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El teatro no es lineal,se adapta a la visiòn de su dramaturgo, es que en lo experimental se pueden explorar/explotar formas y voces que en lo clàsico no se podría El director y dramaturgo junto al actor son cómplices de llevar una idea (pues el teatro no solo son historias, son ideas y planteamientos) al público. Este se vuelve observador de algo diferente, se cuestiona y se sumerge en el experimento.
La dupla de Emiliano Dionisi y Roberto Peloni nos ofrece su brote creativo en » El Brote», presentada en el Teatro El Pueblo.
»A un actor se le comienzan a desdibujar los límites entre la ficción y la realidad, y ahora desconfía de quien escribe los acontecimientos de su vida «¿Que clase de personaje somos en esta historia?» Bajo esta abstracta sinopsis, Emiliano Dionosi nos introduce en El Brote.
Roberto Peloni es sólido y convincente en este papel que le exige desprenderse de lo convencional. Asume el reto y encarna el no teatro en sí mismo. ¿Qué es real?, ¿Què es actuado?, ¿Qué es lo que lo interpela? El libreto de Dionisi nos habla de las relaciones humanas, del arte y el sufrimiento del mismo. Aquellos brotes de imaginación o dícese: inspiración, que llegan de forma inesperada, ¿Se escapa o se lucha contra el?
Peloni y Dionosi es el dúo que se complementa para poder romper con el teatro y hacerlo real. Disponible los lunes a las 21 horas en el Teatro El Pueblo.
Este 2023 se cumplen cuarenta años de la vuelta a la democracia en Argentina, un período de la historia que elegimos no olvidar, y que sigue presente en el arte como método de conservar la memoria. Durante el 8 hasta el 12 de marzo, el Teatro Colón se trasladó hacia el Predio de la Rural para presentar la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler en Do menor, mejor conocida como Resurrección.
Para el Mahler, el proceso creativo de Resurrección tomò casi diez años durante finales del siglo XIX; el resultado terminò siendo una de las piezas más emblemàticas del posromanticismo, aunque han pasado casi 130 años de la primera vez que fue presentada; sigue estando vigente como el mensaje divino que da esta melodía hacia la posibilidad de que aquellos que se fueron, puedan resucitar.
Es poco ortodoxo que el Colòn traslade hacia la Rural una gran maquinaria de personas (casi 300) para poder llevar a cabo esta gran puesta en escena. Es imposible imaginar la visión que tuvo Romeo Castelluccid dentro del Teatro. Castelluccid es conocido por su vanguardia y oscuridad a la hora de llevar a cabo su escena, acà lo demuestra en un baldío donde un caballo transita perdido sin su jinete, este incidente darà paso a que se descubra un horroroso suceso: Una fosa comùn con una cantidad de cuerpos indescifrable.
Pensar en cuerpos en fosa común nos causa horror pues pueden ser aquellos de los 30000 desaparecidos que dejó el tiempo más oscuro de la historia argentina reciente. El objetivo fue logrado y la sinfonía de Mahler acompaña al dramatismo de la muestra en escena.
Charles Dutoit fue el encargado de dirigir a esta aparatosa orquesta y el orfeòn encabezado por la soprano Jaquelina Livieri y la mezzosoprano Guadalupe Barrientos. Este gran equipo logró capturar la esencia de Mahler y a su vez, adaptarse para sonar igual que sonaría en el Teatro.
Resurrección fue un espectáculo que solo se podía dar el predio de La Rural, esto demuestra la capacidad de adaptación del Teatro Colón, un despliegue de talento para hacer homenaje a la democracia.
El duelo y los procesos que conlleva, el desmerecimiento y la culpa son temas que toca el monólogo de »El hombre de la foto», presentado en la sesión de microteatro del Espacio La Gloria en Almagro.
»Un padre pierde a su hijo. Lo que duele es la trágica ironía de haber malgastado tiempo siendo campeón de carreras a mar abierto y salvavidas». Es la premisa del drama que nos trae Verónica Melián.
Emmanuel Maximiliano Pereyra es un joven actor comprometido con personajes que cargan con confusión, culpa y resignación. La experiencia previa que he visto en los personajes de Pereyra le han permitido calzar bien dentro de los zapatos de este atormentado hombre- Gracias a la dirección de Mariana Arrupe y Federico Foscaldi, con pocos recursos se orquestó este monologo tan intenso.
El personaje de Pereyra está sumido en el desastre y el abandono que puede llevar la ultima fase del tormento, aquella en la cual ya no se decide luchar. Esto es llevado a la realidad dramática y a la frustración que lleva la premisa que desencadena la trama.
El hombre de la foto es una muestra condensada de muchos males del hombre, su orgullo y su encierro. Un Emmanuel solido en un melodrama intimo y honesto. Disponible los viernes a las 21 horas en el Espacio La Gloria (Yatay 890)
En la tragicomedia todo es válido, siempre y cuando se transite en el campo a libre de minas. Al jugar con el humor oscuro se pueden herir sensibilidades pero a su vez, usar los estereotipos no para burlarnos de ellos sino para hacer sátira, crítica o una simple parodia, de manera inteligente pues no nos reímos de ellos, nos reímos con ellos.
La comunidad judía en Buenos Aires se encuentra en la popular zona Once (La Babel de Buenos Aires) del barrio de Balvanera. Este grupo se dedica a la industria mediana textil, pero también a las pelucas Kosher.
»Mírele, la dueña de un negocio de pelucas Kosher, recibe en su casa a tres clientas de alta alcurnia, en un intento desesperado por vender sus productos. Lo que las visitas no saben es todo lo que la dueña de casa oculta: una vivienda maltrecha, una hija desconectada de la realidad y por sobre todo… un taller clandestino». Así describe su obra Karina Hepner.
Con un reparto fememino conformado por Marina Apat, Bettina Brozzo, Karina Hepner, Natalia Imbrosciano, Brenda Lem, Magalí Meliá, Catalina Motto, Paloma Santos, Maria Nydia Ursi-Ducó y bajo la dirección de Nicolás Sorrivas; La Casa de las Pelucas Kosher es una comedia muy ácida, oscura y trágica.
Las pelucas Kosher no pudieran existir sin el imaginario creativo de José Escobar. Este además de dividir en el escenario en tres para poder no solo dividir los diferentes lugares sino para darles el tiempo que el libreto de Hepner establece; pero capaz el primer aspecto que se va a notar es el diseño vestuario donde los vestidos negros y verdes oliva oscuro van a resaltar. El resultado es simplemente Kosher.
Sorrivas sabe cómo llevar a este elenco de actrices en una línea narrativa que no es lineal. salta en tiempos pero también entre géneros, lo que sí está asegurado es la diversión que tendremos en una obra que resulta arriesgada, con una temática exótica y muy muy Kosher.
Disponible los martes a las 21 horas en Espacio Callejón.
¿Qué es el ser humano?, esta pregunta se ha convertido en la mayor interrogante del mundo cuando hablamos de existencialismos y creencias. Dos colegas europeos se juntan para emprender un viaje a las Américas, principalmente América del Sur, con el objetivo de encontrar una respuesta a esta gran interrogante que los deja despiertos: hallar el origen del ser humano. Esta obra titulada “Las Ciencias Naturales” es la segunda experiencia de “La Saga Europea”, un proyecto de la Compañía Teatro Futuro que propone explorar la relación entre Latinoamérica y Europa mediante la literatura. La obra podrá verse de jueves a domingos a las 20 hs en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530).
Con dramaturgia y dirección de Mariano Tenconi Blanco, la pieza teatral nos cuenta la historia del naturalista alemán Rudolph Weiss que viaja a la ensoñada América junto a su secretario español Calixto Blanco. Durante este viaje descubrimos que el científico alemán carga con un pasado bastante trágico: su hijo murió ahogado y su esposa se suicidó. Aquí es donde nos encontramos con un demonio, pero no de la manera clásica de firmar un pacto, sino que se desprende un demonio desde su interior y se hace presente arriba del escenario. Agustín Rittano, Ariel Pérez de María, Marcos Ferrante, Juan Isola, Gabriela Ditisheim y Andrea Nussembaum son lxs actores y actrices que se mimetizan con los personajes y le dan vida de una manera creativa y llamativa.
El director piensa al teatro como literatura y es por esto que su gran influencia para la conformación tanto de la historia como de los personajes fue el clásico mito fáustico y su característico pacto con el diablo. La mezcla de las diferentes versiones de Fausto genera una ficción delirante e imprevisible. Logra desplegar un lenguaje escénico en el que seis actores y actrices constituyen a casi el doble de personajes y además forman parte de la banda musical dirigida por Ian Shifres. Siendo uno de los elementos fundamentales, la música en vivo le brinda el tinte distintivo que la obra necesita para lograr un equilibrio estético y sonoro. La fuerte aparición en los ritmos, inflexiones, sonoridades y cadencias en la música da cuenta de una composición muy sólida y poderosa, en donde cualquier actor o actriz puede interpretar de manera segura la melodía acorde al acto.
El hecho teatral despliega el cruce de varias disciplinas que se retroalimentan continuamente en escena: dramaturgia, actuación, dirección, música, vestuario, escenografía, diseño lumínico, entre otras. Todas ellas logran fusionarse de una manera equilibrada, sin excesos, ya que la obra está escrita desde la ficción, desde lo inverificable y por ello se multiplican las posibilidades del tratamiento escénico. El director habla de que “la obra confía ciegamente en la imaginación”, ya que las situaciones que suceden podrían ser otras. Esta libertad de interpretación da cuenta del poder superior que conlleva la escritura; la mezcla de clásicos, idiomas, historias, aventuras, nos revelan la infinidad de posibles poemas y narrativas obligándonos a cuestionarnos el verdadero objetivo del teatro en sí.
“Las Ciencias Naturales” es una obra sobre la lucha entre el bien y el mal, sobre la deconstrucción de la masculinidad, sobre el poder de la escritura. Lo imprevisible y caótico se vuelve parte de la trama, toma presencia arriba del escenario y nos desafía con sutileza nuestras creencias y tradiciones.
Como parte de la nueva programación de El Extranjero, se reestrena “Ay, Camila” con funciones todos los viernes a las 20hs.
“Soy Camila O’Gorman. Aunque me vistan de rea. Vine a contar mi historia. No, mis fantasmas”. Gobierno de Rosas, 1848, Camila la de familia de bien, la que se enamoró del cura, la que se escapó, la perseguida, la fusilada. Ella inunda el escenario con su cuerpo y con su voz, lucha contra el silencio de la historia patriarcal. Es su grito contra el tronar de los fusiles.
La historia de Camila O´Gorman ya se había tratado a través de otros lenguajes, como la película nominada a los premios Óscar dirigida por Maria Luisa Bemberg o la novela de Enrique Molina. “Ay, Camila”, dirigida por Pablo Razuk, es teatro y, por tanto, presente puro. En esta puesta sensible y dinámica, Camila resucita y trasciende el olvido y el silencio.
El texto de Cristina Escoffet conmueve. Camila va y viene entre el presente y el pasado plagado de fantasmas y recuerdos. A través de lo poético, que por momentos se vuelve canción, Camila cuenta sus miedos, recuerda a su abuela, a su familia, a su Ladislao a quien le habla como a una sombra presente en algún lugar oscuro del espacio. El amor y la injusticia lo atraviesan todo. El relato de Camila es un gran tejido donde las imágenes y el mundo sensible del ayer trágico se hilan con el presente de lucha y el futuro prometedor. Un texto que mantiene en vilo al público y con todos los sentidos despiertos.
El testimonio se vuelve carne en el cuerpo de Carla Haffar, quien logra que cada frase la atraviese y, en consecuencia, que (nos) atraviese. Desde la risa de niña hasta el llanto desesperado por la muerte del amado y la denuncia por lo injusto y la hipocresía social. Cuerpo y voz construyen un universo plagado de fantasmas y recuerdos: Carla Haffar es Camila y también es su padre, su madre, su abuela. El canto surge como un arroyo suave que se combina orgánicamente con la aparición de la palabra hablada. Carla Haffar se muestra permeable al fluir de las emociones, a las variaciones que el texto requiere para no caer en lo puramente panfletario y sin embargo, no dejar de denunciar un segundo la injusticia, la Iglesia, la cultura patriarcal y el silencio.
Esta variación entre los recuerdos y estados de ánimo de Camila se construyen también por los cambios de luces (Leandra Rodriguez) e intervenciones sonoras (Sergio Vainikoff) que disparan la memoria. A través de la construcción espacial (Alejandro Mateo) se crea la sensación de estar frente a un juicio o pelotón de fusilamiento, el público es quien juzga a esa, a ella. Camila se mueve por una tela en forma de pasarela manchada de tierra, gotas de sangre. En el centro, una silla que funciona como prisión, pero también construye los distintos espacios por donde ella transita el pasado de su vida. Silla y vestuario se transforman y adquieren otros usos según las exigencias del relato. La ruptura del objeto en tanto tal sorprende y termina de volver curioso y cautivante todo el hecho escénico.
“Ay, Camila” nos pone frente a la complejidad humana. Camila expone sus miedos y ambiciones, su defensa del amor y su denuncia frente a la injusticia. Traer su cuerpo y hacerlo bailar, cantar, llorar, denunciar. El recuerdo de Ladislao con todas sus tensiones, el lugar del deber, la moral y la familia. “Es que si me matan, yo voy a (…) Voy a resucitar”, así dice Camila y la obra traspasa la frontera de la ficción. Ella vive y vuelve una y otra vez. La obra deja reflexionando a quien sale de la sala y queda flotando tiempo después de atravesar la puerta. Hacer de la tragedia un motor de lucha por y para la defensa del amor y de lo justo. Camila canta, llora, resucita y no calla.
“Ay, Camila”– Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378)– Viernes – 20:00 hs
Se puede decir que el pintor impresionista más popular de los últimos tiempos es Vincent Van Gogh. Conocemos su trágica vida mediante sus pinturas pero también gracias a material audiovisual y reportajes, pero creo que pocos han tenido la oportunidad de ver una pintura del neerlandes en vivo y nadie ha podido tocarlas, ¿Y si estuviera la oportunidad de tocar el arte?
El museo Van Gogh de Amsterdam celebra su aniversario cincuenta y la mejor forma de hacerlo es mudar el museo a todo el mundo, hablando en sentido metafórico pues lo que se presenta en este evento es una experiencia inmersiva, sensorial y educativa sobre Van Gogh, su arte y su vida.
El pasado 23 de febrero se realizó el evento de prensa el cual estuvo liderado por representantes del museo Van Gogh de Amsterdam, el ministro de cultura de la ciudad de Buenos Aires, la embajadora de los Países Bajos en Argentina y el productor. Una sorpresa para todos fue saber que dentro del público, se encontraba el sobrino bisnieto del pintor. La muestra consiste en recorrer varios salones con ayuda de audioguias disponibles en inglés y español, esta guía se reproducirá de manera automática y sincronizada. Una vez dentro de la muestra, todo se puede tocar.
La idea de tocar el arte es imposible ya que siempre se prioriza su preservación, Meet Van Gogh ofrece ser parte del arte, sentirlo, pintarlo, contemplarlo y hacerlo. Cada salón está representado en alguna época de la vida de Vincent, por lo que se puede decir que es un recorrido biográfico porque más allá de observar el arte y recordar los famosos cuadros, vamos a conocer en profundidad la vida del artista.
Meet Van Gogh se vuelve una experiencia completa, educativa y novedosa, nos permite conectar con la vida y el arte de un personaje que fue reconocido años después de su muerte pero que gracias a eventos como este, se vuelve inmortal. Meet Van Gogh se encuentra en el Campo de Polo Argentino, las entradas se compran en la web del evento seleccionando el turno de preferencia.
Todos los jueves a las 20:30 en El Extranjero sucede “Pequeñas cosas que se quiebran”, obra ganadora del concurso de dramaturgia del FNA 2022, con una puesta inteligente que llega a los huesos y los hace retumbar al ritmo de la batería.
Tres mujeres en viaje por la ruta. Cada una con su historia, cada una con sus motivos para estar en ese mismo lugar, esa misma noche, atravesando la misma ruta, llegando a la misma estación de servicio. Las tres confluyen en un todo atravesado por la violencia, la muerte, el dolor y el (des)encuentro.
La dramaturgia ingeniosa de Juan Cruz Bergondi (también director) logra entrecruzar tres relatos aparentemente desconectados. A través de un juego de anticipaciones, repeticiones e indicios que se retoman en las otras historias, se desemboca en un mismo tiempo y lugar en donde todos los personajes se encuentran. Los relatos de las tres mujeres son como ecos de uno mismo atravesado por la violencia, el accidente, el (des)amor. Una batería marca el ritmo de la inminente tragedia que ya se huele desde el comienzo. El espectador entra en la sala mientras cuatro cuerpos bailan y beben en un antro, la oscuridad lo tiñe todo e instala desde el principio un clima opaco y tenso.
A destacar la inclusión de música y efectos sonoros producidos en vivo. Una batería se encuentra en el medio del escenario como un corazón que late al ritmo de las historias que tarde o temprano se encontrarán para desatar el horror. Mario Di Santo es quien maneja todos los instrumentos: percusión, guitarra y bajo. Él es también una suerte de narrador que interviene entre los relatos de cada una de las mujeres, es quien hila esta gran historia y le pone una pausa a tanta tensión.
Mariana Romagnano, Rocío Magalí Rivera, Matías Bertiche y Marina Jové son quienes encarnan y dan voz a estas historias desgarradas. Los cuatro quiebran esa pared de ficción, se dirigen directamente al público y enuncian para afuera eso que los ahoga. Entre la tensión se cuelan sutiles pasajes de humor que le dan dinamismo y un respiro a tanta oscuridad. Interesante la permeabilidad y disposición corporal y vocal que presentan los cuatro para entrar y salir de sus personajes y construir las imágenes que evocan en un escenario casi despojado de elementos.
La escenografía (Martina Nosetto) es austera, se limita a anclar ciertos espacios de referencia: un auto con dos sillones, un boliche con dos mesas y algunos vasos, una estación de servicio. Esta diferencia entre las historias se construye también gracias al gran diseño de luces (Fernando Chacoma) que crea intimidad, fiesta, oscuridad, exterior, lluvia. Dos líneas blancas de ruta atraviesan el escenario conectando todos estos espacios y generando una línea de horror que desemboca en el encuentro de las historias. El piso se llena de números de kilómetros a medida que los autos en viaje de cada una de ellas se acercan. El vestuario va dando cuenta del paso del tiempo: la fiesta, el sexo, el cansancio, la violencia dejan (y dejaron) huella sobre esos cuerpos y ropas.
“La realidad, de noche, pierde contorno”, suena la voz del baterista- narrador que da pie a una de las historias. El límite entre lo individual y lo colectivo se quiebra, se construye una red donde todos están conectados. En esta noche que se instala, los límites entre la percepción y la realidad se vuelven difusos. Un ambiente nebuloso donde todo puede pasar. El público se mantiene en silencio, cada momento puede ser determinante, cada dato importa para lo que se contará. El pasado toca la puerta y se choca con las otras historias. El tiempo se rompe. Lo que se quiebra es pequeño, tan pequeño como la vida. La última intervención dice “Algo de todo el amor y el dolor y la felicidad y el sufrimiento será alimento del futuro”, el futuro es la luz que emerge entre tanta noche sin contorno y gritos quebrados y llantos y dolor.
“Pequeñas cosas que se quiebran”- Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378)– Jueves: 20:30 hs – Hasta el 30/03/2023
Desde el 21 de enero hasta el 24 de febrero, la compañía argentina Los Amados presenta “Ardientes Gardel y Le Pera” en el Auditorio Belgrano, mientras prepara su gira nacional. Un espectáculo donde teatro y baile se fusionan con el repertorio arrabalero en clave de son, conga y ritmos latinoamericanos.
La compañía con más de 30 años de trayectoria realiza por primera vez un espectáculo con repertorio íntegramente argentino, basado en la reversión de las canciones más reconocidas del dúo arrabalero Gardel y Le Pera.
Las letras de “Volver”, “Melodía de arrabal”, “Cuesta abajo”, “Rubias de New York”, “El día que me quieras”, entre tantas otras, suenan y resuenan en clave de cumbia, bolero, merengue, son, chachachá, conga. Así es como Los Amados celebran y abordan la historia del mítico dúo musical.
Al igual que en sus otros shows- homenaje a Ernesto Lecuona y a Agustín Lara, la compañía no sólo interpreta musicalmente sino que también expone en el escenario parte de la vida de los artistas. Cada canción está puesta en contexto. Teatro, danza y música se fusionan y generan un recorrido humorístico, atrapante y dinámico. Alejandro Viola (voz principal) y la banda de excelentes músicos, muestran y despliegan un carisma y un manejo escénico que hace de “Ardientes Gardel y Le Pera” no sólo un recital, sino un espectáculo completo que atrapa, emociona, ríe y baila.
Trajes y decorados no quedan por detrás de la reversión tropical. En la escenografía y el vestuario (Diego Prenollio) se mezclan la técnica porteña del fileteado con la estética kitsch, colorida y sobredimensionada que caracteriza todos los shows de la compañía. Trajes de tango con los colores albicelestes, el tipificado traje de gaucho intervenido, vestidos y coronas grandilocuentes, colores chillones, brillos. Los juegos de luces (Gonzalo Berdes) acompañan todo este universo estético e instalan los climas que la historia del dúo y la sonoridad de las reversiones reclaman.
“Ardientes Gardel y Le Pera” es una fiesta donde la poesía tanguera dialoga con ritmos que hacen levantar de la butaca al público, que se ha reído y emocionado a lo largo de casi dos horas. Es una fiesta donde la sala canta a coro y acompaña a la banda. Una fiesta donde el tango, Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, se hacen presentes, vivos.
Ficha técnica: Alejandro Viola: Voz Carolina Alberdi: Piano – Acordeón Fernando Costa: Percusión Wilson Ortíz: Guitarra – Bajo Matías Bahillo: Guitarra – Trompeta Alejandro Bordas: Guitarra Esteban Freydier: Saxo Paulina Torres: Voz
Funciones: Sábado 21 y viernes 27 de enero 21 horas. Sábado 4, 11 y 18 y viernes 24 de febrero 21 horas en Teatro Auditorio Belgrano (Virrey Loreto 2348 – esquina Av. Cabildo, CABA).
“La lengua es un músculo, pero el lenguaje es un virus” comienza su segunda temporada en el Camarín de las Musas, a partir del viernes 3 de febrero.
Un hombre vive con su loro en una casa aislada del resto del mundo. Allí se dedica a terminar la tesis para graduarse como “Filólogo u Hombre de Letras”. Hace ya 24 años que escribe e investiga en torno a la afirmación de William Burroughs: “el lenguaje es un virus”. Entre esas cuatro paredes el hombre evoca recuerdos, reflexiona, habla con su loro, transita, quizás, el momento más esperado de su vida. Cuatro manos son las que escribieron esta obra, Gabriel Wolf y Diego Carreño. Ambos autores ya habían trabajado en otros espectáculos juntos, como “Digital Mambo” u “Hombres Delay”. En el caso de “La lengua es un músculo, pero el lenguaje es un virus”, el proceso de escritura se basó en los posteos de Facebook de Gabriel Wolf en los que con humor e ironía abordaba los usos cotidianos del lenguaje. Estas publicaciones entraron en contacto con la escritura de Carreño y así ambos autores dieron lugar a este texto que se ríe de la palabra a través de la palabra. Desde la reflexión seria se llega al humor descarnado al exponer los vicios y usos de la lengua en el habla cotidiana y la tradición. Se analizan canciones populares, frases, moralejas, figuras retóricas. Resuenan Les Luthiers y Leo Masliah. Es interesante el hilo conductor que encontraron Wolf y Carreño para amalgamar los posteos del primero y alcanzar la unidad y consistencia que tiene la obra.
Carreño es quien interpreta a este hombre solitario acompañado sólo y solamente por sus recuerdos, sus anécdotas y su loro, amigo, confidente y consultor. El manejo del tiempo y del histrionismo, las pausas, los gags, las mutaciones de la voz, la expresión facial, la actuación de Carreño da cuerpo y potencia al texto que ya de por sí es puro juego. La escenografía (Marcos Aquistapace) busca que el centro de atención sea la palabra. En la recreación minimalista de la casa, los pocos objetos remiten todos a la escritura de la tesis y al trabajo sobre el lenguaje: papeles colgados en la pared, libros. Llama la atención la ausencia de elementos tecnológicos actuales, sólo se usan una máquina de escribir, un tocadiscos y un contestador automático. Los momentos de reflexión, de explicación y de raconto de anécdotas cambian la espacialidad y el clima de estudio y encierro; por momentos, el cuarto parece transformarse en un aula desde donde el “casi Filólogo u Hombre de Letras” expone sus afirmaciones. Con todo esto, la escenografía logra generar que lo familiar y conocido sea a la vez extraño y distante, un tiempo cercano y lejano, una espacialidad enrarecida. En este mismo sentido, es para resaltar el diseño lumínico, a cargo de Leandra Rodríguez Adea.
Pasajes ingeniosos, cacofonías, asociaciones, palabras mal dichas. La risa del público se adueña de la sala desde el primer minuto. El humor nace entre las grietas de un discurso que aparenta ser serio, pero que esconde la puesta en ridículo de sí mismo. Durante una hora el centro de atención es la reflexión sobre la palabra, sin por eso descuidar al resto de los elementos escénicos. “La lengua es un músculo, pero el lenguaje es un virus” es una obra sensible, dinámica y atrapante que trabaja el lenguaje y lo hace chocar. La palabra contagia, como un virus, la risa, la reflexión y la emoción.
“La lengua es un músculo, pero el lenguaje es un virus”- Viernes 22:30hs/ El camarín de las musas (Mario Bravo 960) Escribió: Micaela Steinbach