Crítica: Al desierto

Julia trabaja de noche como moza en un casino de Comodoro Rivadavia.
Lo que gana apenas le alcanza para pagar el alquiler. Gwynfor, uno de los tantos jugadores del lugar, escucha una conversación de la muchacha con una compañera, y le ofrece la posibilidad de trabajo diurno en la
empresa petrolera de la cual es empleado. Le dice que él la presentaría. Como es un lugar apartado (una boca de pozo), se ofrece a llevarla. Julia duda, pero la
necesidad tiene cara de hereje (tía Rosa dixit), pues termina aceptando.

Al día siguiente, a bordo de una vieja camioneta, juntos se internan en parajes desolados. Gwynfor sale de la ruta, Julia se inquieta, lo increpa, forcejean, se ponen la camioneta de sombrero. Aquí da comienzo un lento y penoso peregrinar, con impronta de secuestro, con reminiscencias borgeanas (“Historia del guerrero y la cautiva”). La lucha para sobrevivir es una fuga hacia adelante, la dureza y aridez de la estepa patagónica, los une de modo bizarro con el solo objeto de sobrevivir. El viento desmesurado, el sol abrasador, el polvo que todo lo
invade, la sed, el hambre, el frío, terminan por amalgamarlos de manera extraña, casi animal.

Hay algo de “síndrome de Estocolmo” en la manifestación de los
personajes, en su evolución vital, ya que ambos por distintos motivos,
desconocen a dónde se dirigen. Siempre avanzando en el desierto, se topan con una niña y su baquiano padre viviendo en su simple rancho la extrema vida del desierto, que los ayudan con comida y agua. Gwynfor les deja dinero a escondidas como agradecimiento, ya que el paisano no lo acepta cuando se lo ofrece. También, hábil con sus manos, ayuda a reparar el molino que no funciona. Luego, siguen su derrotero.

Un viejo policía, astuto, con su jóven ayudante, más un baqueano los siguen, los persiguen por la estepa. Este trío, con algo de ingenuos y otro tanto de astutos, son el contrapunto adecuado al clima dramático que propone la película. Hasta que, el viejo policía en un recorrido solitario, encuentra a la joven raptada,
cuando juntaba leña para darse calor, a ella y a su compañero raptor.

Con tópicos del western clásico (desangelamiento del espacio vital y de los personajes, persecusión sin desmayos, dureza en la manifestación de losarquetipos, unido a gestos de nobleza) y de road-movie (el viaje es
exterior/interior de los protagonistas), la película de Ulises Rosell explora el
vínculo de Julia y Gwynfor en una situación límite de extraña factura.
El detalle final, con Julia mirando a su secuestrador desde el patrullero ante las preguntas del viejo policía, que no responde porque no puede responder (aún desconoce las respuestas), es de potencia expresiva.

Muy buenas las actuaciones de los protagonistas: Valentina Bassi y Jorge Sesán. Y de José María Marcos como el astuto policía que los busca sin desmayo. Y de Germán De Silva en un pintoresco baqueano.Interesante film, muy bien realizado técnicamente, de sugerente narrativa.

Calificación: 7/10

Dirección: Ulises Rosell
Guión: Ulises Rosell y Sergio Bizzio
Fotografía: Julián Apezteguía
Elenco: Valentina Bassi, Jorge Sesán, José M. Marcos, Germán De Silva

A, R. Belano

Anuncios

Deja un comentario