Crítica: Bacurau

Por María Lassalle

Al pueblo brasileño de Bacurau le cortan la llegada del agua, no para de recibir ataúdes y deja de aparecer en el mapa. Situaciones extrañas y peligrosas obligarán a la unión de sus pocos habitantes para subsistir, todo depende de si quieren vivir o morir…

El film Bacurau (2019) dirigido por Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles este año obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes. Trata un tema que es no sólo políticamente fuerte en la actualidad sino también en el cine latinoamericano desde hace unos cuantos años: la manipulación del pueblo latinoamericano por manos estadounidenses. Aunque su distintivo en esta ficción son los rasgos fantásticos y, podría decirse, de cacería gamer.

El primer plano de la película nos ubica en el territorio brasileño y un cartel da las coordenadas temporales “dentro de unos años”. Así, ubicada en un futuro próximo, la historia comienza en un pueblo azotado por la muerte de una importante integrante. Sumado a esto, el corte de la llegada de agua al pueblo, el alcalde que no ayuda en nada y los problemas de abastecimiento, tienen a todos muy preocupados.

Llega Teresa (Bárbara Colen), nieta de la fallecida Carmelita e hija del maestro Plinio (Wilson Rabelo), y trae remedios al pueblo. La médica Dominga (Sonia Braga, famosa por protagonizar en 1985 El beso de la mujer araña) es quien explica a todos que los remedios recibidos por el alcalde no sirven para los tipos de problemas que pueden tener ahí y además que los alimentos recibidos están todos vencidos. Pacote (Thomas Aquino) es quien va a buscar a Lunga (Silvero Pereira) quien, anteriormente perseguido, se pondrá al frente de la resistencia popular del pueblo de Bacurau.

Paralelamente, un grupo de estadounidenses y su líder alemán Michael (Udo Kier) instalados en una casa cercana, muestran altos índices de fanatismo por las armas y un desequilibrio mental que se irá dando a conocer gradualmente. Y es que su plan es jugar (por puntos) a una cacería real, es decir, una cacería humana, pues se creen “blancos” y “mejores” (¿a qué nos hace acordar esto?) y el tablero de juego es el pueblo de Bacurau y su gente. La complicidad viene del sistema polìtico, ni más ni menos, que del propio alcalde del pueblo al que no le importa en lo más mínimo su gente. Éste facilita el alborotamiento dejando sin agua al lugar y dando riendo suelta a los cazadores para que desarrollen su táctica de juego. El miedo y el desconcierto se van instalando.

La estética del film mezcla fantásticamente a un pueblo perdido en el tiempo y el espacio con la tecnología de un dron-ovni que los vigila, la tablet del maestro para dar clases (y en la que comprueba que Bacurau ya no figura en el mapa), motociclistas con sus motos y trajes especiales, y la utilización por todos de teléfonos celulares. De hecho, la anulación de la señal telefónica en el pueblo es de los últimos recursos antes de que los gamers comiencen con la cacería.

En definitiva,es la unión popular, eso sí bajo efectos de una droga psicotrópica, quien se enfrenta a estos cazadores en una cruel batalla de escopetazos y balaceras. Incluso colabora la aparición del espíritu de la recientemente difunta Carmelita. La redención llega a Bacurau tras el exilio de la figura política al mando, el alcalde.

La historia se sitúa al oeste del estado de Pernambuco pero el pueblo Bacurau no existe en verdad, entonces podríamos hacer una lectura de ese lugar como cualquier lugar brasileño o latinoamericano, y exceptuando los detalles fantasiosos y en extremo crueles y salvajes, cualquier parecido a nuestra realidad política cercana es pura coincidencia…

Calificación: 8.5/10

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