Análisis: Postal 4: No Regerts para PC

Por Alejandro Corell

Hace un par de décadas, el medio era muy distinto al que conocemos hoy. Las salas de arcade estaban disfrutando de sus últimos tiempos de esplendor frente a la cada vez más habitual tendencia a disfrutar de consolas personales en el propio hogar. Siendo pues habitual que los padres vigilaran a que jugaban sus hijos dentro de casa, se destaca una sensibilidad generalizada de la población adulta a la violencia explícita de la que muchos juegos se servían. En 1993 Doom ofreció múltiples y sangrientas razones por las que luchar por las que luchar por la prohibición de los videojuegos era una guerra donde merecía la pena participar para un gran sector de la población.



Es por ello que la llegada en 1997 de la primera entrega de Postal es tan reseñable. De mano del equipo estadounidense de Running with Scisors debutaba en PC un título cuya principal características eran sus altísimas dosis de violencia injustificada. Sin mucha premisa, las primeras andanzas del Postal Dude no eran más que una serie de mapas donde usar nuestro arsenal para matar a todo aquello que se nos ponga por delante sin plantearnos mucho si merece o no recibir plomo.

Pero este título no fue el responsable del renombre que se ha formado la saga, sino que todo se debe principalmente a su secuela. Postal 2 llegaba en 2003, ofreciendo nuevas y mucho más altas dosis frenetismo en forma de un shooter en 3D. Si bien, todo aquello en lo que el título mejoraba respecto al primero también iba acompañado de aproximadamente el doble de chapuzas. Postal 2 era y es un juego roto, con un sistema de control tosco, una narrativa simple y poco lógica y una inteligencia artificial inferior a la de una aspiradora. Pero estas características no fueron vistas como errores sino como features. La gracia principal del título es que todo está mal, lo que permitía que el jugador viviese toda una serie de situaciones absurdas que podían considerarse desternillantes para la época. No hace muchos años que otro título, Goat Simulator lograba en cierta medida el mismo hito, el de vender un juego por estar roto.



Pero los tiempos cambian, y el público no se conforma siempre con lo mismo. 8 años después llegaba a Steam Postal 3, con una primera señal de alerta en el hecho de que el equipo de desarrollo no contenía en su mayoría a los miembros originales. Postal 3 estaba roto, pero no de la forma que lo estaba su predecesor. Tal fue el batacazo que más de una década después, la cuarta entrega de la saga reemplaza los sucesos de la anterior. De esta forma, Postal 4: No regerts, comienza tras los acontecimientos de la segunda entrega y sus DLC.

Para esta cuarta entrega, Running with Scisors vuelve a la esencia original de la saga con el sucesor espiritual de Postal 2. Postal Dude y su fiel compañero canino han perdido lo poco que tenían y vagan por el desierto de Arizona buscando una forma de subsistir. Edensin, una pequeña ciudad, será suficiente para ello. De esta forma empieza nuestro periplo y nuestra puesta en contacto con el título, donde aparece el primer gran problema.





Uno de los puntos fuertes de Postal 2 era su rigidez y tosquedad. Pero los años han pasado y nos hemos acostumbrado a sistemas de juego más intuitivos que faciliten la experiencia. Aprender cómo controlar todas las funciones del título es un quebradero de cabeza, con acciones y atajos de teclado que no terminan de ser intuitivos. Lo que si es intuitivo y fácil es pegar patadas, y es una tarea casi suficiente para completar toda la aventura.

Otro factor fundamental era la cutrez de la que el título se servía. El estilo “crappy” era un fuerte atractivo a principios de siglo, pero a día de hoy nos hemos acostumbrado a niveles técnicos superiores, incluso en cuanto a la falta de este se refiere. No considero que se haya terminado de hacer bien el hacer el juego mal, obteniéndose un resultado agridulce que se coloca a medio camino entre la segunda y tercera. Situaciones como la falta de físicas en la mayoría de los objetos del entorno, los cuales quedan reducidos a inmuebles, sacan de la experiencia de juego rápidamente. Algo tan simple como que una botella se rompa al dispararle no ha tenido cabida en la hoja de ruta del equipo y, la inteligencia artificial es realmente mala, pero no de una forma divertida. Los personajes se enganchan en todas las esquinas, se bloquean, pierden el rumbo más rápido que una brújula frente a un imán de neodimio.

Pero una vez abracemos el caos, y asumamos que todos estos factores nos van a acompañar el resto del viaje, podremos disfrutar del resto. Y es que la experiencia final tras jugar Postal 4 no es tan diferente a la que en su día sentí con la segunda entrega. Si bien lo he disfrutado menos, tal como hemos comentado, sí que he soltado alguna que otra carcajada al resolver conflictos a base de orines, o liándome a palazos con todo lo que se menee. El Postal Dude sigue siendo igual de alocado, y no sólo contaremos con el doblaje original, sino que podremos elegir entre una serie de voces icónicas. El rendimiento en otro orden de cosas, es nefasto. Es increíble lo mal que funciona el juego incluso en un ordenador de gama media/alta. Los bajones de FPS, los parpadeos o crasheos son algo de lo que no nos vamos a librar.




En conclusión, Postal 4: No Regerts intenta emular la experiencia vista en la segunda entrega, sin llegar a conseguirlo del todo, pero siendo infinitamente mejor que la tercera. Todo aquel que entre al ruedo con la mente abierta, conociendo la saga y teniendo una idea de lo que se va a encontrar podrá disfrutar de esta aventura. No recomiendo la entrada a nadie que no conozca de antemano y haya disfrutado previamente de la saga. Este es uno de los casos donde el factor nostalgia es fundamental para asegurar el disfrute. Pero bueno, si no me queréis hacer caso, no es mi problema. Yo no me arrepiento de nada.

Calificación: 7/10.

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