Crítica: Nomadland

Por Candela Otero

Una película al estilo “road movie”, que cuenta la historia de una mujer de sesenta años que, luego de perder a su marido y ante la falta de oportunidades que plantea la sociedad estadounidense, se encuentra en una delicada situación económica.

Un poco por obligación y un poco por voluntad propia, el personaje de Fern, encarnado por Frances McDormand, se convierte en una “houseless” (en español significa “sin casa”, como ella misma se define). Actualmente vive en una casa rodante, e ingresa en una comunidad “nómade”, en la cual conoce personas de su edad que viven sobre las cuatro ruedas: todos víctimas de la falta de oportunidades, las bajas pensiones y el alto costo de vida del país; y con ganas de rendir homenaje a la libertad y al goce de la vida.

Este viaje por la carretera que emprende la protagonista, implica, como en toda buena road movie, cierta búsqueda humana (consciente o no) de los personajes, y una transformación que muchas veces deja en evidencia los cambios que han experimentado hacia el final de la historia con respecto a quiénes eran al comienzo: característica que podemos observar tanto en la protagonista, como en los personajes secundarios.

Focalizando en el plano actoral, Frances McDormand realiza un trabajo para destacar y logra conmover con su lenguaje gestual, cuyo papel parece haber sido escrito especialmente para ella. Otra particularidad del film es que, entre los papeles secundarios, encontramos personas que no son actores, sino que se interpretan a sí mismos como miembros de la comunidad nómade (tal es el caso del “líder”, o mejor dicho el “impulsor” de la comunidad, llamado Bob). Estas incorporaciones parecen muy acertadas, ya que aportan frescura, vida y emoción al relato.

Nomadland es una película que, en cuanto a la puesta en escena, apela a escenarios e iluminación naturales: la mayor parte de las escenas se lleva a cabo en los paisajes montañosos y rocosos que rodean a la carretera. La fotografía se destaca, sacando provecho de los momentos lumínicos “mágicos” que proporcionan el amanecer y el atardecer. A su vez, la música instrumental en “off” tiene una importancia vital y trabaja muy bien en conjunto con lo visual: en numerosas ocasiones se apela a piezas sonoras que aportan muchísima emotividad a las imágenes.

En el plano narrativo, la historia parece estancarse y por momentos se vuelve repetitiva, está claro que es una película más cerca de las emociones que de las acciones.


Calificación: 6/10

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