Crítica: La rueda de la maravilla

Coney Island. Años 50. Mickey, joven guardavidas, apasionado por la literatura y aspirante a dramaturgo, nos cuenta una historia: una de amor. Con encuentros y desencuentros, con alegría y un tanto de dolor, con pasión, con ternura, con el corazón ansioso y el destino incierto, en suma, ¿Cómo debe ser contada una buena historia de amor, no? Nos habla de Ginny, una mujer madura, ex actriz y actual camarera, con la que tiene un amorío. Ginny es unos años mayor que Mickey, y está casada con Humpty que es el encargado del carrusel del parque de diversiones, donde viven con su hijo (de un matrimonio anterior de Ginny) de unos 9 años. Viven en un hogar con limitaciones materiales, arriba del puesto de tiro al blanco y frente a la vuelta al mundo, con cierta estabilidad salvo el detalle de tener un amante bastante más jóven, el otro detalle de que el pequeño hijo es un piromaníaco consumado e imprevisible, un otro detalle: Humpty, el calesitero, es un borrachín controlado a duras penas por ella y …. un detalle más: al humilde hogar se les presenta Carolina, la jóven y bella hija de Humpty, que hace varios años no trata porque se fué con un mafioso italiano. ¿Mas? Si. Carolina huye de suamante mafioso, cansada de sus trapacerías y porque, en un arrebato, testificó en su contra. Ahora busca esconderse y el único lugar que le queda en el mundo, es con su padre. Recriminaciones, dudas, temores, pero bueno, Humpty cumple su rol de padre y la recibe. Hallan un punto de equilibrio: Carolina trabaja de mesera con Ginny y Humpty disfruta recuperar a su hija pródiga (de problemas), hace planes para que estudie y “no termine siendo una simple mesera”.Esto dicho con sutileza de rinoceronte, en presencia de Ginny. En tanto, Ginny se obsesiona cada vez más con Mickey, encuentra en su joven amante un oasis en la opacidad de su existencia, se ilusiona y se siente viva. Un encuentro fortuito, un cruce de miradas, bastan para que Mickey se sienta interesado por Carolina y lo que empieza con una galantería (le presta un libro), deriva en mutua atracción. Ginny escucha con el corazón estrujado las palabras de Carolina cuando le habla del muchacho y adivina la dinámica de lo que vendrá. Tratará de disuadir a ambos, de evitar lo inexorable, de tapar el sol con las manos. Los celos, la frustración de sentirse apartada, la conciencia de que una vida monótona, sin brillo, la está esperando….y lo que todas las acciones no pueden contener, una solo omisión, un aviso, una llamada inconclusa, cambia el curso de acción, decide la suerte de Carolina y la de Ginny, la de todos, y todo ese mundillo de maravillosas ruedas que giran, carruseles, vueltas al mundo, giran ajenas a Ginny, cuya vuelta de su vida, alejada de toda maravilla, ella observa como se detiene. Y hay que bajarse. Las actuaciones, como en todas las películas de Allen, una especialidad de la casa, encantadoras. Kate Winslet realiza un trabajo soberbio y lleno de matices. Su personaje con sus frustraciones, sus pequeñas alegrías, es una delicia de apreciar. Su pasado idílico de actriz en contrapunto a la conciencia de haber destruido el amor de su vida, hacen que el trabajo de Winslet adquiera una densidad especial. Justin Timberlake exacto en su Mickey seductor e ingenuo. James Belushi compone a ese calesitero de pocas aspiraciones, un simplón, tierno padre y contenedor esposo, muy buen trabajo. Juno Temple como la bonita hija, un tanto naif y pagando el alto precio que le impone su atractivo femenino, rol bien construido. Todos los personajes secundarios, en su armoniosa y justa medida. El tratamiento manierista de la imagen, responsabilidad del italiano VittorioStoraro, ilumina el peculiar momento en la vida de estas frágiles criaturas, sublimes perdedores. Sin llegar a las alturas de sus clásicos, como “Manhattan” ó “Annie Hall”, a Allen le basta el oficio para realizar films muy superiores a la de la mayoría de los actuales directores. Guión y Dirección: Woody Allen Fotografía: Vittorio Storaro Elenco: Kate Winslet, Justin Timberlake, Juno Temple, James Belushi Origen. EE.UU. A. R. Belano

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