Reseña: Rosarito y Aurelio

Carcajadas e historias en lo que fue Caminito

Caminito no era la explosión de colores y selfies que es hoy. Era un lugar hostil, sin servicios públicos, donde cada mes miles de inmigrantes provenientes de Europa y Medio Oriente desembarcaron en busca de un futuro mejor. Entre el choque de culturas, las diferencias lingüísticas y las pasiones del barrio nacieron el tango, el cocoliche, el mito del más guapo y la figura del malevo.

¿Y si tomáramos una máquina del tiempo rumbo a la La Boca de comienzos del siglo XX?

«En el corazón de La Boca de principios del siglo XX, Rosarito y Aurelio se sitúa en los años en que se construye el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda. A través del lenguaje del sainete porteño, con humor, música y elementos grotescos, la obra transcurre en un café de camareras donde se entrelazan historias de amor, deseo, trabajo y desigualdad». Así se presenta Rosarito y Aurelio, la nueva comedia de Maggi Persíncola.

Con un elenco integrado por actores de distintas generaciones. Carmen Alzogaray, Roberto Bascoy, Fernando Broussalis, Catalina Díaz, Bea Echarri, Yiyo Giménez, Sandra Nogueras, Emma Piaggio y Nacho Soto; los intérpretes transmiten una energía unísona, desbordante y encantadora. Inspirada en el burlesque, el clown y el teatro musical, la obra presenta a sus personajes de la mano de un animador que, entre interacciones cargadas de humor físico y exageraciones, da paso a tangos, milongas y, por qué no, a un cabaret.

La escenografía apuesta por una artesanía simple pero efectiva. El uso de maquetas para representar la construcción del Puente Transbordador resulta tan ingenioso como funcional. Al frente se alza un telón, una barra recrea el ambiente de una antigua taberna y, en un rincón, una entrañable banda de cartón acompaña la acción desde un piano.

Maggi Persíncola escribe con absoluta libertad una obra que recupera el humor políticamente incorrecto y el lenguaje de otra época, cuando el cocoliche era moneda corriente en el sur de Buenos Aires y las normas sociales eran muy distintas de las actuales. Rosarito y Aureliocumple con creces lo que promete: hacer reír al público y, de paso, invitarlo a bailar. Es una propuesta que conecta con el pasado porteño y, al mismo tiempo, con la necesidad contemporánea de encontrar un respiro frente al drama cotidiano.

Rosarito y Aurelio está disponible los sábados de agosto a las 21:30 en Machado Teatro.

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

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