Crítica: Lo que fuimos

Por Bruno Glas

Mi familia y otras calamidades

Aquella frase de Truffaut de que “todas las películas nacen iguales” parece cumplirse sólo a medias. Vamos ¿cuántas veces elegimos o rechazamos una película a priori de acuerdo a lo que para nosotros significa el nombre de su director (o sus intérpretes, llegado el caso), en nombre de lo que nuestro gusto nos dicta? Bueno, esto mismo sucede también con la trama, nudo que supuestamente encierra las virtudes y limitaciones potenciales de un filme.

Con Lo que fuimos, debut en la dirección de Elizabeth Chomko y estrenada primero en el festival de Sundance, pasa un poco esto. Con leer la sinopsis se huele, más o menos, de qué va a ir la cosa: película familiar, con aire indie, una enfermedad como punto de partida, mucho drama, subtexto religioso y actuaciones crispadas. Basta nomás con hacer la suma…

Y el resultado, contra todo pronóstico y prejuicio, da positivo. Ello no implica que el filme sea perfecto, ni mucho menos, pero logra ponerse muy por encima de lo que podía ser a simple vista. El filme abre con una señora mayor que se levanta, en plena madrugada, y se prepara para salir. La cámara hace un primer plano de sus pies descalzos, luego la enfoca maquillándose, y en un momento dado nos la muestra de espaldas, dejando su hogar en medio de una tormenta de nieve. El montaje virtuoso de esta secuencia, y su valor narrativo al darnos una información determinada, pero dejándonos en la duda respecto a lo que puede acontecer, nos dan la pauta de que lejos estamos de un drama familiar filmado en piloto automático.

Bridget (Hilary Swank) regresa a Chicago junto a su hija y se reúne con su hermano Nicky (Michael Shannon), y su padre Burt (Robert Forster). Allí sabremos que aquella señora no es otra que la madre de Bridget, quien padece de alzheimer, y de la que sus familiares deberán hacerse cargo, con todo lo que ello implica.

El gran mérito del filme reside en la caracterización de sus personajes, cuyo trazo humano, con todas sus virtudes y defectos, nos pone frente a la misma disyuntiva que éstos enfrentan: ¿deben cuidar de ella por su propia cuenta, con las complicaciones que esto puede traerles? ¿o deben, por el contrario, hacerla ingresar en una residencia, dejándola al cuidado de quienes puedan tratarla, pero perdiendo el contacto? También es destacable la forma en que se retrata la enfermedad, que lejos de ser exagerada o buscar la lágrima fácil, consigue algunos momentos de gracia incómoda pero con una carga de tristeza. Si la situación con la madre de Bridget es el núcleo del filme, donde más pierde fuerza es en las subtramas. El conflicto de la protagonista con su hija, o el levante de un viejo amigo suyo a espaldas de su marido, aparecen demasiado descolgadas, y así la segunda mitad se resiente un poco. Aún con estos reparos, la película logra mantenerse en pie, y la directora no teme dar a la historia un final feliz pero no del todo conciliatorio…

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