, el mensaje que no llega; la historia no tendría sentido. Aquí se podría decir que todo lo contrario: el foco está puesto en la constante comunicación y en la situación que desemboca.

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