Reseña: Flashes

Comienza la temporada teatral 2020, en Buenos Aires, que por ser verano, nos está asombrado con algunas temperaturas templadas pero húmedas, pero siempre en esta época, interesantes las propuestas teatrales, las cuales esperemos que los elencos hayan amarrado, para quedarse, todo el año.

El viernes 3 de enero a las 20.30, asistí al estreno en El Camarín de las Musas, de una de las primeras piezas teatrales que salió al ruedo en este 2020, es Flashes, escrita y dirigida por Patricio Abadi.

Los personajes son Natasha y Pato, que viven «Flashes de vida«, instantes, momentos buenos y malos, algunos para recordar, otros no, donde van contando al espectador, esos clicks que el dramaturgo quiso generar fotos instantáneas y dejarlas plasmadas en el rompecabezas de la pieza teatral. Comienza, con una pareja de novios, Natasha y Pato, donde Pato entra a escena, en modo 3D, que de paso sea dicho, es muy interesante el recurso, se entregan unos lentes antes de iniciar la función, para que de paso al actor que hay en el personaje de Pato, donde ahí sale a la cancha a relucir como actor cómico, Patricio Abadi, donde hace que su personaje interprete, un monólogo sobre la carne, donde el público recibió a la obra con una risa fresca y espontánea.

Al terminar el Hamlet «carnicero», vuelve a la realidad, y aparece la actriz Caro Babich, encarnando al personaje de Natasha, la novia de Pato, quien llega para avisarle que los esperan en la casa de sus padres, a cenar, porque sabe que tienen preparado anunciarles un viaje regalo, para que los acompañen a un crucero a EEUU, para el mes de febrero y Pato se niega, rotundamente, porque la quiere mucho a Natasha, pero la oportunidad de su vida actoral está en una convocatoria que ha tenido para esa fecha, en un municipio para interpretar el monólogo que antes había desarrollado. Y bueno ahí, ya empiezan a nacer los flashes, donde el público irá descubriendo los mensajes, porque lo que sigue es una escena de pelea de la pareja, la cual parece que todo llegó a su fin, pero se termina reconciliando y eso dará lugar a más eslabones de historias que están perfectamente unidas, dando lugar a una secuencia de flashes, que en definitiva terminan siendo la vida misma.

La dirección es impecable, no es tan fácil la técnica a aplicar, en términos teatrales, para lograr el efecto de los flashes y en este caso, las transiciones son muy buenas, las actuaciones de Patricio Abadi y Caro Babich son excelentes, es una obra cuyo objetivo es jugar compartiendo emociones entre protagonistas y público. Es una historia que todo el tiempo mira al público, logrando chocar y romper la cuarta pared, en todo momento.

Las herramientas para la construcción son desde el humor, eligiendo el género de comedia, para pasar un buen momento, donde el mensaje es claro, los flashes son la seducción para hacernos pensar y hay mucha energía puesta arriba del escenario, la cual es percibida y muy bien recibida.

En el caso de no estar en Buenos Aires, vayan armando la listita de las obras para la vuelta. En cuanto tengan la oportunidad, le recomendamos que no se la pierdan, porque los flashes son necesarios, ya que estamos vivos, pero lo importante es buscar los buenos momentos, y que mejor que un viernes para comenzar el fin de semana, riéndonos de los flashes, de los demás.


Ficha

  • Elenco: Caro Babich – Patricio Abadi
  • Diseño de luces: Ricardo Sica
  • Escenografía: Laura Poletti
  • Vestuario: Laura Poletti – Nazareth Dib
  • Colaboración artística: Jazmín Titiunik – Leticia Torres
  • Diseño y realización audiovisual: Demián Ledesma Becerra
  • Actuación en video: Manuel Liss
  • Foto y diseño gráfico: Pablo Scavino.
  • Make up y peinado en fotos: Bárbara Majnemer
  • Redes sociales: Agustina Manuele
  • Comunicación + Media: Duche&Zárate
  • Asistente de dirección: Agustina Dalmasso
  • Dramaturgia y dirección: Patricio Abadi
  • Estreno: Viernes 3 de enero a las 20.30
  • Funciones: Viernes a las 20.30
  • Teatro: El Camarín de las Musas – Mario Bravo 960 – CABA

Reseña Diana Decunto – inboxmatutino@gmail.com

Crítica: El Acoso

Por Juan Ignacio Aguilar
Cine, un espejo de la realidad.
Cada etapa en la historia del séptimo arte está impregnada en menor o mayor escala por los acontecimientos culturales de la época. Películas bélicas, sobre crisis financieras, sobre exilios y sobre prejuicios sociales.


Las conversaciones que mantienen una fuerte impronta política siguen vigentes hoy en día, pero a diferencia de anteriores circunstancias, no parece que éstas pasen al olvido. La lucha por los derechos de la mujer, al igual que otras, sólo cobra más tracción año a año. Los entornos laborales lentamente se están volviendo más seguros, y a pesar de que la violencia sigue muy presente, hay un cambio significativo.
El cine, una vez más, acompaña este cambio.

Orna, una mujer israelí madre de tres, casada, y de pocos recursos financieros, empieza un nuevo trabajo en venta de bienes raíces con Benny, un pez gordo de amplios recursos. Sutiles comentarios y miradas inoportunas auguran lo peor, y Orna queda atrapada en una situación terrible entre sus responsabilidades y su dignidad.
El guión de la directora Michal Aviad, Michal Vinik y Sharon Azulay no es uno que sea ajeno a la historia de miles o incluso millones de mujeres en la actualidad. No es tanto un esfuerzo por una historia por completo original con giros imprevistos, sino una intención de dar una voz más particular y más íntima sobre lo que el acoso implica, y el enorme despliegue de sus consecuencias. El sufrimiento de Orna no es únicamente suyo, eso es claro, pero no por ello es menor.

Ella no pasa por alto las frases de coqueteo, ni tampoco los juegos perversos, pero el miedo a la pobreza y a la arraigada culpabilidad que también recae sobre la víctima la llevan a callar todo lo sucedido.
Es un guión sobrio, que deja suficiente espacio para que las interpretaciones y los silencios hablen por sí sólos. E incluso también para que las excusas de los monstruos se vean como son: insulsas, estúpidas y aterradoras. No hay justificativo posible, y no hay ninguna otra conclusión a la que el espectador pueda llegar, visto desde donde sea. Si bien el climax de la narración deja cierto sentimiento de vacío, no es uno que busque romantizar la idea de justicia. A veces, la realidad es lo que es y no hay más que hacer. Y el guión tampoco le escapa a ello.

Los mayores aplausos se los lleva Ben Slush como Orna Liron. Inteligente y muy capaz, aún en momentos donde el miedo debería consumirla, Slush sigue aportando la cuota de fiereza con precisión suficiente para transmitir el área tan gris en que se ve atrapada. Frágil pero fuerte, su Orna es la protagonista absoluta del film, y el crecimiento del personaje en pantalla es digno de admiración.
Es notable también el trabajo de Oshri Cohen como Ofer, el marido limitado pero de buenas intenciones, y la figura discretamente amenazante de Menashe Noy como Benny, el infame jefe.

No hay grandes maravillas en apartados técnicos como el sonido teniendo en cuenta que se trata de un film independiente que debe acotar su creatividad, pero la dirección de arte y la fotografía minimalista de Daniel Miller hacen que el relato no pierda su tan necesaria ident5ificación con su público. El silencio es un gran aliado, y si bien hay momentos en que la cadencia rítmica puede resultar algo pesada, los planos determinados por su gran directora dan el descanso propio para que el espectador cargue también con ese peso que Orna lleva a los hombros.

Pequeña y poderosa. «El Acoso» es un paso más en la dirección correcta, hacia mayor igualdad y más transparencia en las despreciables acciones de alguien con poder, y alguien suficientemente valiente como para poner un freno.

Calificación 9/10

Análisis: Tamashii para Nintendo Switch

Los últimos días de diciembre resultan una fecha donde realmente no abundan los lanzamientos de videojuegos, no porque sea una mala fecha para realizar compras, sino más bien porque estás se encuentran dirigidas a las ofertas que existen en esta temporada. La compañía Digerati a aprovechado esta fecha de escasez de nuevos juegos para dar una serie de lanzamientos entre los que se encuentra el mencionado Tamashii, y que la realidad termina resultando un buen regalo para despedir el año. Con un aspecto un tanto sombrío y una jugabilidad plataformera, tenemos un juego que nos provoca terror de una forma bastante encantadora.

Nuestro personaje es enviado a una especie de templo, con el objetivo de explorar y acabar con los seres que residen ahí para beneficio de su creador. Pero aquí una bruja irrumpe en escena, con la intención de aferrarse al sitio y es donde esta aventura comienza. Ahora sí, si bien decimos que se trata de un juego que tiene muchos elementos para considerarlo de terror, también se puede decir que en su jugabilidad es un título de plataformas con resolución de rompecabezas. Es una mezcla que generalmente no es usual dentro del género, pero que aún así denota riqueza en lo que busca ofrecer. En el esta tarea de saltar, moverse, crear estatuas, entre otras acciones, existe cierto carácter imprevisible a la hora de jugar, ya que casi sin tutorial nos enfrentamos a las constantes amenazas que nos rodea, y dónde morir, puede resultar lo más fácil en el juego. El aprendizaje es a prueba y error, y también se trata de un juego relativamente corto que otorga una buena satisfacción ante la derrota de los jefes y su resolución final.

Si hay algo que resulta encantador en el juego, es todo su apartado artístico, ya que mantiene una estética pixel con toques góticos. En cuanto a los colores, predominan el blanco y el negro, pero también esto permite que en momentos puedan resaltarse colores como el rojo, que se sienten vivos en una ambientación un tanto tenebrosa. Lo mismo sucede con la banda sonora, que acompaña con su aspecto tenebroso a la jugabilidad y resulta un placer seguir el camino aunque mueras en repetidas ocasiones.

Digerati se ha puesto manos a la obra y nos ha dado un título destacado en para los últimos días del año, se trata de un juego con una ambientación al género de terror pero que se juega como un título de plataformas y rompecabezas. Es una buena combinación, que a veces se ve afectada por su dificultad , pero que aún así la experiencia resulta satisfactoria.

Calificación 8/10