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Julio O´Byrne y Leonel Vallejo vuelven al Teatro Payró con su versión de “La muerte de Marguerite Duras” de Eduardo «Tato» Pavlosky.
Un hombre en la soledad de su casa observa la agonía y consecuente muerte de una mosca a quien llama Marguerite Duras. Este hecho se vuelve la llave que abre la puerta al ejercicio de la memoria. Los recuerdos de la infancia, del padre, de aquel verano, del paso del tiempo. Este hombre recibe visitas, son los fantasmas de su pasado quienes llaman a la puerta y van trazando un camino de recuerdos en donde fluye la fantasía, el temor, el odio, el amor. En el hombre, la complejidad del yo y el nosotros, la duda existencial, el miedo y, a la vez, la curiosidad por la muerte y por el qué vendrá.
El texto de Pavlosky enfrenta al ser con la finitud, la banalidad de la muerte de una mosca despierta la consciencia del propio estar. Como uno de los tantos fantasmas que se encuentran con el hombre, Marguerite Duras sobrevuela. Homenaje quizás a la escritora francesa conocida por tratar en su literatura temas como la soledad, el viaje, el infinito, la inmortalidad, lo imposible: “Mirad las arenas muertas del desierto, el cuerpo muerto de los niños: la inmortalidad no pasa por ahí, se detiene y los esquiva”.
La versión que Julio O´Byrne y Leonel Vallejo (actores, directores y productores) realizan es novedosa: aquel hombre está desdoblado, el choque de la propia existencia consigo misma se aborda desde dos cuerpos en escena: “Dos caras de una misma moneda”, dice el programa de mano. La convivencia entre el torturador y la víctima, lo terrenal y lo poético, lo suave y lo duro, el boxeador y el actor.
El ritmo que logra el dúo es dinámico. Soliloquios que se combinan con diálogos vertiginosos, momentos de risa y otros de angustia sepulcral. Es para aplaudir la versatilidad corporal y vocal de ambos a la hora de encarnar la identidad desdoblada del protagonista, así como los múltiples fantasmas que irrumpen. Química grupal, funcionamiento colectivo. ¿Qué será que “funcione”? Quizás esa magia que mantiene al público activo repensando(se), reflexionando(se), siguiendo los recuerdos de un hombre que también hablan de la memoria del país.
El espacio (Facundo Veiras) está ocupado por dos sillas, un perchero y un proyector de diapositivas. El vestuario (Facundo Veiras) es funcional a la construcción de las diferencias que separan (¿o unen?) a las partes de ese yo. Todos estos elementos sitúan al protagonista en la década del ’70. La música original (Pablo Luna) actúa como separador de escenas. Cabe mencionar también al diseño lumínico (Miguel Ángel Madrid) en el que los espacios del sueño y de la fantasía se construyen en contraposición con la realidad mundana y solitaria.
Julio O´Byrne y Leonel Vallejo han logrado un (no)monólogo que demuestra que el texto de Pavlosky sigue vigente, que los temas que en él se abordan son actualizables al infinito, que la memoria es acción necesaria y que el teatro como espacio de juego, renovación, reflexión y diálogo sigue produciendo eso: el encuentro con un otro, con el presente, con la historia y con el propio ser.
“La muerte de MArguerite Duras”– Jueves 20hs– Teatro Payró (San Martín 766)
“Pampa escarlata”, la obra ganadora de la Convocatoria Óperas Primas del CC Rojas en 2019, vuelve al teatro en su cuarta temporada.
La historia gira en torno a Mildred Barren, una damisela adinerada de la Inglaterra del siglo XIX. Ella desea ser una gran pintora y por esto toma clases con el reconocido profesor Woodcock, quien continuamente reprueba los paisajes y las naturalezas muertas que la joven caprichosa hace y rehace en su alcoba. Harto ya de tanta nada, Woodcock pone fecha límite a Mildred. De no cambiar la temática de sus pinturas, el profesor abandonará a la joven: “Observe, señorita Barren, que hay mucho para ver. Y en consecuencia, para pintar también. Quizás no tenga que mirar hacia su temido afuera, siquiera. (…) Quiero decir que quizás usted esté dotada de cierto fuego interior que jamás se haya atrevido a expresar. O, peor aún, que usted ni siquiera conozca. Es su última esperanza”. Su última esperanza. Fuego interior. Las palabras de Woodstock quedan resonando y Mildred atraviesa la desesperación creativa de quien no encuentra la respuesta, el motor, el aire nuevo. Su criada Isidra, oriunda de las lejanas Pampas, le prepara una poción reconfortante propia de esas tierras bestiales. He aquí la llave, la salvación a la que Barren se agazapa, el elixir galopante que le enciende el pecho y hace que pincel y lienzo ardan. La imagen inimaginada se apodera de todo, la pintura viva de lo desconocido.
Elementos del gótico, del barroco, del género epistolar, de las novelas de la campiña inglesa, de lo gauchesco. Julián Cnochaert (dramaturgo y director) logra un texto híbrido donde se abordan de forma directa, por momentos, e indirecto, por otros, problemáticas en torno a la originalidad, a la creación, a la apropiación cultural, a la histórica y paradójica lucha entre civilización- barbarie: ambos polos se tocan más de la cuenta e intercambian lugares, no son compartimentos estancos, hay admiración y repulsión desde lo civilizado hacia lo bárbaro (y viceversa). “Pampa Escarlata” abre interrogantes, es una obra de preguntas, una obra que defiende la escena y la ficción como lugar de encuentro y reflexión. Una dramaturgia con un peso literario encantador que se traduce en una puesta imprescindible de la cartelera porteña. Un lenguaje barroco que no por eso deja de lado la acción, todo el tiempo se está en presente a pesar de palabras y palabras y oraciones que se pliegan unas sobre otras. Un texto construido de forma inteligente en todas sus aristas, el trabajo del qué decir está en constante diálogo con el cómo. También allí, en ese cómo, laten las temáticas planteadas, las formas literarias bárbaras- gauchescas rozan, chocan y se abrazan con las civilizadas- europeas.
La constitución de la Nación Argentina fue (¿y es?) compleja. La definición del ser argentino se dio (¿y da?) por comparación, diferenciación y asimilación hacia el interior del propio territorio (disputas internas entre proyectos de país). Pero también esa Nación se construyó (¿y construye?) por comparación, diferenciación y asimilación con ese otro extranjero imperialista que mientras por un lado dobleg(a)ó, por el otro no dej(a)ó de forjar y ser parte de la identidad. Negarlo es desconocer a ese propio ser Nación. Ser argentino es ser un híbrido, un resultado inacabado aún (¿cuándo acaba?) del encuentro complejo entre ese afuera y ese adentro. Como este texto, como “Pampa Escarlata”, como los cuadros de Mildred. “Si los de ajuera fueron los primero’ en configurarno’, que no se entere nadie. Mientchras tanto’, que’esta colección sea el shrecurso natural, la fuente primigenia pa’ propiciar el shrelato fundacional… ¡de la nación Artentina!”, estas son las últimas palabras de Isidra. Mildred Barren pinta a partir del brebaje que viene de las raíces de esa Pampa colonizada, bebe lo profundo de esa tierra sangre escarlata, la damisela que acusa de monstruosa a la otra sin mirar su propio reflejo poseído y vampiresco. En todo caso, ahí reside el todo, en la incapacidad de pronunciarse como un ser de múltiples aristas que a costa de afirmarse desconoce a la otredad incluso en aquello que admira.
En “Pampa Escarlata” los personajes son atroces y sensibles, crueles e inocentes: damisela monstruosa, profesor hipócrita y esnob, criada que se alza con fuerza y toma revancha. Lucía Adúriz se calza los ropajes de la joven débil y deseante de aprobación que termina transformándose en una vampira insaciable y desorbitada por la pócima sudaca y los efectos que ella tiene en su cuerpo. Lo que sucede en escena es admirable. Lucía Adúriz hipnotiza con sus formas del decir, con su construcción hipnotizante de imágenes y corporalidades que responden a las distintas identidades/ posesiones que habitan en ella. Pablo Bronstein es el profesor, también él despliega un abanico expresivo desopilante pasando de la denostación a la admiración por las pinturas de Mildred, su decir es claro y placentero y el manejo corporal que realiza es para aplaudir de pie. Por último Carolina Llargues, Isidra, logra la acumulación energética precisa para estallar en el final de la obra: “Io ia soy pampa, soy adentro, soy fuego y soy estero”, la criada que ya no calla, sus denuncias nacen de las entrañas. Los tres en escena construyen una máquina satírica, dinámica, absurda y siniestra, cargada de humor y épica, donde diálogos y soliloquios adquieren una densidad tan rica que dan ganas de repetir y volver a escuchar.
Hay que nombrar la escenografía (Cecilia Zuvialde) austera con sólo algunos elementos que dan cuenta del cuarto de la damisela. Los cambios de luz (Ricardo Sica) que acompañan las posesiones y construyen distintos espacios sin que sea necesario mudar objetos ni elementos. El vestuario (Paola Delgado) vistoso y representativo de los tipos genéricos de los personajes de la Inglaterra del Siglo XIX. La música (Cecilia Castro) que irrumpe en estos ataques intempestivos en el que el genio creativo se apodera y que también funciona como separador entre los tres grandes momentos de la obra que van dando cuenta del deterioro de la refinada Mildred.
Pintura, música, imagen, texto, expresiones filosas. “Pampa Escarlata” encuentra una nueva forma de tratar el mito de la fundación de la Nación Argentina. La risa, el silencio reflexivo, el público no puede perderse de nada. Teatro brujo. “Tiene moviemento, una beieza atrevida, así de que entra por lo’ ojo y se queda ahí dentro deuno, pero también grande potencia, ciertamente, que siempre se agradece de ver, porque al vershlo, está todo dicho”, eso dice Isidra tímidamente cuando debe dar su opinión sobre el primer cuadro nuevo de Barren. Ahí, quizás, el resumen de todo. “Pampa escarlata”, obra que se agradece de ver, porque al verla, está todo dicho.
“Pampa Escarlata”– Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378)– Viernes 22:30
Ficha Técnica Autoría y Dirección: Julián Cnochaert Actúan: Lucía Adúriz, Pablo Bronstein, Carolina Llargues Diseño de vestuario: Paola Delgado Diseño de escenografía: Cecilia Zuvialde Diseño De Sonido: Cecilia Castro Diseño De Iluminación: Ricardo Sica Fotografía: Marianela Muniz Asistencia de dirección: Lucía Gusmán (Luchitron) Prensa y Producción :Carolina Stegmayer
El pasado martes 11 de abril tuvimos la oportunidad de asistir a la función de prensa e invitados de la obra «Votemos», una producción de Adrian Suar, que nos mete en una reunión de consorcio en la que deben votar (y juzgar) sobre si aceptan que se le alquile un departamento a alguien que se conoce que padece una enfermedad mental. Se trata de una comedia que ofrece un debate sobre la salud mental, los límites de la convivencia y la estigmatización, con humor e ironía.
La obra comienza con una reunión de consorcio, donde siete personas se juntan para votar sobre el cambio de ascensor, algo que al parecer el edificio necesita con urgencia. Todo parecía estar en un unánime acuerdo, hasta cuando uno de los propietarios cuenta que logró conseguir un inquilino para su departamento. Ante el asombro de los demás propietarios, indagan sobre quien sería el nuevo vecino, ya que se trata de un departamento no muy decoroso. Al casi terminar la reunión este hombre hace el comentario de que el posible nuevo vecino, lo conocía en su trabajo, por un programa de reinsercion laboral, ya que este padecía un problema de salud mental. Esto encendió las alarmas de todos los vecinos presentes, quienes mostraron su preocupación y prejuicios por el nuevo inquilino, por lo que intentan dar paso a una votación para ver si se queda o no.
Si bien el tono de la obra es comedia, toca este tema particular de una manera realista y que pese a las situaciones hilarantes desde lo teatral, le da un tratamiento serio a como reacciona. La discusión toma esas cuestiones que pueden estar presentes, como la preocupación por ellos mismos, por su familia, pero también el hecho de juzgar por el desconocimiento y la ignorancia.
En la parte actoral, son 8 los actores quienes mantienen una participación equilibrada, con distintas personalidades bien marcadas, y que todo su buen trabajo individual hace al conjunto.
Votemos es una obra más que interesante que desde el lado de la comedia toma un tema serio y del que a veces no se discute tanto: La salud mental. Entre esa discusión viene de la mano la ignorancia y la discriminación, y que mejor escenario que la de una reunión de consorcio, donde solo un pequeño grupo de personas deciden por el «beneficio» de la comunidad. Es una obra con grandes actuaciones, que nos hace reír pero también reflexionar.
ELENCO (por orden alfabético) AGUSTINA CHERRI GUSTAVO GARZÓN JUAN GIL NAVARRO VIRGINIA LAGO TOMAS KIRZNER CARLOS PORTALUPPI MURIEL SANTA ANA y ALAN DAICZ.
Entradas en venta en http://www.plateanet.com o en la boletería del teatro METROPOLITAN (Av. Corrientes 1343) Funciones de Miércoles a Domingo.
Dentro de la danza contemporánea- interpretativa todo es posible, el cuerpo es un vehículo para contar una historia, el diseño audiovisual y el arte plástico son los acompañamientos que elevan la experiencia a otro nivel, uno más Cyberpunk, surrealista, sensual y terrorífico.
Patricio Suárez define sus cuatro ciervos en Carne Argentina:
«Seres híbridos formados por materia viva, píxeles y basura.
Danza de cuerpos urbanizados por la carrera tecnológica y la precariedad.
Viñetas descoloridas sobre la educación sentimental masculina.
La escena como caleidoscopio de nuestro tiempo: sueño».
Ramiro Cortez, Mateo De Urquiza, Gastón Gatti y Javier Murphy Figueroa son los intérpretes de esta obra. La visión de Ciervos de las Pampas Cyberpunk de Patricio Suárez lleva a estos cuatros jóvenes a un estado de éxtasis y transformaciones.
Suárez es encargado del escenario y del sonido, lo cual demuestra que la visión de esta obra es 100 % suya y resulta novedosa pues lo primero que veremos es una escenografía en visión periférica dónde el público es grabado, nosotros somos nuestros espectadores; no es hasta que entran los perfomers que entramos al universo de Suárez.
Suárez nos propone una apuesta desafiante, homoerotica, futurista, salvaje e interpretativa. Los perfomers ponen todo de si más allá del talento, toda su resistencia física ya que acá los veremos por etapas y exposiciones grupales y solitario, cada uno puede brillar.
No hay que finalizar la reseña sin mencionar el gran trabajo de Matías Sendon en la iluminación. El técnico nos sumerge aún más eligiendo azules eléctricos, rosas led y rojos infierno. Un espectáculo que roza lo electrónico. Carne argentina es un espectáculo sensorial que impacta por sus fases, una distinta de otra. Un paseo por lo animal, el hombre, lo salvaje y el futuro.
Disponible los jueves a las 21 horas en el Galpón Guevara. Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.
La generación X y parte de los millennials recordarán el furor que causó Mansion Maniac durante su lanzamiento en 1987-El primer videojuego de LucasFilm innovó por usar la comedia y la sátira, todo esto en una época donde Nintendo tenía valores más tradicionales y dedicados los más jóvenes. Todo esto es un contexto histórico pues lamentablemente no conozco el juego ni mucho menos lo jugué, lo bueno es que en este musical vamos a entrar en la Mansión maniatica.
La obra producto de la dirección y libreto de Pablo Torres Flores nos resume su trama en lo siguiente:
»Dave tiene una misión: rescatar a su novia Sandy, que fue secuestrada por el Dr. Fred, un científico que vive con su familia en una mansión en las afueras de la ciudad. Se dice que cerca de aquella morada, un meteorito cayó, desatando sucesos por lo menos extraños. Para esta misión, Dave recurre a sus amigos: Razor, Bernard y Wendy».
Josefina Belardo, Juan Esteban Bonora, Juan Cruz Tresalet, Emmanuel Degracia, Karina Gordillo, Pauli Kisel, Dani Mercado, Camila Orellana, Catalina Otero, Julieta Perelstein, Candela Jeanette Regulez, Ximena Rey, Julian Vanrell, Aimara Vazquez, Marián Lorena Vázquez y Luna Vivanco Frias forman parte de este numeroso elenco integrado por jóvenes artistas de teatro musical. Pablo Flores Torres también forma parte y nada más como el villano Dr Fred, sin duda el mejor personaje.
El proyecto de Mansión Maniática es producto del imaginario de Pablo Flores Torres, siendo este uno de sus juegos preferidos. Tanto la música original como la letra son del artista.Cada personaje tiene su momento de brillo en los solitarios, los jóvenes actores despliegan sus talentos vocales en canciones pegadizas de género rock pop.
La coreografía es de Gabriela P. Manildo. El numeroso grupo de jóvenes artistas se coordina de la mejor manera para hacer los pasos de Manildo, a su vez brillan en el escenario, luciendo trajes que van de colores eléctricos.
Mansión Maniática es una obra donde el espectador juega, pues debe decidir qué pasa, esto la hace interesante ya que el final y las acciones no serán las mismas. El público además de reírse, va a interactuar en un videojuego hecho teatro.
Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.
Disponible los miércoles a las 20:30 en el Teatro Multiescena.
entre 1829 y 1852 estuvo gobernada por Juan Manuel de Rosas, en donde la participación vecinal en la política cambió sus formas durante su gobierno. La rivalidad política entre los federales y unitarios estaba en pleno auge, la libertad de prensa desapareció y la oposición fue perseguida. Las clases medias y populares canalizaron su acción política (apoyando al gobierno) en formas políticas más primitivas y de acción directa, en forma de manifestaciones y acciones violentas contra los opositores. Este es el contexto histórico en donde la obra “Olvidate del matadero”, bajo la dirección de Claudio Martínez Bel y protagonizada por Pablo Finamore, despliega su historia y nos cuenta la realidad de un tiempo perdido y casi abandonado. Esta obra se presenta todos los viernes a las 20 hs en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636).
Basada en un cuento de Esteban Echeverría, la pieza teatral transcurre en el año 1840 y quien narra los hechos es Misky, el hijo de una criada del mismo Echeverría, que ha tomado el vicio de la lectura y lee cualquier papel que caiga en sus manos. Entre ellos, el manuscrito oculto de Don Esteban: El matadero. Misky presiente la importancia de este texto, Don Esteban lo manda a olvidar lo leído y él, sometido, empieza a armar un plan de recuerdos de experiencia confiando que olvidará la lectura. A lo largo del relato, el protagonista intentará entender la Argentina de ese momento, tarea que no es para nada fácil: la lucha entre unitarios y federales cobra un nuevo sentido a partir del gobierno de Rosas y toda la sociedad parece dividirse.
Entre varios puntos interesantes de la obra, se destaca indudablemente la actuación de Pablo Finamore, con supervisión dramatúrgica de Mauricio Kartún. Su interpretación cautiva y envuelve al espectador casi de manera hipnótica. Le pone el cuerpo a ese personaje que habla de su dedo ensangrentado y se comunica con su madre que ya no está presente. Se distingue el despliegue actoral de Finamore que no solamente hace gala de un amplio abanico de recursos vocales (aullidos, onomatopeyas, repetición de palabras), sino también de un gran trabajo físico y capacidad corporal. La obra gira en torno a las palabras, el protagonista aprendió a leer y no puede parar: le fascinan las letras, lo sorprenden las oraciones y párrafos. Misky se la pasa leyendo papelitos y folletines que saca de su bolsillo a la par que hace imitaciones de ruidos de animales y de todos aquellos personajes que desfilaron en esa mañana en el matadero, contando con lujo de detalles y, con una poética muy bien lograda, los recuerdos que perduran en su mente y que se niega a olvidar. La puesta que presenta la obra es minimalista, solamente se visualiza una escultura escenográfica que cumple diversas funciones dentro de la imaginación de Misky.
“Olvidate del matadero” es un unipersonal que se anima a salir de lo convencional, de aquellos textos clásicos, para apostar con una nueva idea. La historia juega con el despliegue de dos relatos: el oficial, y el otro, el oculto. A través de los confusos recuerdos de Misky de lo que él vio y escuchó, se puede intuir aquellos que a primera vista no se ve. La obra nos presenta una historia rica que, además de repasar un hecho histórico, invita al espectador a reflexionar sobre el pasado para tratar de entender el presente.
Luego de su primera temporada en la Fundación Sagai en 2022, vuelve Luna Kakana al escenario. Podrá verse todos los domingos a las 17hs en el teatro El Tinglado.
“Luna Kakana” es una puesta en presente de una de las tantas historias silenciadas de los pueblos que habitaban el territorio que hoy se constituye como Nación Argentina. En el siglo XVII los pueblos kilmes fueron trasladados por los conquistadores españoles desde los Valles Calchaquíes hasta Buenos Aires. La obra es un viaje que pone en escena ese ayer teñido de sangre y violencia.
Una mujer recuerda. En su voz está el grito de miles. Una mujer que cuenta la travesía tortuosa, el destierro. Un testimonio fantasmal que ocupa los rincones de una catedral oscura.
Patricia Casalvieri (dramaturga y directora) aborda de forma poética este hecho real, desempolva esta historia que se resiste al olvido. El texto recibió la mención especial “Originalidad y propuesta dramática” en el Primer Concurso de Dramaturgia de la Región Sureste Autores de Estesur 2021.
La palabra la lleva ella, Isabel Quinteros, quien da luz, como la luna kakana que ilumina en la noche, a cada recuerdo de ese viaje fatal. Ella revive y revisita la travesía de los pueblos kilmes en una catedral oscura en la que habita otro ser, Alejandro Casagrande, quien se encarga de encarnar los fantasmas endiablados del pasado.
La música en vivo, ejecutada y compuesta por Miriam García, acompaña los momentos de tensión y ternura, y construye ese pasado al que la palabra vuelve una y otra vez. Se escuchan la tierra, la lluvia, el llanto y la fiesta. A través de su voz y sus instrumentos también se viaja.
“Luna kakana” es una ceremonia en donde lo poético y lo sonoro rompen con el silencio de esta historia ancestral. En la oscuridad hay destellos. Frente a lo aparentemente olvidado, esa voz que porta el relato de tantos.
El mundo sigue convulsionado y está en llamas, los periodos de paz han sido efímeros, occidente enfrenta la primera guerra de este siglo. Las noticias sobre muerte y destrucción nos invaden, somos testigos de este acto infame mediante nuestras pantallas. La guerra nunca se fue.
»Hijos de la muerte nos adentra en el corazón de un pueblo azotado por una guerra arrolladora. Allí donde el trauma y la miseria se han vuelto el lugar común, se componen una serie de vínculos corruptos que dejan al manifiesto la miseria del hombre. Sin embargo, la dignidad humana cobra valor y logra conmover haciéndose visible emergiendo de la carne viva». Así describe Ezequiel Sagasti la obra que escribe y dirige.
Con un elenco numeroso integrado por actores jóvenes y de mediana edad como German Flood, Lucía García, Gonzalo Gravano, Gerardo Leyer, Melina Martín, Laura Masilo, Diego Rosenthal, Juan Diego Sagasti, Gonzalo Saludjian, Andrés Schweizer, Benjamin Segura, Verónica Viana y Ludmila Zalazar, Hijos de la muerte se presenta como un drama bélico destacable.
Hace unas semanas la película alemana Sin Novedad en el Frente fue premiada con el Oscar Internacional, esta relataba la cruda y horrenda realidad de los jóvenes cabos enviados a luchar en la Primera Guerra Mundial. Teniendo este referente cinematográfico actual. podemos decir que Hijos de la Muerte es una experiencia dolorosa sobre los estragos de la guerra en los pobladores.
El libreto de Sagasti se sostiene e impulsa con la música original de Matías Gessaga. El artista compone una banda original que llena de tensión, angustia y dolor a las líneas y sucesos de la obra.
En la guerra no hay ganadores, sino víctimas,en este caso, el pueblo es el que sufre y paga las consecuencias de los malentendidos de los hombres, en Hijos de la muerte vemos un drama bélico sobre un pueblo que se corrompe. se carcome por dentro hasta que la muerte deja de importar, la muerte está con ellos.
Disponible los domingos a las 20:30 en el Teatro Nün.
El pasado viernes asistimos al teatro «El método kairós» a la segunda función del reestreno de «Una obra para mi». Se trata de una propuesta muy interesante que aborda el biodrama dentro de la creación teatral y sobre lo difícil que puede resultar para un autor mostrar su verdad en una obra.
Una obra para mi comienza con un entramado simple, pero que a medida que pasan los minutos su consigna cambia completamente, pasando incluso por un momento de confusión para el espectador pero que en poco tiempo nos encierra en lo profundo de su propuesta. Esa simpleza es muy necesaria para que el público conozca a los personajes principales, los entienda y sienta empatia por ellos. Es así como arranca un juego entre dos hombres que están juntos, que están en una búsqueda artística para crear una obra casi biográfica, pero que en esa búsqueda se da paso al juego entre los personajes, con un tono más romántico y casi erotico para luego tomar otro rumbo. En la segunda parte de la obra, nos cuentan de a poco el objetivo de la misma, del porque se llama «una obra mi» , de aquella búsqueda de inspiración para contar una verdad propia.
Los actores manejan muy bien cada uno de los distintos registros que la propuesta ofrece. De aquellos momentos más terrenales a otros que parten desde la imaginación y los recursos teatrales para pasar de la realidad a la ficción. Cuando hablamos de realidad, nos referimos a la de la puesta, ya que nos encontramos en un proceso de creación teatral, teniendo casi una obra dentro de la misma. La química entre Francisco Bertín y Sebastián Suñé es indiscutible, la interacción entre ellos es constante y logran emocionar al público en sus últimas escenas. El trabajo de dirección a cargo de Suñé y Lía Bagnoli funciona para unir todas aquellas piezas de una puesta que se vuelve compleja pero que a apreciar todo su conjunto vemos con simpleza y honestidad aquella historia que supieron contar.
La obra escrita Sebastián Suñe, que también es uno de los protagonistas, es una propuesta que se nota que es personal y sincera, pero a la vez muy imaginativa, teniendo recursos teatrales y giros que la vuelven en una historia más allá del drama amoroso entre dos personas. El dúo Sebastian y Francisco es todo lo que está bien en una propuesta que nos provocará emociones del todo tipo.
Todos los viernes a las 20hs en el Teatro del Pueblo sucede Pajarita, ganadora del premio Estrella de Mar 2023 a Mejor Actor de Drama y dos premios ACE 2021/ 2022 a Mejor Espectáculo de Teatro Alternativo y Mejor Actor.
1927, una sirvienta española se arroja a las vías del ferrocarril. Este suceso conmueve a Roberto Arlt y germina la imagen que desencadena la escritura de Trescientos millones: “Durante meses y meses caminé teniendo ante los ojos el espectáculo de una pobre muchacha triste que, sentada en la orilla de un baúl, en un cuartucho de paredes encaladas, piensa en su destino sin esperanza al amarillo resplandor de una lamparita de veinticinco bujías”. En 1932 se estrena Trescientos millones en el Teatro del Pueblo, una de las obras fundamentales del teatro argentino. En la obra, la sirvienta española se llama Sofía, la que sueña con ser rica en ese “cuartucho de paredes encaladas”, la que sueña con un galán, con los personajes que ha leído, visto y escuchado, con el Infierno y la muerte, con el fin.
Noventa años después de su estreno, Guillermo Parodi, dramaturgo y director, lleva a la nueva sede del Teatro del Pueblo una reversión de esta obra icónica. Pajarita es un abordaje de Trescientos millones, una búsqueda por la actualización y, a la vez, por el mantenimiento de elementos propios de la poética arltiana. Ese pasado que puede seguir (y bien que lo hace) hablando de este presente.
Arlt escribe en una sociedad atravesada por la crisis del ´30. Sus personajes viven en esa realidad golpeada, desolada. Criaturas pululantes que van y vienen y habitan el sin sentido. Pero son ellas también quienes desean e imaginan. En Arlt conviven el desamparo, el agotamiento y la miseria, con la posibilidad de algo distinto, la esperanza. La vigilia y el sueño, los límites entre ambos se borronean. Dentro del gris, hay chispazos que iluminan, hay momentos de luz dentro de un mundo oscurecido por el impacto de la crisis. Ese territorio es el que también aborda Pajarita ubicándose en la realidad caótica actual. Allí Sofía sufre la crisis contemporánea, habita los límites de un mundo roto. Ambas Sofías, la de Parodi y la de Arlt, acarrean fantasmas, personas de humo que viven en la profundidad de ellas mismas y esperan atentas el momento del sueño para nacer.
En Arlt lo onírico y surrealista tienen un peso aplastante. Parodi los lleva al escenario a través de las actuaciones y los elementos de puesta. “Zona astral donde la imaginación de los hombres fabrica con líneas de fuerzas los fantasmas que los acosan o recrean en sus sueños”, así comienza el prólogo de Trescientos millones, y así es también lo que se respira en la puesta de Pajarita: escenografía, vestuario, luces y sonido, recrean un ambiente onírico del que el espectador entra y sale con facilidad acompañando el tránsito de Sofía. Todos los elementos son funcionales al paso de una esfera a la otra. Lorena Szekely y Pablo Mariuzzi son quienes encarnan estas criaturas que habitan esta espacialidad de borde. Ambos despliegan un abanico de posibilidades vocales y corporales que construyen este vaivén entre realidad y sueño. Lorena hace que fragilidad y determinación convivan en esa pajarita de alas partidas. Mariuzzi presenta una gran ductilidad camaleónica, él pone cuerpo a las distintas visitas de humo que irrumpen en el viaje adormecido de Sofía.
Lo porteño, la calle, la realidad cruda y desmembrada, la risa, lo reo y lo elevado, la vigilia y el sueño, la muerte y la vida. Pajarita como eco de Trescientos millones, como eco del ayer en el hoy.
“PAJARITA”– TEATRO DEL PUEBLO (Lavalle 3636)– Viernes 20hs.