Crítica: La quietud

Pablo Trapero viene de una larga trayectoria fílmica, luego de la realización de “El Clan” regresa al cine con “La Quietud”.

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Eugenia (Bejo) regresa de París por motivos familiares y se reencuentra nuevamente con su hermana Mía (Gusmán) y su mamá Esmeralda (Borges) en la estancia “La Quietud”, donde vivían actualmente. Las hermanas tienen una relación muy especial entre sí que, lentamente, se va desarrollando a medida que aparecen Vincent (Ramírez), novio de Eugenia y amante de Mía, Esteban (Furriel), el abogado de la familia  y amante de Eugenia.

Los hombres en la película no son más que conectores para hilar las historias y misterios dentro de esa familia.

El film abarca cuestiones de la dictadura militar, el aborto, el incesto y el Edipo, suavizándolo todo con una gota de humor negro.  La historia está contada desde el punto de vista femenino: todo gira en torno a Eugenia, Mía y Esmeralda.

El film trabaja con una multiplicidad de temáticas que se unen de manera soberbia, el guion genera una comodidad notoria en cada actor y actriz del largometraje. La incomodidad se planta en el interior de cada espectador mediante la inquietud de lo desconocido y, hacia el final se resuelven todos los conflictos a un tiempo adecuado.

Calificación 7/10

 

Paula Fossatti

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