Reseña: Después de casa de muñecas

Por Bruno Glas 

La “Casa de Muñecas” original de 1879 terminaba con Nora abandonando la casa, librando a Thorvald y a su familia a su suerte. No quedaba claro si volvería o no, aunque uno se vería tentado a apostar que se había ido para no volver. Este final, revolucionario para su momento (yo diría que lo sigue siendo al día de hoy), es casi el punto de partida que toma Javier Daulte para hacer una secuela de la famosa obra de Ibsen.

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Nora vuelve a casa quince años más tarde, siendo ahora una famosa escritora, a causa de la extorsión de un juez que amenaza con llevarla a la cárcel. Se ve en la necesidad de pedirle ayuda a su antiguo esposo (Jorge Suárez), a su niñera Anne Marie (Julia Calvo), que tuvo que lidiar con la crianza de los hijos de ella, y a su hija (Laura Grandinetti), ahora una muchacha.
Si la obra de Ibsen causó en su momento tanto revuelo, era por su fuerte cuestionamiento a la institución del matrimonio y a los valores familiares, destacando el rol individual de la mujer por sobre lo que la sociedad espera de ella. Por esto mismo muchos consideran a “Casa de muñecas” la primer obra de teatro netamente feminista, aunque el mismo autor haya negado esta denominación. Y precisamente, la continuación de la original viene a plantear algunas de estas cuestiones en un momento histórico donde el feminismo tiene un lugar central. Pero lo más destacable de la obra es cómo logra evitar caer en el alegato o en el comentario demagógico. No hay discursividad intríseca a ella que habilite una única lectura. En el enfrentamiento de Nora con sus familiares se pone en discusión las consecuencias de su partida y su regreso. Hay una voluntad de juzgar a los personajes, pero también de entenderlos, de estrechar lazos con ellos. Si bien cada personaje tiene una postura diferente, Daulte deja que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones de lo sucedido. De allí el correlato que se establece con la disposición espacial, puesto que el escenario no reproduce la típica estructura bien frontal del teatro alla italiana, sino más bien el semicírculo del teatro griego, donde el público tiene la posibilidad de observar todo lo que sucede desde arriba. Mención aparte para los actores, que dotan a los personajes de un registro que les permite jugar sin problemas con lo tragicómico.
La obra podrá verse a partir del mes de mayo en el Paseo La Plaza.

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