Crítica: Zama, de Lucrecia Martel

Hace poco la directora que nos trajo esta película declaró que no hay que filmar tanto, que no tiene tanto para decir. Creo que fue una de las mejores cosas que escuche decir con respecto al cine, y algo que muchos realizadores deberían aprender ¿No es preferible tardar 10 años en filmar una gran película antes que estrenar anualmente clichés de 24 fotogramas por segundo que no dicen absolutamente nada?

Don Diego de Zama es un hombre al que todo se le escapa de las manos (luego se podrá entrever que sus manos no eran necesarias). Un héroe casi idiota como el quijote. Ya el primer plano de esta película nos entrega una breve lectura de cuál es su situación. Un hombre que se encuentra en stand by, en un entorno político poco acogedor, donde no tiene mucho para hacer, y anhelando una autorización que le permita volver con su familia, que cada vez se dilata mas.

Preocuparse por la historia en este caso, es un falso problema. Como los impresionistas, la directora nos transmite el sentir con respecto a una historia. ¿Cómo es posible que una película nos haga oler?

El universo en el que nos introduce Martel es bellísimo. Cada plano es visualmente adictivo, generando la necesidad de recorrerlos constantemente de un lado para el otro, mientras que los colores de la película son propios de Gauguin. También se debe mencionar el gran diseño sonoro, propio de todas las películas de Martel, tanto el sonido diegetico como no diegetico parece conjugar de la misma manera con el ambiente latinoamericano del siglo 18 y con la situación del protagonista.

El hispano-mexicano Daniel Gimenez Cacho se destaca en el papel de Zama, y el resto de los actores tampoco se queda atrás. La tardía aparición del personaje de Matheus Nachtergaele aporta una cuota de locura y cambia el sentido del relato.

Sin dudas, todos los problemas que esta película trajo, tanto en el rodaje como en post producción, valen la pena al ver el enorme resultado final. Zama sigue consolidando a Lucrecia Martel como una de las directoras más interesantes de este siglo. Es imposible mantenerse indistinto ante sus personajes oníricos, ante la pulsión sexual siempre latente en mundos nefastos. No sabemos por ahora con que otro proyecto nos va a sorprender la directora, ni cuando lo hara, pero de seguro que los cinéfilos la seguiremos esperando con ansias.

David Ainstein

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