Critica: Los que vuelven

Por: Gonzalo Esteba Borzino

Cobertura del 34º Festival de cine de Mar del Plata

Perdida entre las gruesas hojas de la selva misionera, una mujer llora desconsoladamente. Julia (Lali Gonzalez), con su hijo muerto en brazos, le ruega a la Iguazú, la madre del día y la noche, que lo regrese a la vida. Lo logra pero, como le había advertido su sirvienta y confidente Kerana (María Soldi), sus plegarias tendrán consecuencias mucho más oscuras de lo que cree. Tiempo después, su marido Mariano (Alberto Ajaka), dueño de un campo de plantación, deberá hacer frente a la avanzada sobrenatural que se cierne sobre sus obreros.

Continuando la línea recorrida en el premiado cortometraje La vuelta del Malón (2010), Laura Casabe (La valija de Benavídez) vuelve a presentar a los indígenas vengativos, haciendo retornar a los guaraníes desde más allá de la muerte. Lo que describen como un rodaje “hermoso pero duro”, la película fue hecha en tan solo veintiún días, plagados de extenuante esfuerzo físico debido a las largas caminatas, el sofocante calor y la constante lluvia. Laura bromea diciendo que se filmaba, si la selva quería que filmasen. Afortunadamente al momento de grabar, las condiciones lumínicas resultaron excepcionales, lo cual permitió que lograsen su espectacular puesta fotográfica.

Es un largometraje hermoso, con la despampanante puesta de Leonardo Hermo, quien logró una iluminación realista y eficiente, incluso en tomas nocturnas. Asimismo, la dirección de arte resultó sublime, con efectos prácticos de carne y sangre para pequeños segmentos gore y vestuarios encantadores, acompañantes de la escenografía natural de los espectaculares paisajes misioneros, algunas veces recorridos a dron.

Originalmente, al igual que su cortometraje, la película ocurría en el sur, durante la campaña del desierto, teniendo a las comunidades arránqueles como los retornados. Sin embargo, se debió de realizar el cambio radical de locación y, por tanto, una profunda reescritura del guion. A pesar de tener definido el final, la narrativa pasó por muchas instancias de reubicación temporal. Planearon comenzar con un misterio, que terminase en sorpresa y por ello se decidió fragmentar el film desde el montaje, fabricándolo desde la exposición de la pieza. Confiesan que ellos mismos fueron sorprendidos por los acontecimientos que iban apareciendo en su historia.

La fragmentación narrativa se hizo, por un lado, para satisfacer dicha necesidad de misterio-sorpresa, piedra angular del género, y por el otro por una cuestión ideológica: “Lo que queríamos era generar la idea de la culpa criolla, abordar el tema haciéndonos cargo que nosotros somos los herederos que sometieron y que seguimos sometiendo.”, aseguraron luego de la proyección. Y fue por esto mismo que se optó por posicionar a los guaraníes como “el otro”, utilizando las convenciones del terror para contar lo que querían contar y transmitir lo que querían transmitir, sin posicionarse en un lugar deshonesto. Se debía atravesar la empatía desde la posición del rechazo y aceptación del otro.

Llamada “la revancha de los pueblos originarios” por los espectadores, el film está cargado de convenciones genéricas atravesadas por subversiones, una estética y manejo contextual similar a The Witch (2015) y una sensación de presencia ominosa digna de clásicos japoneses. Los que vuelven nos muestra un futuro film de culto a nivel latinoamericano. No importa cuánto se nos quiera convencer con que es un género muerto, al final siempre retorna.

Se estrena en mayo en salas comerciales.

Puntaje: 10.0/10.0

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