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“Lunes otra vez sobre la ciudad”. La puesta de Maruja Bustamante, basada en el texto de Sylvain Levey, traducido por Agustina Blanco, destierra la idea de soledad y lunes gris.
“¿Por qué Alicia por el momento? Porque tenemos que seguir hablando de la identidad. Pero también tenemos que seguir hablando sin dolernos (…)”, dice la directora de la puesta, Maruja Bustamante. Alicia tiene 13 años, una madre que pocas veces le demuestra cariño, un padre que cambia constantemente de trabajo y ciudad. Alicia sabe que cuando llega, ya se está yendo. Son monedas corrientes las partidas apresuradas, el idioma desconocido, la cultura y costumbres ajenas, las burlas de sus compañeros por ser extranjera. Alicia es hija de refugiados políticos chilenos. Alicia relata su historia, su peregrinación constante. Dentro de ese mundo gris y violento, marcado por el desarraigo, existe el amor y la amistad.
El relato de Alicia (Victoria Almeida), que cuenta en pasado su pasado, valga la redundancia, es intervenido por cuatro intérpretes que encarnan las voces y cuerpos de los personajes al que el propio relato de Alicia hace referencia: la madre, el padre, los amigos, los burlones, el que le gusta. Ellos cuatro son Pablo Fusco, Manu Fanego, Julián Lucero, Tincho Lups, gran parte del elenco de Los Bla Bla, conocidos por sus espectáculos llenos de humor e inteligencia escénica. El preciso manejo del tiempo, las miradas a público, el juego de repeticiones, las construcciones corporales y vocales para pasar de un personaje a otro y relacionarse con ella, con Alicia, desde un lugar tan lúdico a pesar de lo desgarrado que subyace en el relato, responde a la cita y el objetivo expresado por la directora: “seguir hablando sin dolernos”. La química del elenco, tanto de los integrantes de Los Bla Bla, como de Victoria Almeida con su presencia escénica y carisma, construyen un relato atrapante del que se quiere saber todo el tiempo más.
La obra, a su vez, contiene una fuerte veta musical que le agrega dinamismo a la pieza (José Ocampo). Lo sonoro irrumpe a través de pistas grabadas que van marcando los actos en los que se divide la obra, así como momentos musicales ejecutados por los propios actores.
Suenan reversiones y arreglos de canciones disco de fines de los ´70, Violeta Parra, Víctor Jara. Además, la obra cuenta con canciones originales compuestas por el elenco ya mencionado y José Ocampo.
La escenografía, a cargo de A77, es austera y funcional a los cambios de vestuario y de personaje que se producen a lo largo de la obra. Una estructura móvil de madera con la caricatura de Alicia, funciona como bambalina, como auto en el que se traslada la familia, como banco para sentarse. Recordando siempre la convención teatral, en los percheros se ven los vestuarios y las máscaras que serán usadas a lo largo de la obra. A destacar también el diseño lumínico lleno de colores (Jessica Tortul).
Música, calidad actoral, contacto con el público, aparición de personajes fantásticos, animales que hablan, construcción de paisajes sonoros y delirantes. Cuando una anécdota concluye no se sabe qué puede pasar, así de abierto y rico es el campo imaginativo que despierta la puesta y que mantiene al espectador activo y disponible para lo que vendrá. Carcajadas y exclamaciones de admiración se escuchan durante toda la obra.
Una vez más resuenan las palabras de la directora citadas al comienzo. Por este carácter lúdico y dinámico, por los colores, por las canciones, por los personajes, sin dudas la puesta encuentra la forma de abordar las cicatrices indentitarias causadas por el horror, la violencia y el exilio “sin dolernos”.
Este proyecto es realizado por la antena regional para las artes escénicas en América Latina Hispanoparlante (Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores, Ministerio de Cultura francés, Institut Français).
Alicia por el momento está todos los lunes a las 21hs en la Sala México, teatro Timbre 4 (México 3554)
Fui a ver Tibio. Poderosa reunión de nombres para un domingo a la tarde en los albores de una primavera que coletea entre los árboles añejos de Villa Crespo, barrio en el que se encuentra la sala Moscú, alejada del ajetreo de las salas del Centro.
Los nombres son tres: Miguel de Unamuno, Horacio Roca y Mariano Saba (en orden: el entrañable escritor español, el actor que actúa solito durante una hora y media, y el reconocido y prolífico dramaturgo que la escribió, doctor en Letras e investigador del Conicet, además).
Comencemos por Unamuno, entrañable, como dije, por varias razones para nosotros, argentinos, porque sus textos hasta hace poco circulaban con frecuencia en las escuelas secundarias (Abel Sánchez, Niebla, San Manuel Bueno, mártir) y su célebre Del sentimiento trágico de la vida, título que le grita a la mano que agarre el libro.
Rimbombante pero exacto, ese libro de 1913 revela en la palabra (poética) y en la filosofía la tensión que signa el drama de España, el vaivén entre restauración y república, que tiene uno de sus capítulos más amargos y concluyentes en la Guerra Civil (1936-1939). Tensión que encarnó Unamuno y vaivén con el que rodó también su conciencia histórica, en la originalidad creadora con la que comienza Tibio, la obra de Saba: la sentencia Creer es crear, que la excepcional filósofa andaluza María Zembrano encontró en la actitud creadora-poética con que asumió esa situación: “La fe no es creer en lo que no vimos, sino crear lo que no vemos”, saltar el encierro en el que la existencia se ahoga por la muerte, en el tiempo de una vida. Esta certeza Unamuno la recoge en la enorme tradición literaria española (a diferencia de Alemania o Francia, España es un país sin filósofos, por lo menos, hasta Ortega), de la cual emerge una nueva manera de pensar filosóficamente: la razón poética. Yendo a buscar en fuentes que se apartan del racionalismo platónico o alemán, Unamuno, como Zambrano, su discípula, escogen el conocimiento intuitivo de la poesía, sin pretender asir o apresar el sentido, abriéndose al “impacto brutal” del misterio. Entero.
La conciencia histórica de Unamuno se despierta un 21 de febrero de 1874 (tiene apenas 10 años), día en que explota sobre unos techos vecinos una bomba carlista, un episodio en la larga serie de sucesos que enfrentó a monárquicos y liberales, y que sumió a la Península en el tópico noventayochista del que participó Don Miguel, pero también Antonio Machado, el de las dos Españas: “la de charango y pandereta/cerrado y sacristía” y “(la) España que muere y (la) otra España que bosteza”, de las que el poeta andaluz espera “guarde Dios” a los españolitos recién nacidos porque “una de las dos Españas ha de helar(le) el corazón”. Este mismo asunto aparece en una de sus novelas más transitadas en nuestro país, Abel Sánchez, de 1917. Las dos Españas también tuvieron un capítulo económico: el del surgimiento de un industrialismo que empujó el desarrollo de un movimiento obrero de raíz anarquista y socialista, pero también el de una España rural y agrícola, organizada sobre relaciones muy desiguales entre latifundistas y campesinos, y que todavía en 1960 da motivo a una de las grandes novelas que aquí también vimos en cine con gran éxito: Los santos inocentes, de Miguel Delibes rodada por Mario Camus en 1984.
Tibio retoma el terrible versículo del libro del Apocalipsis: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, o caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apoc. III, 15-16). En sus Diarios, Unamuno coloca a este registro el título de Fusión. Aquellos cuya costra es tan espesa que aparece fría, tienen comprimido dentro el natural calor del alma, y algún día buscando su natural salida se eleva y resquebraja la costra y la calienta y aun caldea. Pero aquellos en que el calor va muy poco a poco extendiéndose y mantiene la costra tibia, sin liquidarla, así viven años y años, sin que les caldee más que la muerte. Queda establecida, entonces, la existencia de este estado intermedio que Aristóteles caracteriza en la Metafísica cuando dos opuestos pertenecen al mismo género. Pero también nos alerta acerca de que la verdad y la falsedad pertenecen a géneros distintos: no hay un estado intermedio entre ambos, algo es falso o verdadero.
La perspectiva de Saba recoge el derrotero de un espíritu cuya temporalidad lo expone a una experiencia vital que bordea y pendula las opciones de su tiempo. En 1924 es expulsado de la Rectoría en Salamanca por la Dictadura de Primo de Rivera, se exilia en Paris hasta 1925 y recala en Hendaya, en la frontera del País Vasco Francés hasta su regreso a España en 1930, una vez caída la Dictadura. Se trata, aclaremos, de un destierro voluntario, porque antes de abandonar Fuerteventura en las Canarias había llegado a la isla el indulto del gobierno.
A su regreso, concretamente, durante la Segunda República, como diputado de las Cortes Constituyentes en 1931, Unamuno traza un perfil de creciente autonomía, lo que le vale críticas que, incluso, le reprochan posturas antirrepublicanas, por ejemplo, en el asunto del castellano como idioma nacional. Esta independencia de criterio recibe también desaprobación desde diferentes sectores. Si bien se le reconoce su repudio al golpismo, también se le critica que es insuficiente. La política cultural del franquismo, condensada en el «Viva la muerte y mueran los intelectuales» de Millán-Astray, propagandista del régimen, y que tuvo un capítulo célebre en octubre de 1936 cuando protagonizaron un enfrentamiento en la Universidad de Salamanca y que concluyó con el cese de Unamuno como rector vitalicio por esa frase que se ha vuelto icónica: “Venceréis, pero no convenceréis”.
Unamuno en un bachillerato porteño
Un profesor de Literatura española en un colegio nacional enseña a Unamuno, la literatura del autor español, cita a Calderón, recibe comentarios sobre el pueblo de Fuenteovejuna, la obra de Lope. Discute con sus alumnos, propone ensayos, les exige que no masquen chicle. Es correcto y apasionado, refrena sus excesos emotivos, entabla discusiones de pareceres con Sánchez (el mismo apellido que el Abel de la novela), tal vez su alumno más comprometido con la clase, con la materia y con su vida. Es quien lo cuestiona desde los bordes de lo real en un contexto que exige intervención sobre la realidad.
La pregunta que abre la obra y que encarna el profesor es cómo se interviene a través del arte. Y el profesor parece decirnos que cualquier obra, aun cuando en apariencia no hable tan directamente de lo real, comunica algo, cuya referencia hace eco en la realidad de quien lee. En ese sentido, la autonomía del arte, se insinúa, es siempre relativa. Y esta parece ser la lectura que puede hacerse de Unamuno en relación con su tiempo.
Efectivamente, el conflicto de los años veinte o treinta que se desenrolla sobre Unamuno rebota o se actualiza por un principio de construcción narrativa, digamos, isomórfica: las disputas o los debates, internos y externos, que vive el profesor son una re-actualización del conflicto que evoca o enseña en sus clases sobre Unamuno. Sobre ese esquema de dramaturgia, Saba despliega algunos sucesos particularmente relevantes de don Miguel que abraza este profesor hijo de inmigrantes españoles, concretamente, de un padre al que evoca cantando la Internacional.
Estamos en 1979, todavía la Dictadura argentina tiene un rostro feroz. Sánchez lo desafía a un duelo en el que le exige lecturas más coyunturales; el profesor se niega, da sus argumentos. Sánchez deja de asistir, se queda libre, ¿desaparece? El profesor es convocado a redactar las palabras alusivas del acto del 12 de Octubre, nunca las dirá, es censurado. Aun con la independencia de criterio y los abordajes extraviados de un joven que lo reta a “jugársela”, el profesor no puede leer su discurso. Pero también el profesor es quien desafía al alumno a empuñar la pluma. Le propone trabajar con Niebla (1914), la hermosa novela de Augusto Pérez, el personaje que se independiza de su autor y le confiesa que va a suicidarse por una frustración amorosa, a lo que el personaje (ficcional) Unamuno le contesta que no, como si fuera su marioneta, una criatura de ficción; pero Augusto también lo hace señalándole que Unamuno también lo es: de Dios. Estas oscilaciones, que desdoblan la aparente rigidez identitaria, también desarreglan vínculos fijos: profesor-alumno, padre-hijo, pasado-presente, Unamuno-profesor.
Clima y tiempo, considero, son los dos grandes rasgos que caracterizan el trabajo de Roca, actor de amplísima trayectoria e interpretación artesanal. La cadencia de su decir este largo texto en el contexto de una clase y bajo el artificio de la exposición didáctica, el manejo de los objetos que suenan con deleitable sonido (hojear los muchos libros, el ruido de la tiza en el pizarrón, los papeles de exámenes o listas que crujen) se alinean con la incomodidad siempre latente del hacerse comprender que exige toda clase, particularmente, tratándose de adolescentes. En este sentido, la obra de Saba es una invitación de particular relevancia para profesores, un reencuentro con la pasión pedagógica que puede despertar un autor, pero también con esos alumnos que se extrañan tanto desde que la escuela argentina corrió su foco del aprendizaje y lo puso en… ¡vaya a saber en qué!
Ese conjunto de condicionantes Roca los aprovecha para ofrecer modulaciones materiales que oscilan entre la tristeza y el enojo, la euforia y la calma, el exceso y la mesura, un eco del Unamuno que presenta Saba y una respuesta posible ante el terror que circula por el aula y el país como ominosa coyuntura.
Esta nueva pieza teatral toma como base al filósofo alemán Friedrich Nietzche y a su libro “El ocaso de los ídolos” donde se plantea el tema de la belleza y la fealdad ya que para el autor lo verdaderamente bello es el ser humano y en Mutis, Hefesto se da cuenta de ese pensamiento. Los personajes son un hombre y una mujer que viven enfrentados, recordando un pasado lejano y siempre a la espera de que llegue alguien a la casa que rompa con esa quietud y monotonía desesperada y que les lleve la frescura de la juventud y de la estética tan deseada. El deseo se les cumple y aparece en escena un joven cadete que trae consigo la belleza que ellos ya perdieron o quizás jamás tuvieron y desata en estos la lujuria por poseerla.
Los actores Samira Murad, Fernando Blanes y Ariel Puente se destacan en el desarrollo de esta obra tan reflexiva y nos regalan la posibilidad de disfrutarla un viernes a la noche en una sala pequeña y con pocas butacas, lo cual asegura un clima cálido y ameno. Suma también que la escenografía es muy sencilla y con pocos elementos en escena lo que genera que uno se pueda concentrar más en lo que va sucediendo. Creada y dirigida por Martín Barreiro, Mutis Hefesto es la fealdad encontrándose con la belleza y nos reencuentra con aquello que Nietzche afirmaba: nada es bello, salvo el hombre; pero también nada es feo, excepto el hombre que degenera.
Desde La Butaca Web te la recomendamos fervientemente! Las funciones se dan todos los viernes a las 20hs y podes adquirir las entradas mediante la web de Alternativa Teatral o en la boletería del Teatro El Convento (Reconquista 269, caba.)
El amor en todas sus etapas e intensidades representa la manifestación de la pasión y la esperanza, emociones tan profundas que pueden tambalear a medida que pasen los años hasta desaparecer. ¿Acaso estamos destinados a la expectativa de que el amor sobreviva y nos salve?
Las expresiones del mismo van más allá de las palabras y los obsequios, se establece en momentos y los recuerdos que asociamos. Es un manifiesto donde todo está escrito salvo el final, mientras prevalece y quiere seguir estando. Los Pipis Teatro presentan su más reciente obra: El mecanismo de Alaska, dirigida por Matías Milanese y Federico Lehmann (Los Pipis) y escrita por este último.
»Dos pibes se encuentran en la Universidad Nacional de las Artes, se enamoran en un debate pasional, adoptan una gata que encuentran en un teatro a la que se comprometen en cuidar. Este es el punto de partida para esta obra que pretende descendencia, donde el mecanismo de la historia es puesto en marcha y también traicionado. Como la coalición de dos cometas. Una chispa multicolor. El origen de la ficción. El cauce de la pasión para abandonar el mundo habiendo dejado algo. Un reflejo de expresión como el ronroneo de un gato, que le pasa en el cuerpo y no lo puede evitar». Es la sinopsis de la obra presentada en Timbre 4.
Milanese y Lehmann, junto a la participación especial de Camila Marino Alfonsín, recrean la biografía de Los Pipis y la relación de pareja de ambos desde el inicio hasta hoy. Una muestra de lenguaje abstracto e histriónico donde las emociones están en euforia.La poesía y el performance forman parte del estilo de Los Pipis y en esta, su obra más personal rinde homenaje a sus afectos por lo que hace una experiencia íntima, reveladora y pasional. Glitter, colores fuertes, pelucas, baile, telas y sorpresas son parte de los recursos que Los Pipis utilizan, todo esto acompañado de la música original de Stevie Marinaro, el cual hace reminiscencia a Bad Romance de Lady Gaga.
El mecanismo de Alaska más allá de ser un manifiesto, es la prueba de un amor que sigue vivo y la existencia de la poesía. La poesía hecha obra y una muestra de amor de Los Pipis hacia el público. Disponible los domingos a las 18 horas en Timbre 4 (México 3554) Escribió Sebastian Arismendi para La Butaca Web.
Entrelazando autorías y lenguajes, Nayla Pose dirige “En este mundo loco, en esta noche brillante”, una pieza de la brasileña Silvia Gómez que diseña un concierto sensiblemente bello para una trama puramente desconcertante.
Plataforma Fluorescente -un dispositivo de creación transdisciplinario- trae a Buenos Aires la primera edición de Temporada Fluorescente, en esta ocasión con la participación de las integrantes del grupo teatral Piel de Lava -conocidas por sus producciones como “Petróleo”- que curaron tres piezas bajo el lema “El mapa de nuestro tesoro: cartografías de supervivencia”. La propuesta trae consigo la dramaturgia de tres autoras de diferentes nacionalidades que escriben desde la sensación constante del colapso inminente, desde narrativas insolentes frente a las lógicas coloniales, capitalistas y patriarcales. “En este mundo loco, en esta noche brillante” constituye una de las patas de este gran proyecto, inscribiéndose en la intrincada iniciativa de gestar nuevos mundos con un lenguaje distinto y propio: una tarea que no pretende dar respuestas ni resolver acertijos, sino dudar de todo y construir desde el escombro. La obra se realiza en Estudio Los Vidrios, un espacio dedicado a la producción escénica, pero toma lugar en el Kilómetro 23, una parcela árida y vacía donde ni los aviones llegan, un lugar fuera y dentro del mundo que se tiñe de un color distópico y apocalíptico. La rutina de una vigilante del Kilómetro se transforma con la llegada de una chica que sufre delirios, una niña prácticamente, que fue agredida sexualmente en esa misma noche estrellada. No hay grandes estructuras de acero o madera para aggiornar la escena -estrategias de las cuales hoy en día las producciones teatrales abusan continuamente-, sino que la misma embebe al público en un sólo gesto con dos colchones, algunas sillas y un par de cascos. Daniela Flombaum y Carolina Saade gozan en el escenario con una corporalidad afilada y conmovida, que invita a los ojos del espectador a comerse la puesta. Sumergidos en una lógica paralela y distante, emerge en los ojos de la audiencia algo sincero y quebrado: en el encuentro de esas dos mujeres, la empatía se tropieza con los miedos de los últimos momentos de nuestro violento, consternado y doliente mundo, que reclama desesperadamente la imaginación de otras realidades posibles. El teatro todavía como lugar para probar un poco de lo desconocido: se ratifica la convicción una vez finalizada la obra y el mundo descansa.
La dirección de Nayla Pose sobre el texto de la autora brasileña, Silvia Gómez, contiene una lectura profunda y expansiva que corre el texto hacia nuevos enfoques de interpretación y sensibilidad. La obra juega con el cambio de registros entre la ficción y la realidad, revelando los artilugios que componen el engranaje poético: el equipo técnico interviene en la obra, las intérpretes rompen con la cuarta pared de manera constante y los “efectos especiales” no son más que francas invitaciones a entrar en el juego, develando un avión despegando en las aspas de un ventilador de pie o una trinchera de guerra entre dos colchones viejos. A su vez, todo se ve sumido en el abundante significado que provee la poética dramaturgia de Gómez; y el delirio de la chica joven se traduce en la vorágine de nuestro hipervínculo global; la defensa de esa letal vigilante del KM3, en los últimos intentos de construcción de un mundo otro; la presencia implícita de “otros” que vienen por ellas, en el advenimiento de los últimos momentos del ecosistema como lo conocemos. Sin dudas resulta una atinada decisión la construcción de un lenguaje escénico absurdo y poético para la pieza, ya que permite catapultar otras lecturas posibles desde una violación sexual: a partir del síntoma individual se desentraña un aflicción colectiva de opresión y sumisión. En el cruce de autorías nacionales y extranjeras, yacen las preguntas necesarias para un manual de supervivencia comunitario y regional. “En este mundo loco, en esta noche brillante” ofrece un terreno fértil para que el público pueda reflexionar y reflexionarse: es ahí donde se produce el temblor revelador que sacude la platea, esa cosa que llamamos teatro pero en realidad es pura humanidad.
“En este mundo loco, en esta noche brillante” está todos los domingos en Estudio Los Vidrios a las 19hs. Podés conseguir tus entradas por Alternativa Teatral.
Ya sabemos la historia de la manzana prohibida y la posterior expulsión de Adán y Eva del Edén. ¿Culpa de ella por seducirlo?
Si nos ponemos a pensar en el poder que tiene una manzana, el simbolismo de aquel fruto, ¿Pueden ser las manzanas picantes? En un posible contexto de que Adán y Eva sean argentinos y que lo estén pasando bomba. Paul Caballero trae su primera comedia escrita y dirigida por él mismo, esta cuenta con la siguiente sinopsis:
»Adán se comió la manzana pero a Eva la culparon de todo. ¿Conspiración de la serpiente? ¿fake news del diablo? Luego de ser expulsados del paraíso Adan y Eva deberán reconstruir su vida y su relación. Ante la novedad de un mundo que es totalmente extraño para ellos, cada uno disputará su punto de vista sobre lo que le espera al mundo a partir de ellos. Muchas preguntas y muchas respuestas en esta bíblica comedia de enredos».
Cristian Mariani hace de Adán y Nancy Meijide de Eva. Él muy holgazán en su privilegiada posición de hombre, ella estresada y angustiada por el futuro que se le viene. Adan y Eva no congenian pero aún así lo pasan bien entre sus malentendidos, dan origen a nuevos conceptos y se cuestionan las decisiones del todopoderoso. Hay blasfemias claro, pero si mucha diversión.
La obra de Caballero es simpática y ocurrente, muy urbana bíblica. La puesta en escena de Alan Faboulus es simple y rudimentaria, con toques selváticos. Mariani está increíble en este papel, su acento cordobés se potencia y aporta inocencia a la obra Meijede hace la contraparte en este rol histérico y divertido.
La Manzana de Adán es una comedia divertida, blasfema y simpática ideal para irla a ver al teatro luego de una jornada de trabajo estresante.Disponible los jueves a las 23 horas en el Teatro NUM (Juan Ramirez Velasco 416)
En la temporada Ópera y Ballet, el Teatro Colón tiene el agrado de mostrar piezas poco conocidas dentro de la cartelera clásica. Dentro de las mismas destacan las reversiones de óperas y novelas llevadas al Ballet, las cuales se destacan por su nivel de interpretación y solemnidad.
Durante los primeros 11 días de septiembre, El Teatro Colón presentó Onegin, ballet alemán presentado por primera vez por el sudafricano John Cranko en 1965 en Sttugart.
Junto a la dirección de Mario Galizzi, encargado del Ballet estable del Colón. Tara Simonic, directora musical estadounidense encargada por esta vez de La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Diseño de escenografía por el gran Pier Luigi Samaritani y vestuario original de Roberta Guidi di Bagno, se presentó esta pieza.
Con una composición de seis escenarios y tres actos, el Ballet estable acompaña a los bailarines principales del ballet de Stuttgart Martí Paixà y Elisa Badenes.
Galizzi coordina a los bailarines con delicadeza y minuciosidad, estos van a transitar en grupo o parejas en el escenario de Samaritani, el cual crea el efecto de ilusión óptica con el uso de espejos, tridimensionalidad con el uso de decorados y luces. Pasamos de exteriores e interiores durante los entreactos, colocando principal atención a la transición de los bailarines en la misma.
El vestuario de Guidi di Bagno se pasea entre lo clásico y moderno, dando importancia a representar a la aristocracia rusa en sus trajes, también la sensualidad enfocada en los momentos en solitario de la pareja protagonista, siendo el escenario escogido los interiores del palacio.
La música de Tchaikovsky dirigida por Tara Simonic sabe cómo trascender a cada butaca del teatro, estando sus vals presentes no solo en los pasos de los bailarines, sino estando estos clásicos en nuestra memoria colectiva.
Onegin se hace una experiencia más que audiovisual, sensorial. La gran puesta en escena y el ballet estable provocan suspiros y pupilas dilatadas entre la delicadeza, el asombro y la magia que desprende esta obra.
Daos la paz. Finaliza la misa de los domingos con esa frase, entonces todos nos abrazamos y por un segundo, desaparece todo conflicto… Al menos funciona en este caso pues hay personas que no reconocen las banderas blancas. Madre solo hay una y estará contigo hasta el final, en cada lugar y momento. Al menos podemos reírnos de estas situaciones donde el control materno pondrá a prueba la paciencia..
»Una madre «especial» obliga a su hijo a volver de Nueva York para resolver un insólito problema familiar. El intentará, con suma diplomacia y paciencia, solucionar el conflicto pero el carácter insoportable de la mamá lo sacará de quicio hasta llevarlo a la desesperación». Es la reseña del clásico de Alicia Muñoz, el cual es reestrenado bajo la dirección de Betiana Blum.
Betiana Blum y Sergio Surraco son los protagonistas de esta comedia negra muy muy argentina. Ella una madre controladora y manipuladora, él un hombre influenciable que intenta de sobremodo mantener la paciencia. Una misión: mantener la paz. Betiana Blum vuelve con fuerza y gran carisma en este rol que le sienta bien. Vemos esta gran leyenda argentina protagonizar una hilarante comedia que roza el grotesco criollo rioplatense, una mirada muy directa y sincera a aquellos vínculos que son imposibles de romper por más que aprieten.
Sergio Surraco es el acompañamiento perfecto al personaje de Betiana, está entre el borde de perder la paciencia, por lo que lo veremos maniobrar la mil y una formas de obtener la paz y comunicación. La Pipa de la Paz es una comedia que no nos suelta y nos hará reír desde el principio. Una producción prolija y bien dirigida por la visión de Betiana Blum. Un reflejo de las relaciones madre e hijos donde uno de los dos debe ceder, ¿Funcionará la pipa?
Betiana y Sergio poseen una química avasallante. Disponible los viernes, sábados y domingos en el Teatro Astral. Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web
En el espacio de investigación teatral “El Brío”, Ignacio Torres dirige una obra de su propia autoría que se exilia en un futuro cercano de Argentina, cuestionando el verdadero carácter que guarda una distopía.
En lo que simula ser un living corriente, una pareja vive los primeros momentos del fin de su relación. Sumido en la interacción de sus redes sociales, el trabajo de Gael consiste en postear sus mejores caídas, que comparten miles de seguidores, incluyendo una adolescente aimara y k-popera, que se vuelve su fan número uno. Intrincadamente, se cuela en la historia de la pareja, el vínculo desgastado de los padres de Gael, más que nada el del padre, quien se ve atacado y repudiado por su voto en contra de una ley que permite adoptar hijos por medio de aplicaciones. Mientras los intérpretes se rozan desinteresadamente entre ellos, el espacio del living parece no verse afectado por ninguna de las acciones que los personajes puedan cometer. Como una casa fantasma, “Cosa hecha” se vuelve un título que calza perfectamente para esta comedia de desencuentros, como un enredo desilusionado que viene a espejar lo superficial de nuestros vínculos y lo ajeno de nuestros deseos.
Los objetos se mueven en el espacio como si nadie los manipulara: los vasos de cerveza quedan intactos, los retratos familiares ausentes y los muebles vacíos. Los distintos escenarios se cruzan pero no se tocan: entre la pareja y los suegros las conversaciones parecen pender de un hilo, atravesadas por un dispositivo que, implícitamente, se sobreentiende ya que está allí, pero no se ve en escena. La tecnología atraviesa toda la obra pero sin embargo sólo se puede ver un teléfono, y de alguna manera el universo que Ignacio Torres elabora deja en las butacas un peso que ahonda tanto en el cuerpo de los intérpretes como en el del público. En una época llevada al límite, donde la comunicación masiva desencadena un efecto globalizador, la desconexión sensible se percibe como un duelo constante. Todo gira alrededor de una crisis de pareja no muy distinta a la de nuestro presente cotidiano: amores desaforados y odios viscerales. Pero, de alguna forma, en el silencio del escenario se percibe una problemática más subyacente todavía, un conflicto emocional que se teje en cada personaje como un cortocircuito sensible. El teléfono constantemente suena, pero nadie se atreve a atenderlo.
Asimismo, la obra se permite tomar un color precioso con el choque de referencias: entre la música k-pop, la política partidaria, las cerezas y las redes sociales, “Cosa hecha” mezcla universos de manera avasallante. En ese espacio tan minimalista y vacío, una avalancha cultural se come toda la escena, en lo que se percibe como un absurdo retrato de nuestra época posmoderna, la integración de un todo que se vuelve cada vez más fragmentado. Sin embargo, no se dibuja un tono solemne en el relato que representa la obra, sino que se permite la intromisión de risas cómplices entre el bruto reflejo de nuestra propia comedia. Un tinte absurdo atraviesa la pieza por completo: una mujer que pretende traer a su marido de vuelta en sí con el cultivo de cerezas, un político que se refugia en su nuevo perro para no enfrentar los ataques del exterior y una adolescente que sueña con ser una estrella con tal de no hablar sobre su mamá. “Cosa hecha” le demanda al público el trabajo detallado de recolectar las piezas para vislumbrar que se esconde en el fondo de su historia.
Siempre es un goce ver cómo una propuesta reinventa por completo la sala de un teatro, y la dirección de Ignacio Torres traslada imaginativamente al total del público hacia otro lugar sumamente diferente. Hermosa y rota, “Cosa hecha” atrapa a la audiencia en el centro del escenario y la conmueve de manera dulce, para luego prender las luces de sala y soltarla al mundo, intentando juntar los fragmentos que restaron una vez terminada la función.
“Cosa hecha” está todos los sábados de septiembre en el teatro “El Brío” a las 20hs. Podés conseguir tus entradas por Alternativa Teatral.
La revolución será de los trabajadores vivos o muertos…
¿Qué puede pasar mal en una asamblea? Pues mucho, las peleas por el control del poder y la razón serán motivos para caldear al colectivo. Quien tiene la presidencia no es precisamente la persona más justa para el cargo, sin embargo podríamos hacer una sesión astral para convocar a quienes no están, a fin de cuentas, también tienen voz, ¿No?
»Cuenta las peripecias de un elenco de teatro universitario que es tomado, inesperadamente, por fuerzas oscuras. Algunas que parecen habitar el recinto académico; y otras, acaso más complejas, que surgen del corazón del grupo. Todas sumiendo al equipo en las contradicciones propias de la tarea artística, los deseos, la política y el poder» Esta es la sinopsis de la comedia creada por Fernando Ferrer, la misma fue parte del proyecto final de grado para la carrera de artes dramáticas de la UNA.
Con un elenco coral, conformado por jóvenes y actores con trayectoria, encabezados por Analía Ayala, Juan Uriel Dujo, Guadalupe Durante, Camila Ferro, Arturo Andrés Galacho, Lula Gonzalez, Mara Guerra, Geronimo Gutierrez, Martín JAUREGUILORDA, Alexia Martinovich y Macarena Rodriguez llega Cuello, llega esta histriónica y divertida comedia.
La escenografía representa un teatro abandonado en reforma, los detalles están presentes y es gracias a María Guadalupe Gonzalez y su trabajo. Estos 11 actores se van a desplazar por el escenario con un ritmo acelerado y también transitando entre materia espiritual. Hay una enorme carga de comedia absurda y ocurrente, esto la vuelve simpática y es gracias al compromiso de los actores y la química entre ellos.
La Asamblea de los espíritus es un sindicato jugando a la Ouija, la rebelión del proletariado, el abuso de poder o el efecto de alucinógenos, o lo que sea. Lo que si está asegurado es la diversión plena.
Disponible los jueves a las 20:30 en el Teatro El Extranjero (Valentin Gomez, 3378) Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.