Análisis: SIFU para Xbox Series



Sifu nos cuenta la historia de un joven aprendiz de artes marciales, que puede ser chico o chica según elijamos, el cual ve cómo su padre muere mientras intenta defender su casa de unos invasores algo familiares. No sabemos exactamente qué buscaban o cuál es su relación, pero sí que queremos vengarnos.



8 años después, ya como adultos y con todos los fundamentos del kung-fu aprendidos, nos lanzamos a una aventura que dura una noche entera, en la que hemos de encontrar a los 5 líderes que orquestaron esa matanza y acabar con ellos. Comenzamos a jugar con 20 años y hemos de superar cinco grandes zonas. Al final de cada una de ellas, nos espera el correspondiente jefe final.

En su superficie, Sifu es un beat ‘em up al estilo de clásicos como Streets of Rage o Final Fight, pero tridimensional. Con solo un par de botones, podemos lanzar toda clase de golpes a los matones que nos van saliendo al paso, pero en seguida nos damos cuenta de que hay mucho más por descubrir. Lo primero que llama la atención es que el juego tiene una dificultad muy alta desde el principio. Y es aquí no podemos aporrear botones para ver qué sale. Este es un juego de pelea muy técnico, en el que debemos estar totalmente concentrados para saber cuándo bloquear, fintar o alejarnos.



Para entenderlo mejor, hay que conocer la disposición de botones. Tenemos uno de ataque ligero y otro de ataque fuerte, que lógicamente podemos combinar para hacer toda clase de combos. Otro botón sirve para tomar armas o bien para atacar a un enemigo caído. En los gatillos está la clave, uno de ellos sirve para alejarnos, pero lo fundamental está en el que usamos para protegernos. Si lo dejamos presionado y pulsamos una dirección en el momento justo, podremos esquivar un golpe, lo cual es fundamental. Estas esquivas son cruciales en los duelos contra los jefes finales y enemigos complicados. Como en las artes marciales de verdad, tenemos que respirar hondo, enfrentarnos al rival, esquivar con precisión sus ataques y aguardar al momento justo en que baje la guardia para contraatacar.

A base de combinar esquivas, cobertura y huida llegamos a romper la defensa del rival, lo que lo puede dejar indefenso por unos momentos. Si le queda poca salud, se nos instará a usar un ataque final demoledor, pulsando dos botones a la vez. Estos ataques no solo son espectaculares, sino que además hacen que recuperemos una pequeña porción de salud. De hecho, salvo unas pequeñas excepciones, esta es la única forma de sanarnos que nos da el juego, por lo que hay que saber aprovecharla. Si encadenamos más de un enemigo caído, el héroe estará «on fire» y eliminará a los siguientes con menos golpes. Además de nuestra barra de salud, tenemos una barra de concentración que se va llenando a medida que golpeamos y, una vez llena, permite ejecutar en momentos clave ataques especiales imparables, como un barrido que tumbe al enemigo o un «piquete de ojos», que lo atonte por un momento.



Por último, tenemos una barra de equilibrio, que se llena a medida que recibimos golpes. Si esta llega a saturarse, nuestro personaje se tambaleará y quedará a merced de los malos, así que es prudente alejarse de vez en cuando para que el equilibrio se restaure solo. Aunque nuestros puños y patadas son cruciales, también iremos encontrando armas que dan pie a movimientos únicos y causan más daño, como bastones, armas blancas u objetos de un solo uso tales como botellas. Podemos usarlas en el cuerpo a cuerpo o bien arrojarlas para golpear por sorpresa. Todo esto ya hace que los combates tengan mucha miga de por sí, pero aún no hemos entrado en el aspecto más original de Sifu: el envejecimiento. Si nos golpean demasiado, nuestro personaje muere, pero podemos hacer que resucite en el mismo sitio gracias a un misterioso poder.

El precio a pagar es que el héroe envejece cada vez que resucita. La primera vez, solo envejecemos un año, así que pasamos de los 20 a los 21. Pero si nos matan de nuevo, envejeceremos 2 años más. Si nos matan de nuevo, envejeceremos 3 años. Cada vez que iniciamos una nueva decena, no solo cambia nuestro aspecto, sino que pasamos a hacer más daño con cada golpe, pero nosotros tendremos menos barra de salud. Si llegamos a los 70 años, la siguiente muerte será la última y tendremos que reiniciar el nivel.



Hay ciertos «trucos» para evitar nuestro envejecimiento. Por un lado, si después de morir conseguimos acabar con enemigos clave, reduciremos el contador de muertes. Así, si estaba «previsto» que con la siguiente muerte envejeciéramos dos años, pero conseguimos una victoria clave, con la siguiente muerte envejeceremos solo un año.

Cada vez que empezamos un nuevo escenario, arrancamos con la edad con la que acabamos el anterior. Así, si superamos la primera fase con 60 años, nos tocará arrancar la segunda siendo ya unos adultos mayores. Pero claro, si morimos de viejos o directamente abandonamos, al volver a entrar en ese nivel empezaríamos con esos 60 años, no con más. Siempre empezamos con la edad más joven con la que hayamos llegado al nivel.

Hay un factor extra que da aún más juego: nuestro tablón de pistas. El héroe quiere averiguar qué pasó en realidad hace 8 años, así que va recogiendo pistas como cartas o folletos en los niveles, que automáticamente quedan reflejados en el tablón. Lo que esté en el tablón permanece siempre, aunque muramos.

Esto es importante, porque en ese tablón podemos añadir algunas llaves o tarjetas que nos den acceso a rutas alternativas del nivel, las cuales suelen ser más rápidas. Así, puede que nos vengan avanzar mucho en el nivel, aunque acabemos siendo muy viejos, porque quizá desbloqueemos una ruta más cómoda que podamos seguir luego, siendo más jóvenes.

Los niveles de Sifu también esconden algunas estatuillas de dragón. Podemos usar cada una solo una vez y, al hacerlo, ganamos el derecho a desbloquear mejoras que se apliquen hasta que muramos definitivamente: más daño con las armas, más capacidad de concentración. Para poderlas desbloquear, necesitamos un número de puntos de experiencia, de puntos en general o incluso tener una edad determinada. Si somos demasiado viejos, no podremos desbloquear algunas ventajas. Ya lo veis, este juego de lucha hilar muy fino hasta en las ventajas que nos da.

En esas mismas estatuillas o cada vez que nos matan, podemos invertir los puntos de experiencia en aprender nuevos movimientos: un ataque cargado, combos nuevos de puños y patadas. Algunos son extremadamente útiles, pero si nos matan, los perderemos. La única solución es gastar su precio multiplicado por 6, lo que los desbloqueará permanentemente.

Llegados a este punto, tendrás claro que Sifu no es el típico juego de peleas. Tiene normas muy estrictas, que una vez bien entendidas os pueden facilitar bastante la vida. Pero lo más probable es que al principio el juego les resulte extremadamente frustrante. Tiene combates muy, muy duros y seguramente se queden pasmados más de una vez al ver cómo envejeces sin parar, sin que te de tiempo de conectar más de un par de golpes.



Conclusión
Sifu es un juego que merece muchísimo la pena. Al igual que en las viejas películas asiáticas de artes marciales o en su anime favorito, puede que al principio crean que los retos son imposibles, pero a base de observar, perseverar y saber cuándo hacer cada cosa, mejoraran casi sin darse cuenta. Tanto es así que, cuando ya hayan superado algunos niveles y vuelvan al primero, se sorprenderán de lo fácil que resulta algo que parecía inabarcable antes. Es, en definitiva, un sorprendente placer visual en muchos momentos, gracias en buena medida a los juegos de cámaras y a unos movimientos de lucha apabullantes, que nos hacen creernos el mismísimo Bruce Lee.

Calificación 9/10

Crítica “Los hijos de otros” (Festival de Cine Francés)



El deseo de formar una familia.

En esta ocasión, Rebecca Zlotowski expone un nicho en parte inexplorado. “Los hijos de otros” (2022) nos cuenta la historia de Rachel, una profesora de secundaria que se enamora de un hombre divorciado y empieza a establecer una conexión emocional con la hija de este. La película trabaja sobre el concepto de la pertenencia y el legado. Si bien hay situaciones de menor ritmo que pueden tornarse aburridas, esta historia nutre de emoción al espectador con grandes actuaciones de carácter naturalista, sumiéndolo en momentos de tensión y drama absoluto.


Más allá de las expectativas sociales y culturales, Rachel busca experimentar el vínculo materno-filial. La relación entre Rachel y la hija de su pareja se vuelve tan cercana que realmente da pena observar las desfavorables situaciones que se presentan. Esta película, además, explora la toxicidad masculina. El hombre posiciona a Rachel en un papel secundario, y la frustración comienza a consumirla cuando entiende que cada vez está más lejos de tener un hijo “propio”. Es una mujer de mediana edad, el tiempo la aprisiona y sus seres queridos avanzan por un camino que ella desearía tener. Así es como también busca una salida ayudando a otros niños de la escuela donde trabaja.


Cabe mencionar que se muestran en pantalla gran cantidad de escenas de desnudos, haciendo énfasis en el sexo como elemento fundamental de la natividad y la tradición. Así que no es la película más recomendable para ver con niños pequeños.
Todo lo mencionado se combina con una gran dirección de fotografía y movimientos de cámara de larga duración. Entre la dirección y las actuaciones, se vuelve una gran experiencia audiovisual. Por momentos recuerda a otras películas como Marriage Story (2019) o Beautiful Boy (2018), lo cual demarca un estilo muy virtuoso.

Calificación: 9/10

“Los hijos de otros” fue proyectada el 16 de marzo en el Festival de Cine Francés de Buenos Aires, en el Cinépolis del Recoleta Urban Mall.

Por Nicolas Becerra

Crítica: Empieza el baile

El lamento del tango

Tango es sinónimo de lamentos y nostalgias, al menos ese es el sentir del tanguero en lo que transmite con sus letras, tal como si se tratara de un músico maldito, aquel que sufre con sus canciones. Los arquetipos del tango ya están definidos en la cultura.



El tango intenta no morir y no quiere convertirse en un recuerdo de la tercera edad y una atracción exótica para los turistas. El cine se encarga de rescatarlo y preservarlo, así sea con clichés, el género porteño no morirá aún.

La película original de Marina Seresesky se resume con una premisa que da entender hacia dónde va la trama: »Carlos y Margarita fueron la pareja de tango más famosa y reconocida de su época. Hoy, poco y nada queda de ese esplendor, de esa pasión que los llevó a compartir, escenarios, viajes y vida» Nostalgia transmite incluso el poster, donde se aprecian los protagonistas, Dario Grandinetti, Mercedes Morán y Jorge Marrale son el trío de primeros actores que llevan la película.

Empieza el baile cae, recae en la categoría de Road Movie, los protagonistas incursionan en un viaje que los llevará a redescubrir los orígenes del tango, pero más allá de eso, es una travesía para perdonar y sanar heridas. Las intenciones son nobles, los actores son comprometidos y transmiten la melancolía que la directora plasma en su guión, capaz el problema cae en las situaciones que a veces coquetean con el tono telenovelero y esto provoca desconexión.

El manejo de cámara en mano temblorosa, los planos desfavorecedores y las tomas en exteriores no cuidadas con el ambiente hacen del filme de una experiencia donde se noten estos detalles técnicos de su fotografía.

El factor sorpresa o un real gancho no existe, el espectador se deja llevar por su premisa parsimoniosa y acepta el producto, capaz ese es el acierto. Empieza el baile es una experiencia de un tango tranquilo pero sin piruetas.

Calificación 6/10


Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web

Eruca Sativa: Culminó su festejo de los 15 años de carrera con un increíble show en el Teatro Coliseo.

Eruca sativa festejó sus 15 años de carrera manera muy intensa. Lanzaron «Dopelganga» un disco de versiones de música argentina y latinoamericana, hicieron un show en obras, y también fueron destacados como personalidad destacada de la cultura en la legislatura porteña. El pasado 15 de abril se dió un nuevo show en el Teatro Coliseo para continuar con este festejo, y fue una noche para celebrar con lo mejor de su música e invitados especiales.

Arrancando con «Sola en los bares» se inició el show en un Coliseo repleto y que desde temprano se percibía este ambiente de celebración. Sus integrantes Lula Bertoldi, Gabriel Pedernera y Brenda Martin desplegaron todo su talento y energía en el escenario. Siguieron el show con otras versiones de Dopelganga como Ojalá, una canción de Silvio Rodriguez a la cual le dieron su sello distintivo.

Una de las grandes sorpresas de la noche fue la participación de Leon Gieco en el show, con quienes cantaron tres temas y fue uno de los momentos más celebrados de la noche. Entre esos temas estuvieron «Creo» «La memoria» y «Cinco siglos igual». Gieco no fue el único invitado de la noche ya que también se hizo presente «Miau Trio» con quienes cantaron «Caparazon».

Eruca Sativa festejó sus 15 años a puro festejo en el Teatro Coliseo, gracias a sus invitados, a la euforia del público y de los artistas que hasta salieron a la platea a bailar, se consideró este aniversario la gran fiesta que la banda merecía.

Agradecemos enormemente a Nillo prensa por permitirnos asistir al show y poder realizar nuestra cobertura.

Música para volar: Presenta su show «Soda Sinfónico» en el Teatro Broadway el 29 de abril

El show será el próximo 29 de abril en el Teatro Broadway y las entradas se podrán adquirir en MPVOLAR.COM.AR

Música para Volar y el arte de crear “momentos de encuentro con canciones“
Durante una década, el grupo argentino ha abordado la obra de Gustavo Cerati, Charly García y Luis Alberto Spinetta, con arreglos originales para orquesta. Sus puestas utilizan instalaciones audiovisuales para convertir los conciertos en relatos inmersivos.


Tras 10 años de actividad, en los espectáculos de Música para Volar participaron más de 800 instrumentistas en toda Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile.

El grupo Música para Volar está integrado por José Matteucci en batería y voz, Alexis Thompson en guitarra, Julieta Sciasci en bajo y voz y Bruno Moreno en piano, quien además se encarga de componer los arreglos orquestales y de cámara de sus espectáculos.
Con diez años de trayectoria, la banda realiza habitualmente giras con sus diferentes espectáculos sinfónicos, de cámara y eléctricos, en los cuales abordan repertorios diversos, interpretando obras de grandes referentes del rock latinoamericano, como Gustavo Cerati, Charly García y Luis Alberti Spinetta.



Música para Volar (@mpvolar en redes) se formó en 2012, en la ciudad de Rosario, Argentina. En aquel momento, el objetivo era interpretar en forma íntegra un disco, el mítico Unplugged de Soda Stereo, llamado “Comfort y música para volar“. La sonoridad de esa obra es muy especial, ya que -transgrediendo las reglas que hasta ese entonces imponía la serie de grabaciones de MTV- combina los instrumentos eléctricos de una banda de rock con arreglos de cuerdas.
La experiencia musical de ensamblar en vivo esa mixtura tan particular, así como la búsqueda de generar un espectáculo que “desordene la lectura“ utilizando proyecciones sincronizadas, fueron el germen del proyecto Música para Volar, que tras un par de años desarrollando repertorio e interpretaciones, se propuso crear su primer espectáculo sinfónico, donde más de 50 intérpretes, entre banda, orquesta y coro polifónico, se unieron para generar una sonoridad única.


Música para Volar se convirtió así en el nombre del grupo, y en el concepto que impulsa el proyecto: “Que la música sea la protagonista, y en cada recital dejar que ella nos lleve a donde quiera“, sostuvo Julieta Sciasci, bajista.

FMK: Desplegó todo su talento en su primer Luna Park

El 14 de abril fue la fecha elegida para que Enzo Sauthier, conocido como FMK, diera su primer show en un repleto Luna Park, donde cantó todos sus hits y contó con la presencia de invitados especiales y algunas sorpresas.

Pasada las 21 horas se dio paso al show, con el público esperando la salida del artista, quien junto a talentosos músicos comenzó su show. En su primer tramo se escucharon temas como «Parte de mi» y «Princesa». Luego de eso el predio se pintó de amarillo para traer invitados como MYA, con la canción «La dificil» y la aparición Tiago PZK con «Prende la cámara».

Luego de varios hits en solitario, donde se pudo apreciar el talento vocal de FMK , sonando de manera espléndida en vivo, se dio paso a la participación de Robleis, con quien si bien no han hecho colaboración musical, si el artista formó parte de la composición del tema «Solo» del famoso cantante y streamer. Uno de los primeros momentos más celebrados fue la aparición de Retutu y Migrantes, quienes hicieron una versión del tema «Hoy volví a verte». Recientemente fmk había participado en el show de Rusherking en movistar arena, quien dijo presente para cantar nuevamente «Bandido» junto a Emanero.

Una participación que era muy esperada era la de María Becerra, quien salió al escenario para cantar tranquila, y fue donde luego de ello, llegó una de las más grandes sorpresas de la noche. Maria empezó a cantar una reconocida canción de miranda, y fue donde el dúo apareció y dieron el adelanto en vivo de la nueva versión de «Perfecta» hecho por Miranda, junto a FMK y Maria Becerra, que ya se encuentra disponible.

El joven artista nos dio una gran noche en la que si bien nos llenó de artistas invitados con los que tuvo grandes colaboraciones, también nos demostró su brillo propio y lo bien que se aprecia escucharlo cantar en vivo, demostrando todo su talento y presencia arriba del escenario.

Agradecemos a la gente de Supernova y Vicky Roa por invitarnos al show y permitirnos asistir como corresponsales de prensa.

Fotos: Luciana Estela Aguilar

Reseña: Pampa Escarlata

“Pampa escarlata”, la obra ganadora de la Convocatoria Óperas Primas del CC Rojas en 2019, vuelve al teatro en su cuarta temporada.






La historia gira en torno a Mildred Barren, una damisela adinerada de la Inglaterra del siglo XIX. Ella desea ser una gran pintora y por esto toma clases con el reconocido profesor Woodcock, quien continuamente reprueba los paisajes y las naturalezas muertas que la joven caprichosa hace y rehace en su alcoba. Harto ya de tanta nada, Woodcock pone fecha límite a Mildred. De no cambiar la temática de sus pinturas, el profesor abandonará a la joven: “Observe, señorita Barren, que hay mucho para ver. Y en consecuencia, para pintar también. Quizás no tenga que mirar hacia su temido afuera, siquiera. (…) Quiero decir que quizás usted esté dotada de cierto fuego interior que jamás se haya atrevido a expresar. O, peor aún, que usted ni siquiera conozca. Es su última esperanza”. Su última esperanza. Fuego interior. Las palabras de Woodstock quedan resonando y Mildred atraviesa la desesperación creativa de quien no encuentra la respuesta, el motor, el aire nuevo. Su criada Isidra, oriunda de las lejanas Pampas, le prepara una poción reconfortante propia de esas tierras bestiales. He aquí la llave, la salvación a la que Barren se agazapa, el elixir galopante que le enciende el pecho y hace que pincel y lienzo ardan. La imagen inimaginada se apodera de todo, la pintura viva de lo desconocido.

Elementos del gótico, del barroco, del género epistolar, de las novelas de la campiña inglesa, de lo gauchesco. Julián Cnochaert (dramaturgo y director) logra un texto híbrido donde se abordan de forma directa, por momentos, e indirecto, por otros, problemáticas en torno a la originalidad, a la creación, a la apropiación cultural, a la histórica y paradójica lucha entre civilización- barbarie: ambos polos se tocan más de la cuenta e intercambian lugares, no son compartimentos estancos, hay admiración y repulsión desde lo civilizado hacia lo bárbaro (y viceversa). “Pampa Escarlata” abre interrogantes, es una obra de preguntas, una obra que defiende la escena y la ficción como lugar de encuentro y reflexión. Una dramaturgia con un peso literario encantador que se traduce en una puesta imprescindible de la cartelera porteña. Un lenguaje barroco que no por eso deja de lado la acción, todo el tiempo se está en presente a pesar de palabras y palabras y oraciones que se pliegan unas sobre otras. Un texto construido de forma inteligente en todas sus aristas, el trabajo del qué decir está en constante diálogo con el cómo. También allí, en ese cómo, laten las temáticas planteadas, las formas literarias bárbaras- gauchescas rozan, chocan y se abrazan con las civilizadas- europeas.

La constitución de la Nación Argentina fue (¿y es?) compleja. La definición del ser argentino se dio (¿y da?) por comparación, diferenciación y asimilación hacia el interior del propio territorio (disputas internas entre proyectos de país). Pero también esa Nación se construyó (¿y construye?) por comparación, diferenciación y asimilación con ese otro extranjero imperialista que mientras por un lado dobleg(a)ó, por el otro no dej(a)ó de forjar y ser parte de la identidad. Negarlo es desconocer a ese propio ser Nación. Ser argentino es ser un híbrido, un resultado inacabado aún (¿cuándo acaba?) del encuentro complejo entre ese afuera y ese adentro. Como este texto, como “Pampa Escarlata”, como los cuadros de Mildred. “Si los de ajuera fueron los primero’ en configurarno’, que no se entere nadie. Mientchras tanto’, que’esta colección sea el shrecurso natural, la fuente primigenia pa’ propiciar el shrelato fundacional… ¡de la nación Artentina!”, estas son las últimas palabras de Isidra. Mildred Barren pinta a partir del brebaje que viene de las raíces de esa Pampa colonizada, bebe lo profundo de esa tierra sangre escarlata, la damisela que acusa de monstruosa a la otra sin mirar su propio reflejo poseído y vampiresco. En todo caso, ahí reside el todo, en la incapacidad de pronunciarse como un ser de múltiples aristas que a costa de afirmarse desconoce a la otredad incluso en aquello que admira.

En “Pampa Escarlata” los personajes son atroces y sensibles, crueles e inocentes: damisela monstruosa, profesor hipócrita y esnob, criada que se alza con fuerza y toma revancha. Lucía Adúriz se calza los ropajes de la joven débil y deseante de aprobación que termina transformándose en una vampira insaciable y desorbitada por la pócima sudaca y los efectos que ella tiene en su cuerpo. Lo que sucede en escena es admirable. Lucía Adúriz hipnotiza con sus formas del decir, con su construcción hipnotizante de imágenes y corporalidades que responden a las distintas identidades/ posesiones que habitan en ella. Pablo Bronstein es el profesor, también él despliega un abanico expresivo desopilante pasando de la denostación a la admiración por las pinturas de Mildred, su decir es claro y placentero y el manejo corporal que realiza es para aplaudir de pie. Por último Carolina Llargues, Isidra, logra la acumulación energética precisa para estallar en el final de la obra: “Io ia soy pampa, soy adentro, soy fuego y soy estero”, la criada que ya no calla, sus denuncias nacen de las entrañas. Los tres en escena construyen una máquina satírica, dinámica, absurda y siniestra, cargada de humor y épica, donde diálogos y soliloquios adquieren una densidad tan rica que dan ganas de repetir y volver a escuchar.

Hay que nombrar la escenografía (Cecilia Zuvialde) austera con sólo algunos elementos que dan cuenta del cuarto de la damisela. Los cambios de luz (Ricardo Sica) que acompañan las posesiones y construyen distintos espacios sin que sea necesario mudar objetos ni elementos. El vestuario (Paola Delgado) vistoso y representativo de los tipos genéricos de los personajes de la Inglaterra del Siglo XIX. La música (Cecilia Castro) que irrumpe en estos ataques intempestivos en el que el genio creativo se apodera y que también funciona como separador entre los tres grandes momentos de la obra que van dando cuenta del deterioro de la refinada Mildred.

Pintura, música, imagen, texto, expresiones filosas. “Pampa Escarlata” encuentra una nueva forma de tratar el mito de la fundación de la Nación Argentina. La risa, el silencio reflexivo, el público no puede perderse de nada. Teatro brujo. “Tiene moviemento, una beieza atrevida, así de que entra por lo’ ojo y se queda ahí dentro deuno, pero también grande potencia, ciertamente, que siempre se agradece de ver, porque al vershlo, está todo dicho”, eso dice Isidra tímidamente cuando debe dar su opinión sobre el primer cuadro nuevo de Barren. Ahí, quizás, el resumen de todo. “Pampa escarlata”, obra que se agradece de ver, porque al verla, está todo dicho.


“Pampa Escarlata”– Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378)– Viernes 22:30


Ficha Técnica
Autoría y Dirección: Julián Cnochaert
Actúan: Lucía Adúriz, Pablo Bronstein, Carolina Llargues
Diseño de vestuario: Paola Delgado
Diseño de escenografía: Cecilia Zuvialde
Diseño De Sonido: Cecilia Castro
Diseño De Iluminación: Ricardo Sica
Fotografía: Marianela Muniz
Asistencia de dirección: Lucía Gusmán (Luchitron)
Prensa y Producción :Carolina Stegmayer


Escribió: Micaela Steinbach

Análisis: The last worker para Nintendo Switch



Que dura es la vida del currito. Esta es la conclusión principal después de jugar a este título. El videojuego desarrollado por Wired Productions (estudio inglés fundado en 2013) resulta atractivo a priori pero el resultado final está desequilibrado por diferentes motivos.

La historia nos sitúa en una distopia futurista donde nuestro protagonista (Kurt), ha sufrido una duro revés vital y trabaja para una multinacional llamada Jüngle. Su trabajo diario consiste en buscar, categorizar y dar salida a paquetes (a muchos de vosotros os recordará al empleado típico de una famosa empresa norteamericana cuyo logo es una sonrisa). Pero no os dejéis engañar. Por la noche hará las veces de topo para desentrañar las oscuras intenciones de esta multinacional. A nivel gráfico se trata de un título bien diseñado donde destacan los escenarios futuristas, robots que aportan más profundidad a la historia aunque se echa de menos que haya un mayor nivel de detalle puesto que en muchas ocasiones los escenarios resultan vacíos. A nivel jugable el personaje responde correctamente a los controles aunque a veces se mueve de manera torpe.

Las misiones son sencillas puesto que cuentan con un origen y final predeterminados. Esto supone una arma de doble filo. Algunos jugadores estarán contentos por disfrutar de una aventura sin complicaciones mientras que otros tantos sentirán cierta sensación de vacío puesto que no podrán investigar de manera libre las diferentes tramas que podrían surgir a partir de las interacciones del personaje con los diferentes NPC. Por lo que respecta al apartado sonoro es notable ya que la banda sonora ha sido compuesta por Oliver Kraus (Adele, Florence and the Machine y Sia) y cuenta con actores de doblaje tales como con Jason Isaacs (Harry Potter, The OA, Death of Stalin), Ólafur Darri Ólafsson (Severance, The Deep), Clare-Hope Ashitey (Children of Men) y David Hewlett (The Shape of Water, Stargate: Atlantis). Como punto negativo indicaros que el videojuego no viene traducido al español por lo que tendremos que conformamos con tener disponibles subtítulos en dicho idioma.

La duración de esta aventura se sitúa en torno a las 4-5 horas por lo que se hace entretenido, podremos coleccionar diferentes productos y tendremos también la posibilidad de disfrutar de diferentes finales lo que resulta un incentivo para querer rejugarlo.
En resumen nos encontramos ante un título con un planteamiento atractivo y un buen nivel técnico y jugable. El personaje resulta simpático y podemos llegar a empatizar con él pero a nivel argumental nos encontramos ante un título que se queda corto por la falta de ambición del estudio desarrollador.

Espero que os haya gustado este análisis y nos vemos pronto en La Butaca Web.

Os quiero 3000:)

Calificación: 6/10

Castor Troy

Análisis: Dredge para PC

Por Alejandeo Corell

“No está muerto lo que puede yacer eternamente y con el paso del tiempo, incluso puede morir la Muerte”


El universo narrativo de Lovecraft capturó mi interés ya desde mi tierna juventud, momentos en los que especiar la monotonía de la vida con matices de desesperación, horror ante el infinito y desesperanza parecía el mejor camino a seguir. De una forma u otra, la obra narrativa del genio de Providence ha influido notablemente a todos los medios culturales. Los videojuegos, como no, poco tardaron en servirse también de estas premisas para incluir en sus bibliotecas todo tipo de interpretaciones, algunas más destacables en sus valores de producción que otras, pero todas ellas conformando interesantes acercamientos.
Como buen seguidor del género, no podía dejar pasar la oportunidad de jugar a Dredge, el juego del barquito lovecraftiano y no me arrepiento para nada de haberlo hecho. La premisa de este es bastante simple: tenemos un pequeño barco pesquero y cada día deberemos de salir a mar abierto en busca de nuevos bancos de peces que arrastrar fuera de su húmedo entorno vital para poder venderlos y mejorar nuestra equipación.



No hace falta complicarse demasiado para obtener un buen resultado, y el sistema de farming y su desarrollo mantienen un ritmo muy equilibrado que permite al jugador sentirse en continua evolución. Ni muy rápido ni muy lento, aunque el resultado puede variar en función de las decisiones de cada uno. Estas presentan un punto crítico cuando el sol se pone y la noche llega, con todo lo que esta arrastra.
Ya decía Lovecraft, con mucha razón, que “la emoción más antigua e intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo e intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”. Esta premisa se aplica en Dredge desde su inicio. Dentro del pequeño mundo abierto por el que nos desplazaremos nos encontraremos con todo tipo de biomas, sorprendentes y partícipes de una bonita postal de día, pero realmente amenazadores de noche. Como tantos otros títulos inspirados en estas obras, contaremos con un medidor de cordura, que irá reduciéndose conforme más nos expongamos a la oscuridad y/o a cualquier suceso perturbador. A la vez, cuanto más elevado sea este, mayor será la frecuencia con la que nos encontraremos con este tipo de sucesos.



He de confesar que mi progresión en el juego avanzó muy lentamente los primeros días porque no tenía el valor suficiente para enfrentar la oscuridad y volvía raudo como aquel perseguido por la blanca dama cada vez que el reloj marcaba la caída del sol, suceso que suele llegar rápidamente ya que el tiempo pasa enormemente rápido, aunque únicamente cuando nos desplazamos o realizamos alguna acción.
Una vez que fui capaz de aceptar mi funesto destino y me lancé a la noche, pude disfrutar de todo el potencial de Dredge, que se marca sin duda como un juego de contrastes. Con un presupuesto limitado, el equipo de Black Salt Games ha apostado por desarrollar un título de dimensiones reducidas, lo que le permite brillar en todo su recorrido sin caer en intervalos muy repetitivos o frustrantes. No obstante, esto no significa que nuestro viaje sea coser y cantar, ya que la dificultad del título radica en lo poco resistente que es nuestra embarcación. Un pequeño toquecito contra cualquier superficie y los daños serán considerables. En muchas ocasiones perderemos la funcionalidad de alguna herramienta básica, como las cañas o los motores o veremos impotentes como nuestra valiosa carga se va borda abajo.



Pese a su reducido tamaño, hay espacio más que de sobra para la investigación. Explorar cada rincón del mapa es una actitud muy premiada por el título, permitiendo que nos crucemos con herramientas y recursos fundamentales para mejorar nuestro navío, así como con todo tipo de personajes, que desarrollarán la narrativa de la obra tanto como nosotros queramos bucear en ella.
Sin lugar a duda, Dredge se posiciona muy alto en la lista de los mejores indies del año. Recomiendo encarecidamente disfrutar de esta producción a todos los seguidores de la obra de H. P. Lovecraft, así como todo aquel que quiera iniciarse en ella o disfrute de los juegos de pesca. Pero tened cuidado al entrar en ella, no miréis demasiado fijamente al abismo, o este os devolverá la mirada.


Calificación: 9/10.

Crítica: El exorcista del Papa

Por Patricio Müller



Esta cinta me soprendió, porque esperaba una cosa y recibí algo totalmente distinto e inesperado, pero ojo, no me quejo.


La película esta basada en hechos reales(o mejor dicho, en las memorias de su autor que escribió unas cuantas obras) y sigue al sacerdote Gabriele Amorth, que ejercio como exorcista en la diócesis de Roma y quien esta interpretado por el gran Russell Crowe. Cabe mencionar que antes de ir a verla, yo no tenia idea de que estaba basado en hechos reales y sin embargo no es necesario saber sobre el tema para disfrutarla.


De primera tengo que decir que es mas una sátira que una película de terror. Obvio tiene elementos para serlo como jumpscares y ni hablar de todo lo satánico que se presenta desde un principio. Pero todo eso no llega a combertirla en una obra terrorífica, es más, no busca ni pretende serlo.


La cinta tiene bastante humor por momentos, y eso gracias al personaje del padre Amorth que tiene una personalidad muy peculiar. Un hombre decidido y experimentado en el campo del exorcismo y que a veces tira chistes y suele tomarse con calma las cosas. Del mismo modo gracias a él, nosotros los espectadores nos sentimos seguros cada vez que él se encuentra en escena o acude al auxilio de otro personaje.


La película nos da algo distinto. Esperamos asustarnos pero esa sensación se aleja cuando la trama avanza. Asi que si esperas terror quizás esta no sea tú película, pero si se la pasa bien.

Calificación 7/10
Patricio Müller