Reseña: Yegua

Eloy Rossen

Un poema vuelto carne


En un territorio delimitado por el trazado de un crucifijo, Tortón, Daisy -la moto- y la yegua circulan por los vaivenes de una dramaturgia poética que cruza al desamor con la irreverencia cuir en un discurso irreverente.


“Yegua”, ganadora de la Convocatoria Ciudad Diversa a proyectos de artes escénicas con perspectiva de género LGBTIQ+, inicia su temporada en el Galpón de Guevara con la dirección de Maruja Bustamante, quien aborda la dramaturgia de Bel Gatti desde una puesta escénica rupturista e innovadora. La pieza relata la Vía Crucis de Tortón (interpretada por Melina Milone): una masculinidad lésbica que deambula por la llanura bonaerense con Daisy, su moto (interpretada por Analía Ayala), y descubre en el devenir de su soliloquio desamoroso, el encuentro sensible con una yegua solitaria (interpretada por Jorge Thefs). Ambás, Tortón y Yegua, desde su corporalidad chocante y su impronta disidente, se entienden como hijas no reconocidas del sistema, negadas a amar y ser amadas, despojadas de su humanidad. Dividida no por escenas sino por estrofas poéticas, la obra reinventa las doce estaciones de Jesucristo para volverlas Tortón, y acompaña las meditaciones de la/el protagonista en sus últimos momentos previos a la muerte, o a eso que se llama final pero es sólo otro tránsito más.


“Me vas a querer” canta Pablo Viotti desde su teclado, caracterizado como una monja, mientras anuncia el título de cada estación a medida que el camino de la/el héroe Tortón avanza. La pieza comienza con Tortón obligada/o a convivir en un convento de monjas, dado que su moto Daisy se avería, lo que la/lo lleva al encuentro con la yegua, que acompañará sus últimos momentos antes de abandonar por completo el lenguaje. Desde un universo sumamente erótico, donde la llanura y la ruta se entremezclan con el cuero y la fantasía lésbica, “Yegua” se constituye como un mensaje irreverente: contra la religión, contra el mandato, pero por sobre todo contra las formas cerradas. La obra quiebra con el género y las categorías, pero se atreve a extenderse más allá de eso y trabaja con la animalización y la objetivización: una moto que baila, una yegua que canta y una torta sobrehumana. Desde la cruz fluorescente que se dibuja en el suelo del escenario, se abre el juego a toda posibilidad creativa, en un arrebato contra la historía de la religión que se hace lesbiana y cuir. Sobre la construcción de un Tortón-cristo, “Yegua” elabora versos de pura belleza para llamar al desacato a las monjas que silencian su deseo caliente, para denunciar a los padres que nunca la supieron reconocer, para soñar con las amantes que la dejaron a la deriva. No cabe dudas de que el discurso político que se construye impacta de manera profunda en cada una de las butacas, pero la tintura de comedia tierna y divina que se le agrega la vuelve preciosamente teatral.
Melina Milone gesta una corporalidad óptima para albergar a Tortón, y el elenco que la acompaña sostiene la ficción de manera detallada, incluso desde los más pequeños gestos. Inmersa en una estética erótica con cueros y cadenas, el monólogo que sostiene Milone conmueve hasta el hueso, no sólo por la vulnerabilidad de sus palabras sino por el sueño con las cuales invita a la audiencia a construir. “Yegua” es un poema vuelto carne, un discurso vuelto arte y un dolor vuelto encuentro: de donde se la vea resulta difícil no salir a buscar -ya afuera de la sala- ese universo tan único que propone.


“Yegua” está todos los miércoles a las 21.00hs en El Galpón de Guevara. Podés conseguir tus entradas a través de Alternativa Teatral.

Reseña: Lo que vendrá

Por Eloy Rossen

Las cajas en el fondo del armario
Federico Marrale escribe e interpreta “Lo que vendrá”, una comedia dramática sobre las cajas que escondemos en el fondo del armario o los chats que ocultamos en lo profundo del celular: las cosas desencontradas que un día vuelven a la vida.


Las cajas de mudanza apiladas, el mate lavado apoyado sobre la mesa y la duda sostenida en el aire: una pareja cruza recuerdos y anécdotas en los últimos momentos de su casa, fluctuando sobre si irse definitivamente o no. En ese diálogo inconcluso, la presencia de una caja que no cabe en ningún lado, que guarda algo desconocido, comienza a agrietar los cimientos que sostienen a la pareja, deviniendo en la llegada de un tercero que parece llegar para ponerle un punto final a la situación. En una iluminación llana, que lo deja al descubierto todo, Anahí Gadda, María Forni y Federico Marrale sostienen una actuación que se mantiene impune durante toda la función, arrastrando al público hasta el fondo de la ficción.


Ante la espera no sólo de los muchachos de la mudanza, sino de un embarazo, la pareja -interpretada por Marrale y Gadda- se topa con los graciosos hallazgos de objetos abandonados: las cintas con las que solía coser, una casetera que suena horrible, la camiseta violeta de mis veinte años que ya no me entra. Y entre las decisiones a último momento y las cintas embaladoras que sellan los recuerdos, se cuela la última vista desde el balcón o la despedida de la baldosa rota que nunca se reparó. Con el adiós final que clausura los momentos vividos en ese lugar, la vacilación se entromete en la conversación y se empiezan a dibujar posibilidades absurdas: ¿Y si tiramos abajo la pared y ampliamos el living? ¿Y si arreglamos la baldosa? ¿Y si nos quedamos? Entre las vueltas cómicas se empieza a tejer una tensión dramática, y los personajes se chocan en ese devenir, intentando organizar un tiempo y un espacio que no se deja amansar.


Anahí Gadda construye con una sinceridad conmovedora el cuerpo de una mujer a la espera: a la espera de un marido que se enfrente con sus secretos y a la espera de una mudanza que traiga un mejor porvenir. Por otro lado, María Forni y Federico Marrale alimentan una tensión subyacente que va ensanchando la incomodidad en el espacio, con una dramaturgia áspera que va reclamando cada vez más. Sin dudas, Anahí Ribero realiza un trabajo de dirección sumamente afilado, elaborando con un ritmo cautivante no sólo el suceder de las acciones, sino el ambiente que alberga la afectividad de los intérpretes.


La dramaturgia de Marrale y la dirección de Ribero se congenian para formular una obra orgánica y atrapante, provocando en la audiencia una atención aguda. En una puesta que propone la incertidumbre como territorio a habitar, “Lo que vendrá” deja entrever más allá de lo que dice, construyendo una comedia que parece tener más oscuros que claros.


“Lo que vendrá” está todos los domingos a las 21.00hs en Nün Teatro Bar. Podés conseguir tus entradas a través de Alternativa Teatral.

Reseña: Lee Chen

El nintendo de la nostalgia

Para las personas mayores, es decir, aquellas que nacieron antes del 2000 y que conocieron de a lleno el auge de la tecnología digital seguro habrán jugado en alguna de las consolas que en su momento eran la sensación, entre ellas el nintendo 64 y el gamecube. Ambas adictivas por igual, dónde introduciamos una tarjeta y luego estaba aquel sonidito monofónicos y los personajes en lego pixelados.



Junto a la participación del jovencísimo elenco de la escuela Kairos, llega Lee Chen. Junto a Agus Arias, Belu Bracco, Cami Caivano, Mar Chiarante, Micaela Halabi, Ra Patiño, Carolina Peiretti, Mica Ponieman, Magali Trachitte, Titto Valdez y Melani Vila cómo actores y performers de esta obra escrita, musicalizada y dirigida por Francisco Ruiz Barlett.

Una casa, una caja que dos hermanos descubren, el polvo que genera abrir esa caja, los objetos obsoletos, las fotos de la infancia y una consola de vídeo de inicios de los 90, van a destapar la nostalgia de dos jóvenes adultos, van a hacer reflorecer el duelo de ambos.

Además de la conmovedora historia y el talento de estos once actores, desde el inicio hasta el final nuestras pupilas estarán dilatadas e hipnotizadas ante el despliegue visual que Samir Carrillo diseña (siendo el Kairós uno de los pocos teatros en Buenos con tan buena ejecución de diseño de luces)

Lee Chen o Lee vs Chen. ¿Cuál de los dos personajes quieres ser?
Dos round, uno adicional en caso de empate. El gamecub y la nostalgia que evoca una caja encontrada.
¿A dónde quedaron esos recuerdos de niños?

Lee Chen está disponible los viernes a las 21:15 en el Teatro Kairos (El Salvador 4530)
Este próximo lunes es la última función, la recomiendo. Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

Reseña: Violeta no se hunde

Historias inhundibles

Solo aquella persona que haya o este viviendo ahora dentro de una cueva, no conoce la trágica historia del naufragio del Titanic, o al menos haya visto la ultragalardonada película de James Cameron de 1997. En la primera mitad de siglo XX varios fueron los naufragios que quedaron para los libros de historia, tal parece que era la época dónde se hundían los barcos pero no las historias, entre ellas, la historia de Violeta.



«La bruma se avecina y Violeta se hace presente. Esa mujer, que supo ser real, se hace carne para regalarnos sus vivencias y sus recuerdos. El mar es como un imán, nadie puede despegarse de él y Violeta no es la excepción. Tras tres naufragios, entre ellos el Titanic, Violeta sigue en pie como el mástil de un barco. No existe fuerza que la arrastre. Violeta no se hunde, siempre permanece» Esta es la reseña de la obra escrita y dirigida por Hernán Cuevas.

Bajo la actuación de Julia Sarquis, Jimena Betcher y Antonella Fulco cómo las versiones joven, adulta y mayor de Violeta, junto a la participación de Lucas Gentili y Axel Bobbio, la obra de Cuevas nos lleva a un escenario donde los recuerdos van a converger en una narración nutrida, todo esto mediante a un relato lineal sobre la biografía de Violet Jessop.

Siendo honesto, desconocía la historia de Violet Jessop, argentina de padres irlandeses nacida en Bahía Blanca, que haya sobrevivido a tres naufragios y entre ellos al Titanic, debió ser una experiencia única, tantas supervivencias hacen de un personaje único y digno de ser adaptado en cine, y en este caso a teatro gracias a Hernán Cuevas. La Compañía El Grito hace la escenografía de la obra y las luces son diseñadas por Carlos Rivadero, estos factores junto al vestuario de Matías Strarapoli hacen de Violeta no se hunde, un show ideal para los amantes de la historia, los barcos y para aquellos que busquen fascinación en una gran historia que jamás se hundió.

Violeta no se hunde es la historia de una argentina que sobrevivió para contarlo, una historia cuyo naufragio nunca llegó realizarse por completo pues en esta obra se reinvidica.

Disponible los jueves a las 21 en el Teatro El Grito (Costa Rica 5459)

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

Reseña: Embarazados

Embarazados de estrés

No debe ser fácil ser padres primerizos, más en los 20’s cuando se no sabe aún lo que se quiere; en lo personal tener un hijo hoy en día se convertiría una pesadilla, ¿Qué depara entonces a esas parejas que deciden tener un hijo sin esperarlo y con nula experiencia? Dios se apiade de ellos.



En 2007 se estrenó la divertida y entrañable comedia «Ligeramente Embarazada» protagonizada por Katherine Heighl y Seth Rogen, la recuerdo justo ahora pues el antecedente perfecto para reseñar esta divertida comedia musical.

«La obra nos relata la historia de amor de Oliver y Mora que se encuentra atravesada por un hecho inesperado: sin buscarlo, Mora queda embarazada. Esta noticia toma por sorpresa a nuestros personajes que sin dudarlo comienzan a encarar este embarazo con alegría e ingenuidad.
La convivencia entre ellos empieza de buena manera hasta que sus pequeñas diferencias se vuelven mas problemáticas e inmanejables». Así es la sinopsis de la obra de Juan Ignacio Bruzzo.

Juan López Boyadjian y Francisca Bodas son los protagonistas de esta tierna historia, ambos con una química capaz de salir del teatro subterráneo Picadilly y llegar hasta el obelisco, además de ser bien dirigidos por Tomas Massun, muestran sus dotes vocales.

Juana Lafta dirige la banda de la música original de esta comedia, mediante un relajado rock que remite a las sitcoms de los 90’s, Lafta supo captar bien el mensaje que Bruzzo quiso transmitir.
Además de dirigir, Tomas Massun diseña el escenario, plasma todos los detalles del mismo con precisión, además lo adapta para recrear los entreactos.

Lo mejor de esta obra es sin duda los papeles e interpretación de Boyadjian y Bodas, van a transmitir además de risas, suspiros y total dulzura al escenario, papeles muy opuestos entre si que el amor sabrá cómo conectar.
Una muestra honesta de las relaciones de parejas y el estrés de estar embarazo de estrés.

Disponible los domingos a las 20 horas en el Teatro Picadilly (Av. Corrientes 1524)

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

Reseña: El infortunio o las consecuencias de hacer teatro



Por Sofía Luna Roberts

Muchas de las tragedias que nos acompañaron en nuestro trayecto de vida han sido razón de ocio y disfrute ante el deleite de la narrativa aristotélica que siempre nos conduce a una lectura apasionada y expectante pero, sin embargo, han sido también la base para disparar un montón de preguntas e interrogantes acerca de esta misma narrativa y su estructura tan fatal y, claramente, trágica. De esto es lo que Lucía Cisneros y Gerónimo Gutiérrez nos cuentan en “El infortunio o las consecuencias de hacer teatro”, nos presentan algunas de las obras clásicas de William Shakespeare y nos adentran en un mundo donde sus personajes comienzan a cobrar vida y a cuestionarse sus existencias dramáticas. Esta obra los espera todos los sábados a las 21:45 hs en el Taller del Ángel en la calle Mario Bravo 1239, en el barrio de Palermo.



La pieza nos presenta a Analía Ayala, Enzo Cejas, Lucila Tamame, Juan Ignacio Piasentini, Brian Moreno y Agustín Chenaut como los portadores de piel de los personajes y se enfrentan a los devenires de un destino que, claramente, ya se encuentra escrito bajo la autoridad del gran William Shakespeare. Éstos comparten el intenso placer por actuar, pero año tras año la repetición, reiteración y la perpetua monotonía van convirtiendo lo que es una pasión en una verdadera condena. La gran pregunta que conduce la obra es: ¿qué sucede cuando no se puede escapar del destino?

Aquí el espacio del teatro mismo se convierte parte de la obra, el espacio de exhibición y recepción por parte de los espectadores sirve como fundamento excepcional del vivir de estos personajes que nos encontramos en escena. Los cuales no hallan otro sentido de la vida más que de interpretar y reinterpretar esas obras clásicas hasta el cansancio. Nos sumergen a un espacio – tiempo paralelo, a un mundo que está gobernado bajo la escritura de un mismo autor para mostrarnos las pesadas decisiones con las que habitan día a día y nos enseñan las diferentes maneras de sobrellevar la carga legitimadora de sus personajes y sus textos a representar. Sin embargo, en el trayecto, comenzamos a vivenciar un cierto desliz lúdico con respecto a las obras de Shakespeare. Ya que, si bien se respetan los textos del mismo, la historia en sí los va llevando a que se desvirtúen dando lugar a la mezcla, a la hibridez de nuevas formas y lenguajes para interpretar un clásico.

La aparición del lenguaje musical es un elemento excepcional para brindarle, a la ambientación, un potencial único y vibrante. El intérprete musical Facundo Llebeili compone una sinfonía mágica que acompaña en todo momento a la historia, la locura, los suspiros, las acciones y los silencios de los personajes en escena. La combinación de estos lenguajes llega a su máximo logrando que los espectadores nos sometamos mucho más a las narrativas de lo que William Shakespeare tiene para decirnos. La escenografía, puesta en escena y vestimenta están muy bien logradas para la entrada a este mundo de la tragedia y comedia. Los cuerpos que se entregan a ese teatro y a esos personajes logran una manera particular e inigualable de llevar el texto a su más alto potencial.

“El infortunio o las consecuencias de hacer teatro” nos deja libres sus asientos y nos invita a poseer este mundo shakesperiano como espectador y deleitarnos con sus obras compuestas por un tinte contemporáneo que no deja de sorprendernos. Nos incita a pensar en aquellas acciones que repetimos diariamente y hacernos dar cuenta de que hay otras salidas alternativas a lo cotidiano, a la repetición de hábitos, a lo ya escrito, a lo impuesto por el otro. Simplemente hay que atrevernos a cuestionar y cedernos el espacio para ser los pioneros de nuestras propias escenas.

Reseña: Real Self

La oportunidad para ser REAL

¿Te has preguntado cuándo fue la última vez que fuiste real?


Cargamos mascaras desde nuestros inicios, mostrarnos cómo realmente somos puede costar caro, aún así hay personas que llevan el orgullo como consigna propia. Si tuvieras una única oportunidad de atreverte a ser real, ¿La tomarías?

Real self expierence vuelve a Buenos Aires luego del contexto de la pandemia, aún es una experiencia necesaria para tener contacto.



Para quienes no tuvieron oportunidad de estar en la edición de 2019, solo se puede recomendar mediante una premisa:

«Llega a Buenos Aires la primera experiencia inmersiva en total anonimato.

¿Es un show?

¿Es un juego?

¿Es una fiesta?

Es lo que vos querés que sea.
Desde el anonimato podemos mostrarnos tal como somos. Ser más verdaderos que nunca.
¿Te animás a ser real?»

El show creado y dirigido por Jabo Drucaroff plantea una experiencia única, donde los participantes irán en grupo y por cupo limitado; la idea es no saber de qué va y cómo. La seguridad de los participantes está 100% garantizada.

Mediante un alucinante diseño de luces estrobostópicas, una mapping 360° junto con la música original de Dylan Lerner; Real Self ubica a los participantes en una sala oscura y acondicionada. En hora y media todos deben ser anónimos pero reales, para ellos se garantiza que todos lleven mascaras y un traje único por lo que será imposible reconocer al otro. Se pide que los teléfonos y pertenencias personales queden un locker cuya llave llevarás en una pulsera, todo esto antes de entrar al evento, aún así podrás sacarte selfies con el traje. La total y absoluta inmersión garantiza que el participante de desconecte de lo que hay afuera de la sala, este entrará en un entorno terapéutico y sensorial.

Se recomienda que las personas que asistan vayan con la cabeza abierta y con ganas de no spoilear la experiencia, decir poco ayuda a que los demás puedan disfrutarla igual que lo hiciste.
Real Self expierence es una oportunidad única para ser real, pues es posible que fuera de esa hora y media, nos cueste sacar las máscaras ante la sociedad.



Funciones de miércoles a domingo en los turnos de 18:30 y 20:30 en el Centro de Convenciones Buenos Aires (Figueroa Alcorta 2099, al lado de la Facultad de Derecho).

Se recomienda ir con ropa deportiva y cómoda, es un espectáculo para +16. Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

Reseña: Cómo piensan el tiempo las tortugas

Las relaciones familiares y el paso del tiempo

Se dice que los hermanos son los compañeros que tenemos para toda la vida, aunque haya un lazo sanguíneo inquebrantable, no siempre estos no conservan una unión consolidada.
¿Qué harías para reparar la relación con tus hermanos? Seguramente mucho, es una decisión personal pero el no estar cerca duele, más cuando pasa el tiempo.



«Dos hermanas comparten un recuerdo, se encuentran, discuten, se rìen, se ayudan a tramitar lo imposible. Un viaje empezado hace tiempo, en unas termas, subiendo de gruta en gruta».

Viviana Suranti y Romina Sznaider son las encargadas de protagonizar este íntimo y conmovedor drama. Ambas con una química avasalladora, interpretan a personajes tan genuinos y sinceros, enmarcados en un ambiente melancólico y lleno de sosiego. Tanto Suranti como Sznaider poseen fuerza pero también delicadeza para atravesar las etapas dramáticas del texto de Ricardo Ryser.

Pilar Boyle sabe jugar con la sugestión y las metáforas, nos mete en esta terma dónde la intimidad hará que se revelen secretos familiares y de alguna forma, el vapor hará que se ablande el corazón. Débora Teplitzki ejecuta una excelente escenografía llena de detalles, nos lleva directamente a una terma pero también nos brinda espacio para más interpretaciones.

Cómo piensan el tiempo las tortugas (Hermanas), es una excelente obra para ver con tus hermanos o para replantear qué tan alejados estamos de nuestra familia y porqué. Disponible los martes a las 21 horas en Num Teatro (Juan Ramírez Velasco 419) Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca.

Reseña: Boleros para un poeta y una mujer

Algo contigo

Este autor creció con boleros. Este género popularizado por México en los años cuarenta, representa el maximo exponente de la música romántica en español. Letras apasionadas sobre el deseo de amar y no poder, la pasión desenfrenada y la desolación de no tener a quien no se ama.
Ver una obra sobre boleros me trajo remembranzas.



«ÉL está enamorado de ella desde siempre. Ella hoy también cree estar enamorada pero de otro hombre.
Ella necesita un confidente y no se le ocurre mejor idea que elegirlo a él.
ÉL aprovecha el anonimato para poder dedicarle poemas y poner en palabras lo que su corazón siente.
A medida que la historia transcurre ella se va enamorando de las palabras que lee sin sospechar quién es el autor de las mismas.» Esta es la reseña de la obra escrita y dirigida por Héctor Presa.

Héctor Presa se inspira más allá de los boleros, también en los poemas de Mario Benedetti. El poeta uruguayo y el género musical tienen tanto en común que es imposible no hacer paralelismos; presa escoge a Carlo Argento y Ana Padilla para ser los protagonistas de esta tierna historia.

Junto la música en vivo de Esteban Rozenszain, Boleros para un poeta y una mujer pone en escena a Carlo Argento y Ana Padilla con una química insuperable. Ambos realizan un ritual de cortejo inocente y puro, tal como si fuera una canción de bolero. Mientras hablan, danzan y cantan grandes clásicos.

Boleros para un poeta y una mujer es una obra entrañable que nos hará reconectar con el amor y el bolero, también dará introducción a aquellos centennials que nunca han escuchado algún bolero. Disponible los sábados a las 2
19:30 en el Teatro La Galera (Humbolt 1591)

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

Reseña:. Pacífico

Desolación y paranoia

Estando en la ciudad podemos imaginar la vida en trabajos remotos como un tedio, cuando me refiero a ‘remoto’, hablo de zonas tan desoladas y apartadas de toda civilización, dónde no hay nada más que silencio y las voces de la noche.
Obviamente estando en la ciudad pensamos sobre cómo puede ser, más no tenemos una remota idea.



«Es más difícil la aventura cuando se necesita un sueldo todos los meses.
Es más fácil equivocarse cuando ninguna opción es tan buena.
Es más fácil sentirse enamorado cuando afuera es todo llano y árido.
Es más difícil salir ileso de la tragedia cuando todo esto se da junto, todo a la vez». Esta es la sinopsis de la obra que Laura Fernández escribe junto Daniela Salerno.

En un paso fronterizo entre la frontera de Argentina y Chile, dónde no hay más que temperaturas bajo cero, soledad y penumbra, una mujer de ciudad debe dar el control migratorio. ¿Podrá conservar la cordura? Es lo que el personaje de Daniela Salerno debe plantearse.

Salerno llega con fuerza en este rol que divaga entre hechos que pueden ser real o producto de su imaginación. En su monólogo, vemos poco a poco el fracturar de su cordura mientras relata hechos particularmente raros. El lenguaje corporal que usa expresa incomodidad y paranoia, parte de este efecto también es gracias a la escenografía de Nicolás Notte.

Fernández dirige a Salerno de una forma tal que podamos meternos en su cabeza, cuestionar lo que ella vio e incluso, introducir terror.

La narrativa del texto de ambas está cargada de imágenes, se puede sentir cada línea a medida que el relato avanza y cambia de todos. Un buen ejercicio de la narración dramaturgica. Pacífico es una obra que nos lleva a la desolación y su posterior paranoia.

Disponible los viernes a las 20:30 en el Portón Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034) Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.