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Este sábado 6 de agosto a las 21:00hs, la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación aloja una nueva versión de Potestad, escrita e interpretada por Tato Pavlosky en 1985.
Hay ciertas obras que trascienden en el tiempo y permiten su reversión. Eso es lo que, en parte, hace a los clásicos: la condición de “textos actualizables”, nunca muertos, siempre latentes. Potestad regresa al escenario este sábado 6 de agosto en el Centro Cultural de la Cooperación, con una puesta dirigida por Christian Forteza e interpretada por Jorge Lorenzo. El monólogo de un hombre desgarrado al que sólo le queda el ejercicio de la memoria para rescatar del olvido a la hija ausente. Un hombre rodeado de fantasmas. Un hombre que se presenta como víctima y el devenir de su relato lo revela como victimario, cómplice de los crímenes de la última dictadura militar. Potestad es una obra donde los opuestos conviven e incomodan: ternura, compasión, el terror, el dolor, violencia sangrienta y descarnada. En palabras de Pavlosky: “Potestad encara el problema de la represión y de la tortura, observados desde la óptica del represor (…) El represor se nos aparece cada vez más sofisticado, más científico, más “ambiguo”. Más difícil de caracterizar que otras veces. Puede estar al lado nuestro, usar el mismo lenguaje en todos nuestros intersticios (…)”. Dos sillas vacías, luz cálida. La escenografía es austera y funcional a la creación del espacio íntimo donde él, el hombre, reconstruye el día en que se llevaron a su hija. Recuerdos que incluyen referencias a terceros, descripciones posturales y espaciales, reflexiones. Jorge Lorenzo aborda de forma maestra las diferentes tonalidades que la intensidad del texto requiere. El actor juega con cambios corporales y vocales para recrear los recuerdos que le vienen a la memoria y genera, así, una pieza dinámica donde el tiempo pasa sin que el público se de cuenta. La interpretación está cargada de silencios y miradas que todo el tiempo cuentan y mantienen al espectador expectante, valga la redundancia, por lo que vendrá.
El dinamismo del monólogo también se logra con algunos cambios de luces, juegos de sombras e intervenciones sonoras que construyen distintos climas: sueños, flashbacks. La puesta dirigida por Forteza nos sumerge en un relato filoso, nos enfrenta con un personaje contradictorio, nos confirma que el ejercicio de la memoria es necesario, que aún hay silencios en la historia y que una obra como Potestad, escrita hace casi cuarenta años, sigue viva en nuestros tiempos.
Funciones: Sábados a las 21:00 en Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543). Escribió: Micaela Steinbach
La importancia de María Elena Walsh radica en la inocencia e imaginario de la cultura argentina. Compositora, poeta y narradora, su magia sigue estando en los más grandes pero también se conserva en las nuevas generaciones. Nunca vi tantas sonrisas juntas en un teatro hasta ver Recuerdos a la hora de la siesta.
»María es una niña con imaginación con alas. Hay días en que los personajes que crea en su cabeza se le aparecen todos juntos a tomar el té y no hay lugar en el living de su casa para semejante reunión. Recuerdos a la hora de la siesta es una invitación a imaginar la infancia de María y su peculiar forma de ver el mundo. Una celebración del juego, la fantasía y la libertad». Así describe Emiliano Dionisi su obra.
Andrea Lovera, Lucía Baya Casal, Belén Pasqualini, Mariano Mazzei, Laura Silva, Gimena Riestra, Juan Andrés Romanazzi, Mercedes Torre, Carolina Setton y Federico Fedele forman parte del talentoso elenco de actores que, en este musical demuestran más allá de sus dotes artísticos, su carisma y total entrega.
Gonzalo Córdoba Estevez hace la increíble escenografía de esta obra, la misma recrea una casa de mundo encantado donde varios personajes saldrán por distintas puertas y ventanas. El ingenioso vestuario de Marisol Castañeda llena de color y creatividad a los actores. El grupo de Titiriteros de Adelaida Mangani es uno de los grandes espectáculos de la noche, el diseño tanto realista como abstracto van a deslumbrar a los espectadores.
Dionisi junto a Martin Rodriguez escriben la letra de las canciones de esta obra, las mismas están inspiradas en el universo de Waslh. Rodríguez por su lado hace la música original y la dirige. Se puede nombrar cada aspecto aplaudible de esta obra, para eso necesitaría varias reseñas. Lo que destaco como principal, es que es el espectáculo más puro, genuino, inocente y hermoso que he visto en este año.
Disponible sábados y domingos a las 15 horas hasta finales de agosto en el Teatro San Martín, sala Casacuberta. Escribió Sebastián Arismendi.
En todas las tragedias que ha enfrentado la humanidad, siempre hay espacio para un punto en común dónde las brechas sociales e ideológicas se unen, en este instante dónde ponemos nuestra solidaridad y empatía sin pedir nada a cambio. Se podría decir que las desgracias nos unen, pero más allá de lo oscuro de la historia, todos somos uno.
Come from away es un musical original de Broadway de Irene Sankoff y David Hein. Más de 7 mil pasajeros provenientes de todas partes del mundo que aterrizaron inesperadamente en la isla de Gander, New Foundland (Terranova) y de la gente de este pequeño pueblo canadiense que les dio la bienvenida desde la solidaridad más pura.
Cuando 38 aviones fueron desviados de sus destinos para aterrizar en esta isla, el 11 de septiembre de 2001, el lugar vio duplicada su población en un instante. El 9/11 es una fecha que queda marcada en nuestra memoria, pero la adaptación que Carla Calabrese y Marcelo Kotliar, hacen del hermoso musical de Broadway, una experiencia inolvidable para el público porteño.
Come from away posee un elenco diverso en edades y etnias, encabezado por Gabriela Bevacqua, Carla Calabrese, Sebastián Holz, Mela Lenoir, Fernando Margenet, Argentino Molinuevo, Edgardo Moreira, Silvina Nieto, Marisol Otero, Agustín Perez Costa, Pablo Sultani, Silvana Tomé, Manu Victoria, Lali Vidal y Pato Witis. Los actores harán de pobladores de New Founland y también de pasajeros, teniendo que interpretar a varios personajes al mismo tiempo.
La dirección de Carla Calabrese es estupenda, el ver la coordinación de estos actores en un texto tan dinámico, dónde deben tener agilidad para transitar entre personajes y contar una historia tan sensible, hacen de Calabrese una maestra en el área. La puesta en escena de Tadeo Jones está compuesta por estructuras de madera, mesas y sillas, la última será de vital importancia ya que los actores lo usarán para la transición de los personajes.
Come from away es un musical hablado pero que posee unas canciones hermosas, que gracias a la dirección musical de Santiago Rosso, hacen de este un deleite al oído. Come from away es una muestra de talento argentino remarcable y de primera línea, un musical sobre el amor al prójimo y hecho con amor. Una experiencia conmovedora que sana el alma.
Disponible de viernes a sábado en el Teatro Maipo (Esmeralda 433) Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.
Un Youtube de casi 10 minutos de marzo de 1980 recoge la crónica de una visita que el dictador Galtieri realiza a la provincia de Santiago del Estero como Comandante en Jefe del Ejército. El reporte lo realiza el ochentoso periodista Edgardo Mesa y el relato destaca la entrega de las llaves de la ciudad, a la que el dictador llama “corazón territorial” metaforizando a la Patria como cuerpo. Junto a Galtieri, se encuentran Ochoa, el gobernador local, y el genocida Bussi, por entonces gobernador de la provincia de Tucumán. En el aeropuerto de la ciudad, Galtieri le da la bienvenida a la clase 1961, que se incorpora al servicio militar.
Con este episodio en off, comienza Tercero excluido, la obra del dramaturgo, actor, director y productor Gabriel Virtuoso, recientemente fallecido, integrante, además, de la Compañía de Teatro Clásico de Santiago Doria. En el contexto de esta “ilustre” visita, el jefe de un destacamento de un pueblo sin importancia de la provincia, el Teniente Chacho, fantasea con la visita del dictador. Se trata de un lugar en el que mucho no pasa, que tiene sus habitantes notables (la ricachona señora Martínez, moralista, aunque no zonza; las chicas del prostíbulo, otro milico), las fuerzas vivas de la comunidad, el diario local…, por eso se espera que este acontecimiento los saque de la modorra pueblerina y que le permita al Teniente Chacho alcanzar mejor fama. Ese tercero Jefe del Ejército Argentino tiene la llave para abrir otras aspiraciones, por lo menos, dos: una es la de la esposa de Chacho, quien espera con desesperación que su marido termine con una prolongada abstinencia sexual debido a los “nervios” que le causa la ilustre visita; la otra es la del propio Chacho, que ansía la llegada redentora del Teniente General.
El tercero, sin embargo, está siempre ausente y por eso queda excluido, emulando el principio de la lógica aristotélica (el Principio del Tercero excluido), según el cual “Algo es verdadero o no lo es”, lo que impide una tercera opción que medie entre los términos de este binarismo, principio —agreguemos— que fue cuestionado por otras lógicas posteriores que admiten la posibilidad de un tercero “incluido” conciliando los opuestos de estos pares y haciendo lugar a una tercera opción.
La espera de un tercero que clausure la abstinencia sexual es la primera alusión que la obra realiza a Tercero incluido, la obra del gran Tato Pavlovsky que se estrenó en el marco de Teatro abierto (1981), ese ciclo que inauguró un oasis expresivo en el asfixiante panorama cultural de los años del Terror, y al que Virtuoso hace un claro homenaje con citas de algunos de sus textos clave (Decir sí, de Gambaro) o alusiones (Gris de ausencia, de Roberto Tito Cossa). Como en la obra de Virtuoso, la de Pavlovsky pone en juego la larga espera de una pareja que se atrinchera en la cama anhelando a un tercero que traiga cambios radicales o que termine con ellos para siempre.
La dramaturgia, además, tiene claras resonancias de la gran tradición del teatro nacional, no solo en el sainete criollo (en particular, por la inclusión de música en vivo y las entonaciones costumbristas), sino también en algunos guiños a la revista porteña (el clisé de la mujer sobrexcitada y el marido abúlico, que no actúa el estereotipo del hombre siempre dispuesto). Además, la puesta destaca con eficacia la gestualidad rimbombante del poder: el movimiento permanente de los brazos de los actores parece parodiar algo del Galtieri de Youtube cuando da el discurso a los conscriptos clase 61. Esa gestualidad, además, es una nota distintiva de los grandes caudillos
latinoamericanos que popularizó la denominada “novela del dictador” (Asturias, García Márquez). Efectivamente, el texto retoma en clave invertida la producción de Teatro Abierto: el poeta del pueblo, un anciano ciego, muñido de bastón al estilo de un gran patriarca o profeta, y que hace también de comentador de los hechos, un poco al estilo del coro griego, proclama sentencias y máximas criollas, la mayoría de las cuales ubicadas en las tradicionales disputas entre Buenos Aires y el interior, en particular, con un porteño que distrae de sus calores a la esposa del Teniente dándole clases de teatro. Al poeta le piden que escriba una obra para homenajear al ilustre visitante, y este pedirá auxilio inspirador a esa musa porteña, el profesor, que le ofrece ¡las obras reunidas de Teatro Abierto!, al que la Dictadura le puso una bomba, para ofrecer un espectáculo a Galtieri. Los textos del Teatro Abierto son retomados en una de las escenas más logradas de la puesta, la representación de un fragmento de Decir sí, otro claro homenaje al teatro, esta vez en clave ficción dentro de la ficción.
La discusión entre poeta y profesor arranca por una consideración foucaultiana del poder que, con soberbia profesoral, “le explica” el porteño al santiagueño, pero muy pronto se torna discusión estética: se contrapone el uso de la metáfora (que defiende el porteño) con el lenguaje directo (que defiende el poeta). El profesor defiende el lenguaje figurado como estrategia retórica para esquivar la censura: hablar de algo por alusión, sin hacerlo explícitamente. El poeta, en cambio, habla de la eficacia de las narraciones para imponer una “realidad” como Realidad, en una larga disquisición acerca de la Biblia como relato fundador y retomando a Platón cuando habla de la poesía, la pintura y la escultura como artes de imitación.
Por supuesto que los polos encarnados en estos dos personajes se vuelven intolerables para un pueblo en el que literalmente no pasa nada, y que terminarán como chivos expiatorios de un poder que, tras la caída de la expectativa por la visita fallida, excluirá a estos terceros subversivos, perturbadores.
Desde el 16 de julio en el teatro Beckett se presenta “La cita”, obra que representa y expone a través del código del absurdo y de la comedia, el ridículo funcionamiento del poder judicial y su (no)vinculación con las problemáticas sociales.
La obra, ganadora del Concurso de Dramaturgia de la Editora «Juan Ojeda» en el año 2019, dirigida por Elisa Sustaita (dramaturga) y Romina Stampone, nos sitúa desde un comienzo en las oficinas judiciales donde Juan P. (Nacho Procopio) espera hace horas el turno para su cita. En la sala sólo están él y la secretaria (Candela Font), que no atiende a quienes llegan ni muy temprano, ni muy tarde, sólo a los puntuales puntualísimos. De pronto, ingresan a la oficina el Juez (Nicolás Cayol) y su secretario (Lucas Zeballos) que confunden a Juan P. por otro cliente y deciden atenderlo. Una vez identificado quién es realmente el muchacho, la aparente cita que lo había llevado a Juan P. hasta las oficinas, se transforma en un juicio en su contra por asesinar cucarachas. La obra continúa con todos los pasos legales que se deben cumplir en estos procesos: citación de testigos (cucaracha herida, aplausos para la interpretación de Agustín Yaneff; madre del acusado, la misma Candela Font), abogado defensor (el mismo Zeballos), sentencia, etc. Los giros y regiros de un sistema que no escucha, que hace y deshace, un sistema donde el absurdo de las causas llega a un nivel hilarante y desconectado por completo de las problemáticas sociales.
El espacio ocupado por mueblería de oficina destartalada, máquina de escribir, sellos, lapiceras, carpetas, papeles abrochados que desbordan de los escritorios e invaden el suelo, un reloj sin agujas porque el “no tiempo” pasa en esta oficina burocrática donde los personajes casi- robóticos y de miradas perdidas se encargan de (no)impartir justicia. El fondo, ocupado por un biombo blanco en donde se proyectan en momentos muy específicos dibujos de rostros que gritan y avalan el parecer del Juez, es decir, una forma de representar escenográficamente, la mirada de la sociedad influenciada e influenciadora del devenir del juicio. Es para destacar el trabajo de Camila Lian Colombo (escenógrafa). Acompaña esta construcción espacial, el diseño lumínico de Mariano Ariel Basile que crea los climas necesarios para pasar de situaciones de corte protocolar/ oficial/ burocrático a situaciones absurdas y delirantes. Lugar de encierro, hartazgo, impunidad y resignación. Cada cuerpo que ingresa y respira este aire gris, encarna una corporalidad y voz particular que lo diferencia del otro de forma precisa. Hay incluso actores que son más de un personaje a la vez y construyen esa otredad en escena alterando lo sonoro y la predisposición física (la secretaria que se convierte en madre de la víctima o el secretario del juez que termina siendo abogado defensor).
Cada personaje tiene un rol en el juicio y adopta una pose que va en línea con ello. Es una alegría encontrar un elenco que aborde de forma tan sutil la interpretación y la construcción de personajes que todo el tiempo esconden y disfrazan sus intereses. El poder judicial como un ente corrompido, las causas se inventan, la palabra convence más que las pruebas concretas, las formas y apariencias cobran más relevancia que el ejercicio de lo justo.
“La cita” es una metáfora hiperbolizada de lo que ocurrió y ocurre en relación a la justicia. Aunque si bien exageradas, quien asiste a la representación de este juicio absurdo, encuentra resonancias entre lo que ve dentro y fuera de la sala. Durante una hora, un murmullo de risa constante de parte del público se cuela por entre los diálogos y juegos de palabras inteligentísimos, los momentos de silencio con miradas, gags y juegos corporales, por entre los ruidos de papeles que crujen y sellos y teclas de máquina de escribir. La risa frente a lo desopilante. La risa frente al ridículo. Quizás la risa como reacción a la impotencia de darse cuenta que un juicio por asesinar cucarachas, un abogado cambiante (“panqueque”), un juez manipulador, un acusado a la deriva, no son situaciones tan descabelladas.
Funciones: Sábados a las 18:30 en Teatro Beckett (Guardia Vieja 3556).
Ya sabemos que la televisión quema, nos vienen diciendo el mismo discurso desde que somos chicos, ahora ya no quema la tele pues esta se transformó en redes sociales, aún así sabemos que nuestra opinión puede ser alterada por una persona que, cuya responsabilidad debería transmitir información real en tiempo real, pero en tiempos de año y actuales, lo que vende es el show.
Un breve resumen histórico de la magnífica obra que es Network: » Basada en la película del mismo nombre escrita por Paddy Chayefsky, protagonizada por Faye Dunaway y Robert Duvall, que se obtuvo varios premios Oscar en 1977. En 2017, Lee Hall hizo una adaptación para teatro por encargo del National Theatre, que fue dirigida por Ivo Van Hove e interpretada por Bryan Cranston (Breaking Bad). Tiempo después llegó a Broadway nuevamente con Cranston y se sumaron los talentos de Tony Goldwin, Tatiana Maslany, Ron Canada, entre otros. La obra fue nominada en 6 categorías de los premios Tony de 2019 y Cranston obtuvo el premio a Mejor Actor»
Nada más atractivo para nuestros lectores que una descripción así, y en su efecto la adaptación que hace el gran Juan José Campanella desde nuevo éxito de Broadway, dejará al público que asista al coliseo con la boca abierta.
Con un elenco de grandes actores de teatro y tv, encabezados Florencia Peña, Coco Sily, Eduardo Blanco, Cesar Bordón y Pablo Rago junto a más de veinte actores en escena; la dirección y puesta en escena de Corina Fiorillo para Network, supone una de las mejores hazañas de teatro de 2022. Network no pudiera pensarse sin el gran apartado técnico, este involucra 40 pantallas en panorámica con un gran Diseño de Escenografía de Jorge Ferrar, audiovisuales de Maxi Vecco, iluminación de Ariel del Mastro y sonido de Gastón Briski.
Network es uno de los shows más ambiciosos que se haya hecho en Buenos Aires en los últimos años, si bien la publicidad la señala como una producción de alto presupuesto, la mirada no debe ir por cuánto costó sino por lo que es: una sátira a la TV y al panorama actual, actuaciones de primera y una tecnología de punta para poder recrear todo este noticiero.
Network es un show de televisión donde nosotros más que espectadores, somos participantes en busca de raiting. Disponible de jueves a domingo en el Teatro Coliseo (Marcelo T Alvear 1125)
“Acaba de morir Freddie Mercury de HIV”. Esta frase es lo primero que escuchamos, la voz de una radio nos comunica y nos informa sobre este suceso que cambió miradas y conceptos sobre lo que era el SIDA y lo que podía llegar a causar. Éstas primeras palabras nos sitúan en un contexto y tiempo específico, en los inicios de los años ‘90, donde la incertidumbre, el miedo y la falta de información reinaban tanto en la gente como en el interior de esta casa que nos presenta la escena. Después de ser elegida para representar a la Argentina en el Festival de Teatro Latinoamericano en Bogotá y de recoger excelentes críticas del público y la prensa, “Solsticios de cuna” vuelve a estrenarse con un elenco renovado tras la pandemia. Esta obra dramática se presenta los domingos a las 19 hs en el Multiescena CPM, en Avenida Corrientes 1764.
El director y dramaturgo Daniel Piedrabuena, nos introduce dos fundamentos que se convertirán en el motor de la obra durante su desarrollo: la enfermedad y la familia. Estos ¿antagonistas? toman presencia y comienzan a generar en los personajes peleas, discusiones, reencuentros y cuestionamientos sobre un pasado que difícilmente puede superarse. Al ingresar a la sala, lo primero que nos encontramos es a Eduardo (Emanuel Rojas) sentado en el medio de la escena, dando pequeños respiros de aire, mientras escucha por la radio las noticias sobre la muerte de Freddie Mercury a causa del virus que él también posee. La escena es interrumpida por Norberto (Alejandro Chagas), su hermano, que prende la luz e intenta sacar a Eduardo de ese ambiente depresivo para darle una buena noticia: “Mamá vuelve a casa”.
Al inicio de la obra se puede presenciar una dialéctica bien marcada por las personalidades de los dos hermanos, que permite desplegar un interesante juego de oposiciones sobre cómo enfrentar las injusticias de la vida. De todos modos, su vínculo de hermandad es irrompible y vital, ya que ante la ausencia de una figura materna/paterna durante su infancia, ésta unión es la manera que encontraron de salir adelante. A partir de la llegada de su madre (Nora Pavón), se desempolvan esos recuerdos viejos y nostálgicos que estaban ocultos. Esa madre que solamente la veían en revistas, en fotos o películas, por fin regresaba para un reencuentro inesperado. Y una noticia que era necesaria ser contada.
La obra tiene lugar en una casa antigua y se desarrolla en diferentes espacios de ésta, por lo cual, se convierte en parte de la escenografía y logra que el espectador se sienta invitado como parte de esa noche que están por compartir y vivir. El uso de los diferentes espacios de la casa, su puesta en escena minimalista y la iluminación en momentos decisivos son muy acertados y colaboran en la construcción individual que cada espectador hace de la obra según sus experiencias vividas. También cabe destacar las actuaciones de los personajes ya que logran emanar una fuerte energía colectiva y desde las butacas se puede notar su gran potencial como artistas. Hacen posible el tránsito de diferentes emociones y sensaciones de una manera muy pasional. Habitan los momentos y los espacios con un goce que lo vuelve aún más disfrutable en cada situación.
La historia nos toma por sorpresa, es imposible no empatizar las situaciones que se dan en escena con nuestras propias historias.“Solsticios de cuna” posiciona a la familia como motor fundamental de la vida, sin embargo, los sentimientos de ausencia, culpa y dolor también constituyen la representación de este concepto. La obra nos invita a que abracemos nuestros vínculos familiares y, al mismo tiempo, nos incita a cuestionar la forma en la que nos relacionamos con el otro, las decisiones que tomamos y las actitudes que presenciamos. Es una obra que nos involucra e interpela constantemente y, de alguna manera, sentimos que comienza a hacernos preguntas que necesitan de nuestra respuesta: “¿Los hijos están condenados a heredar las heridas de sus padres?”.
El actor está pasando por un gran presente laboral entre el teatro, el cine y la televisión. En el teatro se presenta cada noche con la comedia “Vamos a Contar Mentiras” Encarna el papel de Arturo, un ladrón disfrazado de cura que junto a Gonzalo Suárez en la piel de Juan llevarán a cabo un delito en la casa de una familia adinerada. Allí comparte escenario con Dario Lopilato, Marcelo de Bellis y Viviana Saccone entre otros actores, es dirigido por Carlos Olivieri y producido por Aldo Funes, en el Multiteatro COMAFI
En televisión y recién estrenada se puede ver a Pablo actuando en la serie “El crimen del Country” que se emite por la pantalla de HBO con emisión semanal, allí personifica al paramédico (amigo de Carlos Carrascosa, y de la familia Belsunce) De los primeros en llegar a la casa, para revisar a María Marta García Belsunce. Esta versión de la serie recrea el accionar de muchos personajes involucrados en uno de los casos que más interesó a la opinión pública en el país y también a los medios de comunicación que le dedicaron horas al caso de María Marta García Belsunse que vivía con su esposo Carlos Carrascosa en el country El Carmel.
Y para coronar un gran año actoral, el próximo mes en el cine se lo verá a Pablo Sorensen participando en la película “Humo bajo el agua”, allí actúa junto a Mariano Martínez y Luis Brandoni entre otros actores. La película relata una historia de amor de dos amigos de la infancia, que florece cuando tienen treinta años. Su personaje en la película es Lucas y llega a la vida de un amigo luego de no haberlo visto durante mucho tiempo.
La esclavitud, las prohibiciones, la libertad y el teatro son las bases en las que ésta obra se funda para dar un mensaje claro y alto: la memoria es de todxs. Muchas veces el accionar que hacemos en ir al teatro es para despertar ciertos recuerdos que creíamos haber olvidado sobre nuestro origen, de dónde venimos, sobre de dónde vinieron nuestros padres/ madres, abuelos y abuelas. Porque es ahí donde el placer y el disfrute de recordar lo olvidado se vuelve fundamental para una de las tantas funciones que posee el teatro mismo. “Mujer sin nombre” nos recibe y nos acobija con sus cantos, sus melodías y sus historias sobre una Argentina que comienza a visualizar un horizonte de libertad allá por el año 1783. Con entrada libre y gratuita, “Mujer sin nombre” podrá verse todos los sábados a partir de las 18 hs en el Centro Cultural Kirchner (Sarmiento 151, CABA).
La pieza teatral nos sitúa en un contexto de mucha represión, guerra y limitaciones, en pleno Virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires se encontraba bajo la Monarquía Católica de España. Es aquí donde las preguntas, la confusión y esas ganas incontenibles de ser libre comienzan a resonar en cada rincón, melodía, en cada letra que estos artistas entonan cada vez más fuerte para hacerse escuchar. La historia cuenta la vida de una joven esclava que es alquilada a un empresario para que trabaje como actriz en el Teatro la Ranchería. Aquí es donde comienza la verdadera aventura para esta esclava que logra encontrar su camino hacia ese nuevo horizonte arriba de las tablas, dentro de un teatro que le abre las puertas para ser quién realmente es (o quién quiera ser).
Una de las características a recalcar de la obra es la música, que viene de la mano de la destacada compositora Amanda Guerreño y con un libreto escrito por Horacio Berón. También cuenta con dirección y preparación musical de Pablo Manzanelli y dirección escénica de Florencia Ayos. El espectáculo además cuenta con un impecable ensamble instrumental que acompañó a los actores y actrices a lograr una sintonía magistral, generando en el espectador un sentimiento de pura emoción al escuchar tanto el canto como la música al unísono. Dicho ensamble está integrado por Yesica Nicolet (flauta traversa), Nahuel Zárate (clarinete), María Florencia Díaz (trompeta), Juana Zapata (trombón), Martín Díaz (guitarra), Edgar Piñero (violín), Jessica Estigarribia (violonchelo), Alan Benavidez (contrabajo) y Arauco Yepes, Gianfranco Barnabá y Maxim Gerlach Lopszyc (percusión).
Otra de las características a destacar son las excelentes interpretaciones del elenco conformado por: María Eugenia Caretti, Santiago Sirur, Luchi de Gyldenfeldt, Juan Pablo Labourdette, Gabriel Vacas, Marcos More Martínez, Rafael Walger y Daniel Ataupilco Estela. Le dan vida a una historia que contiene mucha injusticia pero, al mismo tiempo, permite un juego dialéctico entre el dolor y la música. Esa liberación que solamente es concebida gracias al ritmo de unos tambores bien tocados y unos bailes con mucho entusiasmo dentro de un espacio sin prejuicios. El teatro constituye ese lugar de encuentro, de diversión; sus paredes son las verdaderas murallas ante el disciplinamiento de la razón. La validez del cuerpo, del movimiento y del canto son los pilares y las resistencias que éstos artistas utilizan para no ser vencidos.
Ésta ópera logra dialogar directamente con los orígenes de nuestra música popular y el teatro argentino. Nos cede el paso a descubrir el principio de nuestros ancestros, las injusticias y las prohibiciones de un pueblo que no toleraba el nacimiento de una nueva identidad, una identidad que no puede ser más escondida y que reclama su derecho de salir en libertad. Por eso es tan importante recordar, para mantener encendida la llama de la memoria y así no dejar pasar nunca más los impedimentos de un disciplinamiento que no nos deja ser.
En Animal Teatro, Tadeo Pettinari aborda una puesta que adapta un clásico de Tennesse Williams a una Argentina pobre, absurda y llena de sueños.
A partir de la obra “El zoo de cristal”, que retrata a una familia sureña de los años ‘50 que sueña con una vida mejor que la existente, “No es Disney” reacondiciona la historia al barrio de Once, a una madre con dos hijos esperando a que una realidad, otra realidad, les venga a tocar la puerta. Florencia -interpretada por Mariana Giovine- encarna a una madre que va perdiendo los estribos a medida que el relato avanza, trabajando desde una corporalidad derrotada y cómica que anuda fielmente al público. Desde un retrato hilarante, la pieza tracciona al límite los estereotipos: la hija emo que practica “lectoperformance” y vive citando a autores del siglo pasado, junto con el hijo boludón perdido en la vida mientras trabaja en McDonald’s. Otros personajes se cuelan en la escena y vienen a desestructurar cada vez más los pilares que sostenían a la familia, dejando entrever entre risas y carcajadas los restos de una situación económica y social al borde del abismo, tan absurda que parece un chiste.
Un evento desafortunado sacude a la familia y la coloca en un limbo de incertidumbre, forzando a los personajes a cuestionar sus más profundos caracteres, a interpelarse de manera profunda y sensible. En búsquedas de algo que los sostenga y los encamine hacia un sentido, los roces de los personajes, que parecen deambular en el espacio sin poder encontrarse entre sí, poseen un tinte cómico y fogoso que ridiculiza al extremo la obra y la vuelve puramente humana. Fuera de todo relato solemne, “No es Disney” trabaja la pobreza y la incertidumbre en una realidad donde el rumbo está todo menos señalizado, donde las oportunidades escasean y la rutina se convierte en una monotonía interminable. Con instantes musicales y oníricos, Florencia viaja constantemente al pasado para revisitar una vida que abandonó cuando conoció a su marido, mientras su hijo Iván -interpretado por Juanse Cobo- anhela viajar al extranjero para estudiar música y su hija Andreina -interpretada por Vera Noejovich- se refugia en la literatura y la intelectualidad para construirse un caparazón de la situación que la rodea.
El espacio que acoge la pieza se construye desde el detalle y la magia, revelando un relato absurdo y miserable que guarda su propio encanto. En una puesta que se asume como realista, los juegos de luces y la escena que rodea a la audiencia por completo elabora cuadros que trazan lecturas poéticas, que se escapan de lo mundano y perecedero. Se trabaja la espacialidad incluso previo a que el público ingrese a la sala, ocupando el total del teatro y apostando por apoderarse de todas las posibilidades que propone la sala. “No es Disney” propone en la escena teatral independiente la reversión de un clásico traído a lo absurdo del contexto que transitamos, con la tierna propuesta de buscar en el encuentro y los sueños el hallazgo de otras realidades posibles.
Funciones: Sabados a las 20hs- El Animal teatro (Castro 561)