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El Domingo pasado asistí al reestreno de la décima temporada de “Así de simple”, obra que expone los conflictos que atraviesa una pareja a la hora de llevar una relación adelante. Clara y Joaquín son los protagonistas, pero a su vez, son todas las voces que los habitan, personificadas por 2 actrices y 2 actores respectivamente, que se expresan en voz alta.
Buen manejo corporal de los actores, sincronicidad grupal de movimientos bien lograda.La buena conexión grupal logró transmitir todas las expresiones y diálogos con claridad y de forma grupalmente constructiva. Me resultó atractiva y bien lograda la idea de personificar los pensamientos de los protagonistas, y en ningún momento llegar a confundir los roles. Las diferencias en los timbres de voz de los personajes jugaban a favor. Las miradas al público, me hubiese gustado que sean más receptivas a lo que el mismo atraviesa, sin buscar imponer.
Me pareció original el momento del baile de los personajes masculinos. El lapsus de pensamiento en el cual la mente llega a imaginarios creativos abstraídos de la realidad externa. Sentí que los pensamientos danzaban. Las coreografías fueron bien logradas, y la sincronicidad de los movimientos también. Esperaba que los personajes femeninos también danzen de la misma forma en algún momento, para lograr equidad.
Me gusto que los mismos actores sean los encargados de mover la escenografía en los cambios de escena, con total naturalidad, sin acudir a un apagón o a personal técnico. Me gusto que la duración sea de 1 hora y media, pudiendo decantar todos los estados emocionales que me genero. Sin embargo, percibí que la obra no llega a atravesar los extremos que roza. Observe momentos de cuerpos en tensión, sin desplegar toda su energía contenida. Además, percibí algunos juicios en el texto, con respecto a la sexualidad, el lugar de la mujer en la misma, y el “deber ser” vocacional.
La obra me resultó armónica, luminosa, visualmente atractiva y musical. Trata de reflejar una realidad amorosa, que yo sentí que estaba un poco idealizada hegemónicamente estructurada. A pesar de las risas del público, a mi me hizo llorar por momentos. Llegó a tocar lugares sensibles de mi historia personal. No considero que sea comedia, sino un drama de la actualidad amorosa.
Claudia Piñeiro ha tenido un amplio recorrido no solo en la literatura porteña, sino lo que corresponde a la creación de guiones para teatro o TV; esto la posiciona como una de las mejores escritoras de la actualidad.
Las mujeres son íntimas entre ellas y la creencia popular ha hecho del baño, el lugar donde los secretos y también algún reproche salgan y alteren el retoque del maquillaje.
¿Qué más puede pasar en un baño? Capaz el anhelo de ir a Verona.
«En la fiesta de cumpleaños de su madre, tres hermanas sacan a relucir sus vidas en el baño de la casa familiar, mientras afuera otra realidad esta sucediendo a pesar de ellas. Una inesperada noticia de su Hermano las modificara por completo» Esta es la sinopsis de la obra de Claudia Piñeiro la cual dirige Victoria Marroquin.
Natalia Dobisky, Lulai Paulini, Zoe Baez y Andres Pabon son los actores de esta tragicomedia bien argentina. Las actrices aparecen desde el segundo uno frente a un espejo que no es más que el público mismo, sus personajes están caracterizados de manera eficiente por lo que se puede diferenciar las personalidades de cada uno y sus intenciones.
Valeria Camino juega con el grotesco rioplatense pero también muestra las dinámicas familiares, especialmente el cuidado de mayores y la enorme responsabilidad que cae sobre los hijos. La violencia doméstica, el machismo femenino y el egoísmo son otras de las bases de maquillaje que maneja Verona.
La escenografía del grupo Creación Colectiva es tan precisa que parece que hubieran extraído un baño rosa y colocado dentro del teatro. Desde los cerámicos, la bañera, el lavamanos e inodoro, todo realista.
A pesar de su corta duración la obra es mordaz, es una comedia cuyo destino es llegar al drama, refleja las miserias humanas, la desconexión que existe en la familia, la busqueda de los intereses propios y los anhelos.
Verona está en los baños mientras las hermanas se maquillan.
Disponible los viernes a las 20:30 en el Método Kairós.
El.pasado viernes asistimos al Centro cultural San Martin para disfrutar de la obra Volcan de Brujas, que nos lleva a una isla aparentemente «inhóspita» en el que una ex lugareña llega para para realizar una nota pero que se encuentra con el pasado del que huyó, con dramas y supersticiones que atraviesan a esta pequeña población.
La obra cuenta la historia de Lía, que vuelve a la isla que la vió nacer con el aparente objetivo de realizar una nota turística. Entre las preguntas históricas y de color, empiezan a asomar destellos de su pasado. En sus notas, Lía desanda los pasos de las «Brujas del volcán», una cofradía de mujeres reveladas contra el opresivo y patriarcal sistema isleño del cual su madre formó parte. En palabras de su autor: “Volcán de brujas es una obra sobre el campo minado de la memoria, el enfrentar al pasado y reconciliarse con los vacíos y silencios.”
La puesta en escena comienza con la presentación de un hombre que presenta rasgos perrunos, en el que no llegamos a comprender al principio, pero que luego cobra sentido al desarrollarse la historia. La aparición de Lia (Laura Cymer), despiertan las historias que se hablaban sobre los habitantes de la isla, en un principio, sobre un niño que tenía una apariencia animal, que era acosado por los demás niños y la población, pero que luego ha desaparecido. También nos comentan sobre el pasado de la isla, que parecía un lugar soñado, con un potencial turístico enorme pero que el cambio de la marea, ha sido una maldición, convirtiéndolo en un sitio inhóspito aquel lugar de ensueño. El personaje del intendente sirve para denotar cierta crítica política en aquellos pueblos pequeños y que llegan a tener control sobre la actividad de cada uno de sus habitantes. El monte, aquel espacio donde se rumoreaba la presencia actos de brujería, es el sitio de la revelación, el espacio donde en realidad se hacía lo que la isla oprimía, pero era la libertad lo que daba tanto miedo en ese lugar.
El trabajo de dirección es impecable, dando un relato que en momentos usa la locución para ponernos en sitio, en el que si bien esta isla es ficticia, nos las deja como si fuese un sitio accesible para nosotros, a pesar de su estado casi inhabitable.
Volcan de Brujas es una obra más que interesante que trae una historia sobre la maldición de una isla, pero que esta se debe al comportamiento de sus habitantes más allá de las condiciones meteorológicas de la región. Es una puesta que por momentos juega con la fantasía, llevando a escena supersticiones pero que en realidad es todo tan terrenal, y que a pesar de estar en una pequeña isla, el Volcán en cualquier momento puede hacer erupción.
“Volcán de Brujas” de Víctor Malagrino, dirigida por Ezequiel Tronconi en El Cultural San Martin. Con un elenco conformado por Laura Cymer, Paula Carruega, Gabo Correa, Lucas Crespi y Juan Risso, la obra se presenta hasta el 19 de mayo los días jueves y viernes a las 21 hs. en la Sala 3 (Sarmiento 1551).
Este martes 2 de mayo en el CC 25 de Mayo se estrenó “Bosque adentro”,obra escrita por Carla Moure y dirigida por Corina Fiorillo.
“Bosque adentro” es una historia de ruta, el viaje de una madre y su hija adolescente hacia Bariloche donde vive el abuelo enfermo. Las figuras masculinas, el pasado, la adolescencia hipermediatizada, la diferencia generacional, el amor familiar cargado, también, de rencor y silencio. Todo irá llenando este recorrido hacia el sur. Inés Estévez y Ornela D´Elia interpretan a esta madre y a esta hija que tan bien y tan mal (por momentos) se llevan. Registro cuasi- cinematográfico, réplicas rápidas y monólogos enunciados al público. A ambas las atraviesa la admiración por la otra, el abandono, el amor y el malestar.
La escenografía (Nicolás Pol) está compuesta por un auto al que las actrices suben y bajan según el momento del viaje. Dos pantallas (Moreno Pereyra) acompañan el relato con imágenes y videos que dan un sentido poético a los relatos que van emergiendo. El diseño lumínico (Ricardo Sica) construye atmósfera y es clave para la construcción de los pasajes oníricos o de viaje al pasado. La música y efectos sonoros (Tomás Pol) son ejecutados en escena y en diálogo con el tiempo que proponen las actrices.
“Bosque adentro” es un viaje al sur, pero también un viaje hacia el interior de un vínculo lleno de contradicciones y certezas y dudas y amor y reproche, como el de esta madre y esta hija a las que la modernidad y los problemas de la actualidad atraviesan. “Bosque adentro”– CC 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444)– Martes 20hs.
“Un Domingo”, la co- producción entre Proyecto Migra y El Galpón de Guevara, dirigida por el reconocido Florent Bergal, vuelve en su sexta temporada a ocupar el escenario de Guevara 326.
Es domingo, la familia se reúne en torno a una larga mesa. La llegada del prometido de la hija exaspera y abre el grifo para el desborde. Las tensiones afloran, el amor y el odio chocan, las imposiciones sociales y el buen proceder tiemblan. Todo explota. La llegada del invitado desenmascara eso que se esconde entre tapados y dedos meñiques levantados.
Acrobacia, danza, teatro, clown, manipulación de objetos. “Un domingo” es una verdadera fusión de disciplinas. La técnica es consecuencia de las emociones, cada número acrobático y/o bailado es provocado por el estar ahí, presente, en contacto con los otros, con el contexto y con lo que ocurre. Un elenco virtuoso y dinámico que no sólo desborda en precisión física, sino también en expresión y habitación de la emoción. Malabares con pelotas, espadas y bastones, canto lírico, acrobacia aérea y de piso, todo está atravesado por la teatralidad. El público no puede dejar de involucrarse en las situaciones, ya sea desde la risa, la consternación, la sorpresa, la ironía y la admiración.
Un deslugar, un ambiente onírico abarrocado, recargado y ensombrecido. El dorado gastado y el rojo terciopelo cubren las paredes de ese salón con pretensiones de refinado: la oligarquía en decadencia. Quizás el brillo pasado de esa familia se encuentra ahora en las copas y utensilios de plata que no dejan de manipularse y caer y quedar esparcidos en el piso. Son los objetos quienes se han quedado con lo mejor de la existencia del amo que ahora saca lo peor de sí.
La música irrumpe y construye ambiente. La música es también el silencio, es el ruido de las copas que caen, es el filo de las espadas que chocan, la respiración de quien se enfrenta con el amor y el enemigo.
Una obra que es concierto, cuadro vivo, pintura, danza de los sentidos. “Un domingo”, tan sólo un instante, apenas un extracto, apenas un fragmento de la convivencia torcida de esta familia atípica (¿atípica?) en la que hay más resonancias con lo real de lo que parece.
FICHA TÉCNICA
Intérpretes: Juan Carlos Fernández, Sofia Galliano, Gabi Parigi, Tomás Soko, Florencia Valeri, Gabriel Tato Villanueva// Vestuario: Celina Santana// Diseño de luces: Florent Bergal// Asistencia de dirección: Leticia Vetrano// Producción: El Galpón De Guevara, Paz Cogorno// Dirección: Florent Bergal “Un Domingo”- El Galpón de Guevara (Guevara 326)- Sábado 22:30hs // Domingo 19:00 hs.
Uno de los pensamientos más potentes que me llevé de esta pieza fue: ¿realmente somos conscientes del presente en el cual convivimos? ¿Nos damos cuenta de las decisiones que tomamos? ¿O simplemente nos dejamos llevar por las ambiciones y el poder? Los vínculos que generamos, a lo largo de nuestras vidas, se ven implicados todo el tiempo por las decisiones que realizamos a diario. La familia, vocación, los amigos, el trabajo: son los pilares de nuestras vidas en donde, muchas veces, nos terminan asfixiando si no somos capaces de encontrar un cierto equilibrio para que todo no se desmorone. “Kardum” nos introduce un mundo en el cual los distintos universos de los vínculos aparecen en escena, al igual que los personajes. Se presenta todos los días sábados a las 20 hs en el Método Kairós Teatro (El Salvador 4530).
Con dramaturgia de Ignacio Bresso y dirección de Sofía González Gil, la historia que nos cuentan trata sobre un físico teórico de renombre que, durante una entrevista, presenta su último libro. En el desarrollo de la misma, Lino Kardum comienza a darse cuenta que no todo es lo que parece y que hay aspectos de su vida que desconoce por completo. Las preguntas inquietantes que realiza el entrevistador, ponen en cuestionamiento los distintos roles que fue asumiendo durante su vida. Empieza a generarse un intenso intercambio en donde el amor, la paternidad y vocación son lo único que están en juego.
Ignacio Bresso, Sandra Criolani y Mario Mahler le dan vida a los personajes de la historia, generando diferentes tonos y personalidades muy bien logradas en cada escena. El hecho de que la obra transcurriera en un mismo espacio (una habitación) potenció, de una forma equilibrada, los movimientos y acciones que cada personaje pueda desarrollar en él. El espacio nos brinda un ambientación cotidiana y familiar pero que, al mismo tiempo, puede llegarse a convertir en un mundo donde diferentes universos chocan para dejar una enseñanza transcendental en la vida de Lino.
También me parece pertinente destacar la presencia/ausencia de Clarita, la hija de Kardum. Esto es porque es un personaje que no aparece físicamente, pero dentro de los diálogos es mencionada constantemente. Su presencia se despliega a través de los juguetes de madera que se encuentran en esa misma habitación mientras Lino es entrevistado. Este ir y venir de su hija deja en claro el rol paterno que adquiere Kardum, un rol presente y ausente al mismo tiempo. La distancia que genera con sus vínculos familiares lo hacen cuestionarse sobre las consecuencias y ramificaciones de pequeñas decisiones tomadas en su día a dia.
La dirección de Sofía González Gil muestra una mirada integral de todos los artistas en escena inquietando al espectador con la incertidumbre de cómo se van presentando los acontecimientos arriba del escenario. Su forma de narrar, mediante un uso equilibrado de risa y emoción, nos deja conmovidos por los mensajes que se pueden leer a entre líneas de la historia.
Julio O´Byrne y Leonel Vallejo vuelven al Teatro Payró con su versión de “La muerte de Marguerite Duras” de Eduardo «Tato» Pavlosky.
Un hombre en la soledad de su casa observa la agonía y consecuente muerte de una mosca a quien llama Marguerite Duras. Este hecho se vuelve la llave que abre la puerta al ejercicio de la memoria. Los recuerdos de la infancia, del padre, de aquel verano, del paso del tiempo. Este hombre recibe visitas, son los fantasmas de su pasado quienes llaman a la puerta y van trazando un camino de recuerdos en donde fluye la fantasía, el temor, el odio, el amor. En el hombre, la complejidad del yo y el nosotros, la duda existencial, el miedo y, a la vez, la curiosidad por la muerte y por el qué vendrá.
El texto de Pavlosky enfrenta al ser con la finitud, la banalidad de la muerte de una mosca despierta la consciencia del propio estar. Como uno de los tantos fantasmas que se encuentran con el hombre, Marguerite Duras sobrevuela. Homenaje quizás a la escritora francesa conocida por tratar en su literatura temas como la soledad, el viaje, el infinito, la inmortalidad, lo imposible: “Mirad las arenas muertas del desierto, el cuerpo muerto de los niños: la inmortalidad no pasa por ahí, se detiene y los esquiva”.
La versión que Julio O´Byrne y Leonel Vallejo (actores, directores y productores) realizan es novedosa: aquel hombre está desdoblado, el choque de la propia existencia consigo misma se aborda desde dos cuerpos en escena: “Dos caras de una misma moneda”, dice el programa de mano. La convivencia entre el torturador y la víctima, lo terrenal y lo poético, lo suave y lo duro, el boxeador y el actor.
El ritmo que logra el dúo es dinámico. Soliloquios que se combinan con diálogos vertiginosos, momentos de risa y otros de angustia sepulcral. Es para aplaudir la versatilidad corporal y vocal de ambos a la hora de encarnar la identidad desdoblada del protagonista, así como los múltiples fantasmas que irrumpen. Química grupal, funcionamiento colectivo. ¿Qué será que “funcione”? Quizás esa magia que mantiene al público activo repensando(se), reflexionando(se), siguiendo los recuerdos de un hombre que también hablan de la memoria del país.
El espacio (Facundo Veiras) está ocupado por dos sillas, un perchero y un proyector de diapositivas. El vestuario (Facundo Veiras) es funcional a la construcción de las diferencias que separan (¿o unen?) a las partes de ese yo. Todos estos elementos sitúan al protagonista en la década del ’70. La música original (Pablo Luna) actúa como separador de escenas. Cabe mencionar también al diseño lumínico (Miguel Ángel Madrid) en el que los espacios del sueño y de la fantasía se construyen en contraposición con la realidad mundana y solitaria.
Julio O´Byrne y Leonel Vallejo han logrado un (no)monólogo que demuestra que el texto de Pavlosky sigue vigente, que los temas que en él se abordan son actualizables al infinito, que la memoria es acción necesaria y que el teatro como espacio de juego, renovación, reflexión y diálogo sigue produciendo eso: el encuentro con un otro, con el presente, con la historia y con el propio ser.
“La muerte de MArguerite Duras”– Jueves 20hs– Teatro Payró (San Martín 766)
“Pampa escarlata”, la obra ganadora de la Convocatoria Óperas Primas del CC Rojas en 2019, vuelve al teatro en su cuarta temporada.
La historia gira en torno a Mildred Barren, una damisela adinerada de la Inglaterra del siglo XIX. Ella desea ser una gran pintora y por esto toma clases con el reconocido profesor Woodcock, quien continuamente reprueba los paisajes y las naturalezas muertas que la joven caprichosa hace y rehace en su alcoba. Harto ya de tanta nada, Woodcock pone fecha límite a Mildred. De no cambiar la temática de sus pinturas, el profesor abandonará a la joven: “Observe, señorita Barren, que hay mucho para ver. Y en consecuencia, para pintar también. Quizás no tenga que mirar hacia su temido afuera, siquiera. (…) Quiero decir que quizás usted esté dotada de cierto fuego interior que jamás se haya atrevido a expresar. O, peor aún, que usted ni siquiera conozca. Es su última esperanza”. Su última esperanza. Fuego interior. Las palabras de Woodstock quedan resonando y Mildred atraviesa la desesperación creativa de quien no encuentra la respuesta, el motor, el aire nuevo. Su criada Isidra, oriunda de las lejanas Pampas, le prepara una poción reconfortante propia de esas tierras bestiales. He aquí la llave, la salvación a la que Barren se agazapa, el elixir galopante que le enciende el pecho y hace que pincel y lienzo ardan. La imagen inimaginada se apodera de todo, la pintura viva de lo desconocido.
Elementos del gótico, del barroco, del género epistolar, de las novelas de la campiña inglesa, de lo gauchesco. Julián Cnochaert (dramaturgo y director) logra un texto híbrido donde se abordan de forma directa, por momentos, e indirecto, por otros, problemáticas en torno a la originalidad, a la creación, a la apropiación cultural, a la histórica y paradójica lucha entre civilización- barbarie: ambos polos se tocan más de la cuenta e intercambian lugares, no son compartimentos estancos, hay admiración y repulsión desde lo civilizado hacia lo bárbaro (y viceversa). “Pampa Escarlata” abre interrogantes, es una obra de preguntas, una obra que defiende la escena y la ficción como lugar de encuentro y reflexión. Una dramaturgia con un peso literario encantador que se traduce en una puesta imprescindible de la cartelera porteña. Un lenguaje barroco que no por eso deja de lado la acción, todo el tiempo se está en presente a pesar de palabras y palabras y oraciones que se pliegan unas sobre otras. Un texto construido de forma inteligente en todas sus aristas, el trabajo del qué decir está en constante diálogo con el cómo. También allí, en ese cómo, laten las temáticas planteadas, las formas literarias bárbaras- gauchescas rozan, chocan y se abrazan con las civilizadas- europeas.
La constitución de la Nación Argentina fue (¿y es?) compleja. La definición del ser argentino se dio (¿y da?) por comparación, diferenciación y asimilación hacia el interior del propio territorio (disputas internas entre proyectos de país). Pero también esa Nación se construyó (¿y construye?) por comparación, diferenciación y asimilación con ese otro extranjero imperialista que mientras por un lado dobleg(a)ó, por el otro no dej(a)ó de forjar y ser parte de la identidad. Negarlo es desconocer a ese propio ser Nación. Ser argentino es ser un híbrido, un resultado inacabado aún (¿cuándo acaba?) del encuentro complejo entre ese afuera y ese adentro. Como este texto, como “Pampa Escarlata”, como los cuadros de Mildred. “Si los de ajuera fueron los primero’ en configurarno’, que no se entere nadie. Mientchras tanto’, que’esta colección sea el shrecurso natural, la fuente primigenia pa’ propiciar el shrelato fundacional… ¡de la nación Artentina!”, estas son las últimas palabras de Isidra. Mildred Barren pinta a partir del brebaje que viene de las raíces de esa Pampa colonizada, bebe lo profundo de esa tierra sangre escarlata, la damisela que acusa de monstruosa a la otra sin mirar su propio reflejo poseído y vampiresco. En todo caso, ahí reside el todo, en la incapacidad de pronunciarse como un ser de múltiples aristas que a costa de afirmarse desconoce a la otredad incluso en aquello que admira.
En “Pampa Escarlata” los personajes son atroces y sensibles, crueles e inocentes: damisela monstruosa, profesor hipócrita y esnob, criada que se alza con fuerza y toma revancha. Lucía Adúriz se calza los ropajes de la joven débil y deseante de aprobación que termina transformándose en una vampira insaciable y desorbitada por la pócima sudaca y los efectos que ella tiene en su cuerpo. Lo que sucede en escena es admirable. Lucía Adúriz hipnotiza con sus formas del decir, con su construcción hipnotizante de imágenes y corporalidades que responden a las distintas identidades/ posesiones que habitan en ella. Pablo Bronstein es el profesor, también él despliega un abanico expresivo desopilante pasando de la denostación a la admiración por las pinturas de Mildred, su decir es claro y placentero y el manejo corporal que realiza es para aplaudir de pie. Por último Carolina Llargues, Isidra, logra la acumulación energética precisa para estallar en el final de la obra: “Io ia soy pampa, soy adentro, soy fuego y soy estero”, la criada que ya no calla, sus denuncias nacen de las entrañas. Los tres en escena construyen una máquina satírica, dinámica, absurda y siniestra, cargada de humor y épica, donde diálogos y soliloquios adquieren una densidad tan rica que dan ganas de repetir y volver a escuchar.
Hay que nombrar la escenografía (Cecilia Zuvialde) austera con sólo algunos elementos que dan cuenta del cuarto de la damisela. Los cambios de luz (Ricardo Sica) que acompañan las posesiones y construyen distintos espacios sin que sea necesario mudar objetos ni elementos. El vestuario (Paola Delgado) vistoso y representativo de los tipos genéricos de los personajes de la Inglaterra del Siglo XIX. La música (Cecilia Castro) que irrumpe en estos ataques intempestivos en el que el genio creativo se apodera y que también funciona como separador entre los tres grandes momentos de la obra que van dando cuenta del deterioro de la refinada Mildred.
Pintura, música, imagen, texto, expresiones filosas. “Pampa Escarlata” encuentra una nueva forma de tratar el mito de la fundación de la Nación Argentina. La risa, el silencio reflexivo, el público no puede perderse de nada. Teatro brujo. “Tiene moviemento, una beieza atrevida, así de que entra por lo’ ojo y se queda ahí dentro deuno, pero también grande potencia, ciertamente, que siempre se agradece de ver, porque al vershlo, está todo dicho”, eso dice Isidra tímidamente cuando debe dar su opinión sobre el primer cuadro nuevo de Barren. Ahí, quizás, el resumen de todo. “Pampa escarlata”, obra que se agradece de ver, porque al verla, está todo dicho.
“Pampa Escarlata”– Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378)– Viernes 22:30
Ficha Técnica Autoría y Dirección: Julián Cnochaert Actúan: Lucía Adúriz, Pablo Bronstein, Carolina Llargues Diseño de vestuario: Paola Delgado Diseño de escenografía: Cecilia Zuvialde Diseño De Sonido: Cecilia Castro Diseño De Iluminación: Ricardo Sica Fotografía: Marianela Muniz Asistencia de dirección: Lucía Gusmán (Luchitron) Prensa y Producción :Carolina Stegmayer
El pasado martes 11 de abril tuvimos la oportunidad de asistir a la función de prensa e invitados de la obra «Votemos», una producción de Adrian Suar, que nos mete en una reunión de consorcio en la que deben votar (y juzgar) sobre si aceptan que se le alquile un departamento a alguien que se conoce que padece una enfermedad mental. Se trata de una comedia que ofrece un debate sobre la salud mental, los límites de la convivencia y la estigmatización, con humor e ironía.
La obra comienza con una reunión de consorcio, donde siete personas se juntan para votar sobre el cambio de ascensor, algo que al parecer el edificio necesita con urgencia. Todo parecía estar en un unánime acuerdo, hasta cuando uno de los propietarios cuenta que logró conseguir un inquilino para su departamento. Ante el asombro de los demás propietarios, indagan sobre quien sería el nuevo vecino, ya que se trata de un departamento no muy decoroso. Al casi terminar la reunión este hombre hace el comentario de que el posible nuevo vecino, lo conocía en su trabajo, por un programa de reinsercion laboral, ya que este padecía un problema de salud mental. Esto encendió las alarmas de todos los vecinos presentes, quienes mostraron su preocupación y prejuicios por el nuevo inquilino, por lo que intentan dar paso a una votación para ver si se queda o no.
Si bien el tono de la obra es comedia, toca este tema particular de una manera realista y que pese a las situaciones hilarantes desde lo teatral, le da un tratamiento serio a como reacciona. La discusión toma esas cuestiones que pueden estar presentes, como la preocupación por ellos mismos, por su familia, pero también el hecho de juzgar por el desconocimiento y la ignorancia.
En la parte actoral, son 8 los actores quienes mantienen una participación equilibrada, con distintas personalidades bien marcadas, y que todo su buen trabajo individual hace al conjunto.
Votemos es una obra más que interesante que desde el lado de la comedia toma un tema serio y del que a veces no se discute tanto: La salud mental. Entre esa discusión viene de la mano la ignorancia y la discriminación, y que mejor escenario que la de una reunión de consorcio, donde solo un pequeño grupo de personas deciden por el «beneficio» de la comunidad. Es una obra con grandes actuaciones, que nos hace reír pero también reflexionar.
ELENCO (por orden alfabético) AGUSTINA CHERRI GUSTAVO GARZÓN JUAN GIL NAVARRO VIRGINIA LAGO TOMAS KIRZNER CARLOS PORTALUPPI MURIEL SANTA ANA y ALAN DAICZ.
Entradas en venta en http://www.plateanet.com o en la boletería del teatro METROPOLITAN (Av. Corrientes 1343) Funciones de Miércoles a Domingo.
Dentro de la danza contemporánea- interpretativa todo es posible, el cuerpo es un vehículo para contar una historia, el diseño audiovisual y el arte plástico son los acompañamientos que elevan la experiencia a otro nivel, uno más Cyberpunk, surrealista, sensual y terrorífico.
Patricio Suárez define sus cuatro ciervos en Carne Argentina:
«Seres híbridos formados por materia viva, píxeles y basura.
Danza de cuerpos urbanizados por la carrera tecnológica y la precariedad.
Viñetas descoloridas sobre la educación sentimental masculina.
La escena como caleidoscopio de nuestro tiempo: sueño».
Ramiro Cortez, Mateo De Urquiza, Gastón Gatti y Javier Murphy Figueroa son los intérpretes de esta obra. La visión de Ciervos de las Pampas Cyberpunk de Patricio Suárez lleva a estos cuatros jóvenes a un estado de éxtasis y transformaciones.
Suárez es encargado del escenario y del sonido, lo cual demuestra que la visión de esta obra es 100 % suya y resulta novedosa pues lo primero que veremos es una escenografía en visión periférica dónde el público es grabado, nosotros somos nuestros espectadores; no es hasta que entran los perfomers que entramos al universo de Suárez.
Suárez nos propone una apuesta desafiante, homoerotica, futurista, salvaje e interpretativa. Los perfomers ponen todo de si más allá del talento, toda su resistencia física ya que acá los veremos por etapas y exposiciones grupales y solitario, cada uno puede brillar.
No hay que finalizar la reseña sin mencionar el gran trabajo de Matías Sendon en la iluminación. El técnico nos sumerge aún más eligiendo azules eléctricos, rosas led y rojos infierno. Un espectáculo que roza lo electrónico. Carne argentina es un espectáculo sensorial que impacta por sus fases, una distinta de otra. Un paseo por lo animal, el hombre, lo salvaje y el futuro.
Disponible los jueves a las 21 horas en el Galpón Guevara. Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.