La Butaca Web. El sitio de difusión de arte y cultura de Buenos Aires y España Reseñas, noticias, críticas en video y mucho más. Visitanos en www.labutacaweb.com ó en alguna de nuestras plataformas. Contacto labutacawebar@gmail.com
En 2009 se estrena en Fox Channel la aclamada serie Glee. Creada y producida por Ryan Murphy, durante seis temporadas se nos mostró al grupo de coro pop de una secundaria estadounidense, sus sueños y talento reflejados en covers de canciones del momento. A siete años del final de esta serie, el Vorterix rinde homenaje.
«Buscando la fama es una obra de teatro musical inspirada en la aclamada serie de televisión Glee.
Buscando la fama reivindica el espíritu de Broadway, donde los artistas trasmiten emociones por medio de la palabra cantada y el movimiento, demostrando que se puede cantar y bailar durante toda la obra, logrando atrapar al espectador con un magnetismo unico en el lenguaje.
Buscando la fama nos regala ese instante que amamos los seguidores del teatro musical al integrar un sinfín de expresiones artísticas que nos quedaran grabadas en la memoria». Esta es la reseña del show creado por Darío Flores y que el Vorterix nos presenta. Luego de la pandemia unos chicos vuelven a clase, acá más que un reencuentro, es una oportunidad para demostrar su talento y hacer valer quienes son. Cincuenta artistas jóvenes entre bailarines y cantantes conforman este elenco coral, junto a los arreglos musicales de Romina Casella y Elías Gramajo, también con coreografías de Jime Arce y Andrés Rosso.
Buscando la fama combina lo mejor del musical homenaje en un ambiente disfrutable, boliche y plop. Un despliegue de talento joven dirigido por Romina Casella. Grandes canciones de los 90’s y comienzos de los 2000 tienen su espacio en este show lleno de colores y confeti.
Disponible los domingos a las 20 horas en el Teatro Vorterix (Lacroze y Álvarez Thomas)
Cinco intérpretes ocupan la sala del Portón de Sánchez, solamente con su cuerpo y palabra, con el propósito de transitar los diferentes estadíos de la historia nacional y llegar a una inalcanzable meta final.
Pablo Caramelo -dramaturgo, actor y director- presenta “Corredores” como una propuesta innovadora que trabaja meramente con el texto y el físico, despojado de escenografía y vestuario. Simulando una pista de running, los personajes se desplazan por el espacio escénico en una carrera que mezcla sus conflictos personales con los públicos, problematizando lo privado y particular con el panorama político y social. Intervenida con audios de preguntas y respuestas, cantos populares y la mención de pertinentes eventos históricos, “Corredores” consiste en un trabajo físico detallado que dialoga con el largo circuito que transita una sociedad como la nuestra, y con el sostén del cuerpo frente a la falta de una línea de llegada clara.
La obra dispone únicamente del simple vestuario de los corredores, el cual produce un choque con el entramado texto que propone Caramelo. En su dramaturgia se interpone el lenguaje burdo con el lírico, generando un efecto ambiguo e interesante. Haciendo uso de procedimientos retóricos e imágenes poéticas, los intérpretes juegan con el mundo semántico de la maratón para referirse a algo todavía más hondo. Mientras que se los ve, a estos cinco runners, discutir sobre la preparación física o la elongación, los monólogos que intervienen la obra dialogan también sobre los conflictos en alcanzar una meta de manera grupal. Cuando debaten sobre la resistencia física y mental, también se preguntan cómo se ve conflictuado lo colectivo en relación con las limitaciones personales. Sin dudas, existe un mensaje ligado a lo personal y político, aludiendo también al contexto histórico de la argentina -trazando recorridos que van desde Rosas hasta la dictadura cívico-militar-. La puesta propone una lectura oportuna para nuestro contexto social y político y cuestiona al público de manera activa. “Corredores” se establece como una metáfora compleja sobre nuestro país: un runner que da vueltas en el espacio, en una vía inerte, sin línea de salida o llegada definida.
Una puesta que renueva el uso del cuerpo como comunicador, que apuesta por la palabra como esencial interpelación. “Corredores” llena un espacio vacío con todas las dudas que atraviesan el inconsciente de una sociedad. ¿A dónde se dirige ese colectivo con deseos contrapuestos pero una identidad compartida? ¿A dónde nos dirigimos si nunca vislumbramos una meta final?
“Corredores” está todos los viernes a las 23.00hs en el Portón de Sanchez. Podés conseguir tus entradas a través de Alternativa Teatral.
El primer coliseo guarda secretos en cada rincón y vivir esta experiencia es conocer una porción de su historia de más de cien años al servicio de la cultura argentina y mundial. Al recorrer la Sala, el Foyer Principal, la Galería de Bustos y el Salón Dorado, los visitantes pueden absorber detalles asombrosos sobre la arquitectura, las escaleras, sus esculturas o vitreaux.
Las visitas, que se realizarán todos los días y tendrán una duración aproximada de 50 minutos, comenzarán a las 11:00 horas y saldrán cada 15 minutos. La última visita se realizará a las 16:45 horas. También habrá dos visitas diarias en inglés que tendrán lugar a las 13:00 y 15:00 horas.
Habrá distintos tipos de tarifa para Discapacitados acompañante, Discapacitados, General, Jubilados, Menores de 7 años, Pase Cultural, Residentes en Argentina y Estudiantes Residentes.
Las entradas para discapacitados junto a un acompañante, jubilados, pase cultural y estudiantes residentes sólo se podrán adquirir en la boletería del teatro presentando el certificado correspondiente.
Las escuelas pueden solicitar su visita, escribiendo a escuelasvisitas@buenosaires.gob.ar.
Las entradas ya se pueden adquirir online a través de http://www.teatrocolon.org.ar y en la Boletería del Teatro Colón ubicada en Tucumán 1171 de lunes a sábados de 9:00 a 20:00 horas y domingos de 9:00 a 17:00 horas.
Los medios de pago serán efectivo, tarjeta de crédito (sólo en 1 pago) y tarjeta de débito.
En una ruta donde los camiones solo pasan ya cuando cae el sol o cuando la inclemente noche se acerca, alguien hace dedo para seguir su viaje, en su inocencia espera que el próximo vehículo que se pare la aproxime a algún pueblo, pero este puede llevarlo a un infierno dónde la escapatoria se hace imposible.
«En el patio de una casa, en los distintos lugares en que se pueden alojar recuerdos; en los pasillos, en los baños, en el paralelo de aquel lugar figurado que destinan quienes sabemos fueron secuestradas para la explotación y la esclavitud sexual; cuerpos que pierden su peso y voluntad. Se desgaja su identidad preguntando qué significa desaparecer» Esta es la propuesta de Gabriela Amaro, Mariel Gonzalez y Leila Loforte bajo el texto de Rafael Nafal. Gabriela Amaro, Mariel Gonzalez, y Leila Laforte son las encargadas de llevar a cabo esta obra, investigar sobre la problemática de la trata de mujeres en Latinoamérica y también de dramatizarla.
Tengo arena bajo el párpado me remite a Noche de fuego (Tatiana Hueso, 2021, México), dónde las mujeres son el blanco fácil para estas redes que se dedican a secuestrarlas y explotarlas. Es un mundo hostil donde no hay salida fácil y que no reconoce fronteras. La trata de personas sigue estando y que estas actrices hayan decidido visibilizarla es digno de admirar.
Gabriela Amaro es quien dirige esta obra. Las tres actrices utilizan todos los espacios del Teatro Animal, desde el patio, las escaleras, el jardín y la sala; podemos ver cómo estas se van desplazando por el mismo, nosotros los espectadores estamos frente a frente, nos guiamos por las mismas descubriendo e imaginando el escenario.
Tengo arena bajo el párpado es una muestra cuyo potencial puede dar para más que una obra de teatro. El talento de estas actrices y su gallardía para hablar de este tema tan complejo, asi como para representar actos difíciles y arriesgados, hace que esta merezca varios aplausos.
Disponible hasta el viernes 21 de abril a las 20 horas en el Teatro Animal (Castro 561)
El teatro independiente nos sorprende nuevamente con propuestas que nos permiten una libre reflexión y una innovadora mirada sobre el teatro mismo. Con escritura original de Walter Ghedin, con dramaturgia y dirección de Dennis Smith, “La última Bonaparte” se hace su lugar en la sala para invitarnos a visualizar las vidas de dos mujeres tan opuestas pero tan similares al mismo tiempo. Con actuaciones de Silvia Pérez y Mauro Álvarez y con música en vivo por parte de Agustín Buquete, esta obra se presenta todos los sábados a las 20:30 hs en “El Camarín de las musas” (Mario Bravo 960).
“La última Bonaparte” es una pieza teatral en la que se mezclan las vidas de Silvia Pérez, reconocida sex symbol y actriz, con la de Marie Bonaparte, la última descendiente de Napoleón, princesa de Grecia y Dinamarca, escritora y obsesiva investigadora de su propia anorgasmia (imposibilidad de tener orgasmos). También nos encontramos con Mauro Álvarez interpretando al director de este documental que interviene, corta, saca y agrega diálogos para que Silvia se presente como actriz y como persona. Una de las interrogantes principales, que será el motor que le dará vida a esta obra, es el por qué de este deseo de Silvia Pérez de interpretar a Marie Bonaparte. Guiará el encuentro entre director y actriz permitiendo una búsqueda profunda sobre los inicios de la actriz, su infancia, sus represiones y sus deseos siempre en contraposición con la vida frígida de Marie Bonaparte.
La puesta en escena da lugar a un estudio de grabación: dos escritorios enfrentados, uno el de Silvia Pérez que brinda la voz y el cuerpo para el documental y, en el otro, el director del audiovisual quien lleva adelante las grabaciones. En el medio, nos topamos con una pantalla donde no sólo vemos, duplicado, lo que se graba ante nuestros ojos sino otros fragmentos del documental, imágenes y diálogos que requieren el doblaje de Silvia, con la voz afrancesada de Marie. La música en vivo es un acompañante excelente a la hora de ayudar a construir el sentido cómico o dramático del texto. Los momentos musicales alertan al público sobre el discurso de los personajes y nos conmueven ante la combinación de sonido y relato que puede llegar a tener múltiples niveles de reflexividad textual.
Asimismo, el espacio es intervenido por una cámara de filmación con el único objetivo de retratar el rostro en un primerísimo plano de Silvia. Es por esto que, cuando las luces se prenden, nos hallamos con una Silvia Pérez ya dividida. Por un lado está ella, en carne propia, sentada frente a Mauro, su director. Pero también está la Silvia – espejo, la que desde una pantalla se mueve idéntica a la Silvia – persona, aunque no sea la misma. Es una obra que se establece a partir de la multiplicidad, la pantalla será cómplice de muchas Silvias, pero también de muchas Maries. Tanto la mirada de la cámara como la mirada del público tienen la misión de registrar cada faceta, cada gestualidad que ella va adquiriendo a lo largo de la obra.
Dennis Smith nos invita a presenciar una apuesta que mezcla drama y absurdo, en donde el cuerpo, el deseo, el dolor y el placer son los ejes que estructuran esta indagación íntima y poderosa. Se abrirá una puerta que enlazará las vidas de estas dos mujeres que por momentos parecen ser una sola. Mauro Álvarez y el música Agustín Buquete acompañan a Pérez en esta experiencia, un docudrama que apela al lenguaje escénico, pero también a la poética de la imagen cinematográfica.
En la sala del Morán, Delfina Colombo, Stephanie Troiano y Fabián Carrasco interpretan una pieza que transcurre a orillas del Mar del Plata, en una madrugada que mezcla la poesía con el deseo, la amistad con el amor y el amor con lo efímero de crecer.
La dramaturgia de Lucila Rubinstein reúne en el mismo escenario el fundamentalismo marxista, la prosa de Pizarnik y Storni y la estética emo para contar la historia de dos amigas porteñas que viajan a Mar del Plata porque fueron seleccionadas para un convenio de poesía. En la dimensión de ese cuarto de hotel que da al mar, Milne y Muriel juegan con las palabras y la rima para tensar todavía más ese deseo implícito entre ellas, que viene a ser interv enido por un joven empleado del hotel al que lo invitan a pasar la noche. Entre lírica y humor, “Las oceánicas” hace de este mundo catastrófico, una estrofa sincera. La obra alude sin dudas al universo poético de Alfonsina Storni, propiamente feminista, desagradada por los hombres e internada en la melancolía constante. Las aguas de Mar del Plata parecen traer su voz al cuerpo de las jóvenes, que la reinventan dentro de las reglas e impedimentos propios de nuestra época. El olor del océano y el ritmo de las olas está presente en todo momento, desde las preguntas existenciales que Milne y Muriel se hacen hasta los bailes seductores que tienen con el joven empleado. Los eventos de esa madrugada se vuelven disparatados y filosos: un hotel donde se extravían los zapatos, un baño roto que pierda agua a cántaros, un empleado de hotel que miente sobre ser surfer. En ese ambiente tan extravagante, existe, también, un roce que se entiende como gozoso, dentro de la amistad entre las escritoras. Tal como los versos de Alejandra Pizarnik dedicados a mujeres, las adolescentes se ven obligadas a invitar a un hombre a su cuarto para poder expresarse todo lo que las palabras no llegan a significar. Entre los juegos de palabras y mensajes ocultos, por más de que alguna de las amigas salga de escena, el joven empleado se reduce a un segundo lugar, mientras la trama induce que más que amigas, ellas se saben cómplices de la otra. En una alusión a nuestras grandes poetas nacionales, “Las oceánicas” se presenta como una tierna oda a la poesía como posibilidad de otro mundo, como refugio contra los cambios del crecer, como balsa entre el devenir de las olas.
La puesta de Manuela Méndez refleja claramente la propuesta en cuanto al uso del lenguaje y de las palabras. A medida que transcurre la obra, los elementos van construyendo imágenes absurdas y estéticas: piezas de sushi entre libros de poesía, una camisa entre un teléfono a disco, latas de cerveza tiradas al lado de una bombacha rosa. En el fondo de la escena, unos telones pintados inscriben palabras y frases de colores sobre negro, interviniendo el espacio para generar una contrapropuesta llamativa, misteriosa y apeladora. Por otro lado, el vestuario se inscribe hasta en los más pequeños detalles -pines de metal en un saco, unos rodetes con gomitas de colores, buzos con hombreras y volados-, instalando ya desde el principio una identidad clara a estas personajes que protagonizan la pieza.
“Las oceánicas” se para desde la ingenuidad adolescente para contar la historia de las alfonsinas de hoy en día, intervenidas por el amor, la bronca y la búsqueda. Tomando a la poesía como motor, la obra se rige sobre la palabra y el juego para devolvernos la historia de esas poetas enamoradas, ajenas a los hombres y al tiempo que todo lo corrompe.
El martes 26 de abril a las 20:00 horas, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires ofrecerá un concierto gratuito en el Auditorio Belgrano en el marco del Ciclo Colón en la Ciudad. La presentación contará con la dirección musical del maestro Pablo Boggiano y la participación como solista de Horacio Massone en piccolo.
El programa musical contará con las obras Concierto para piccolo y orquesta, Op. 50 de Lowell Liebermann y Sinfonía N° 5 Si bemol mayor, D. 485 de Franz Schubert.
Las entradas serán gratuitas y se podrán retirar por la boletería del Auditorio Belgrano (Virrey Loreto 2348) a partir del domingo 24 de abril en el horario de 15 a 19 horas.
Se entregarán dos localidades por persona hasta agotar la capacidad de la sala.
La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires obtuvo dos Premios Konex de Platino como la mejor orquesta argentina de las dos últimas décadas, en 1999 y en 2009. En 2017 la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina la distinguió con el Premio “Mejor Orquesta Sinfónica Argentina” de 2016, galardón que también obtuvo en 2014 y 2012. En el año 2019 recibió el Diploma al Mérito de la Fundación Konex en la categoría orquesta argentina. En 2021 celebró su 75° aniversario.
Programa
Lowell Liebermann Concierto para piccolo y orquesta, Op. 50 Andante comodo Adagio Presto
Franz Schubert Sinfonía N° 5 Si bemol mayor, D. 485 Allegro Andante con moto Menuetto. Allegro molto Allegro vivace
Desde siempre y desde ahora, los logros científicos y artísticos de las mujeres han sido y son invisiblizados. La historia reciente se han encargado de dar a conocer y reinvidicar la trayectoria de grandes personalidades. Camille Claudel fue una escultora francesa cuya vida fue una tragedia, en especial sus últimos 40 años. Conocida en principio por ser hermana del poeta Paul Claudel, amante de Rodin y… por loca; aunque esté último adjetivo fue simplemente fue desafiar al sistema.
«Espectáculo unipersonal sobre Camille Claudel. Una artista excepcional en un mundo oscuro y represivo, que sólo tiene reservado para ella/s un papel secundario en el que los hombres prevalecen. Camille pasó gran parte de su vida en un manicomio por querer ser escultora y vivir intensamente la creación. Su amor por August Rodin, artista de la época, casado, fue también uno de los motivos que la enfrentó a la sociedad. Camille nos deja un legado artístico fabuloso que nos hace partícipes de su mundo femenino en lucha y echa luz sobre nuestros días». Es la sinopsis del monólogo de Hugo Barcia.
Zuleika Esnal es la gran estrella de este monólogo. Se pone en la piel de Camille Claudel tal cual lo hizo Isabelle Adjani en el 1988 y Juliette Binoche en 2013. Con una intensidad avasallante e impotente, la actriz comienza arrastrándose sobre el escenario con una sábana blanca que la cubre, tal cual como un fantasma que anuncia su presencia.
En una hora Esnal atraviesa todas las emociones posibles, desde la protesta, la ironía, el llanto, desesperación y la locura. Ella hace de Camille un personaje que si bien es difícil, es imposible no empatizar. La simpleza del escenario y iluminación de Héctor Calmet es acertadal contenido dea historia. Da la sensación de soledad y encierro.
Manuel Callau es capaz de ver la visión de Barcia sobre un personaje que fue marginado por la historia y ahora se le da el honor que mereció en su época. Zuleika Esnal hace una interpretación difícil de olvidar, por la cuál estaremos hablando por un largo rato.
Disponible los lunes a las 20:30 en el Teatro El Tinglado (Mario Bravo 948) Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.
En lo personal nunca he visitado el sur del país. Seguramente ustedes, quienes leen esta reseña ya saben cómo es. Más que fotos y testimonios, las ganas de estar en la cordillera son inimaginables. La fantasía de acampar con amigos y una fogata, las largas horas de trekking y el desconectarse de una ciudad que tanto agobia, es lo que imagino y sé que es el sur. Por suerte esta obra nos transporta a ese lugar.
«Lorena regresa a la ciudad que abandonó treinta años atrás. Su hijo, Tomás, la acompaña. Tocan timbre en la casa vecina, se reencuentra con Marina y Jorge. Quizás, el reencuentro no es tan casual. La noche, el alcohol y los discos avanzan. El calor de los cuerpos se filtra en los recuerdos, las palabras se embriagan y todo comienza a ser una avalancha de sensaciones. Cada segundo adquiere la espesura de la eternidad. Esta noche el amor, el deseo, la vida y la muerte se contagian en cada mirada, cada brindis, cada risa, cada palabra, cada silencio, cada canción y cada foto». Es la sinopsis de la obra escrita y dirigida por Pilar Ruiz.
Carlos Portaluppi, Clarisa Korovsky, Juan Tupac Soler y María Inés Sancerni forman parte del elenco de esta obra. Bajo una escenografía conceptual y delicada, la cuál representa una casa de algún pueblo patagonico, construida con herrerías. Este espacio representa un cálido lugar de encuentro. Sin ventanas ni puertas, los actores irán de un lado a otro del escenario. Este espacio es gracias a Ariel Vaccaro. Lucia Feijoó se encarga de la iluminación la recrea a la perfección una noche del sur.
Este cuarteto de actores tienen una hermosa química para una historia que en primera instancia es tensa, llena de misterios e incertidumbre. Mediante silencios y miradas fijas, los personajes irán interactuando entre si hasta ceder ante la clara noche y el perdón del pasado. Pilar Ruiz escribe y dirige una delicada y entrañable obra donde la amistad y las estrellas fugaces australes son los protagonistas.
En Aire de Montaña las relaciones afectivas y de madre e hijo hacen enternecer al espectador sin endulzarlo, se vuelven muy humanas, haciendo que el resultado final sea transportar al espectador ante la calidez de una noche patagonica. Aire de montaña es el abrazo de la naturaleza y el perdón.
Disponible los martes a las 21 horas en el Espacio Galpón de Guevara (Guevara 326) Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web. Instagram: cachalote94
Todo mal cuando arranca alguna reunión y ya hay tensiones previas. Las botellas de vino van a destapar todas las verdades y chicanas. Hay que tener valor para decir la verdad disfrazada de chiste y luego justificarla ¿Qué tan descarado se puede ser?, Dios provee pero también chicanea.
«Una cena, dos parejas. Ellas hermanas, ellos amigos. Un pedido muy particular que desata las mezquindades de cada uno. Un encuentro que revela una inesperada mirada sobre los otros… y sobre si mismos». Es la sinopsis de la obra original de Victoria Sarchi. Matias Broglia, Fausto Guerra, Lourdes Invierno y Victoria Sarchi forman parte del elenco de esta comedia dramática.
Una reunión de sábado aparentemente tranquila para desconectar y reunirse con los amigos sale muy mal. Facundo Veiras es el encargado de ambientar este living mediante escaleras, sillas y mesas de madera. Una guirnalda de luces y apagones sutiles (hechos por Agustín de Martini) que van a marcar los entreactos de la obra.
Silvana Sanetta dirige a este cuarteto de actores y hace posible que el libreto de Sarchi (la cual hace un papel espléndido en esta obra) se haga realidad. Dios me odia es tensa, con una comedia incómoda llena de chicanas y reproches. Personajes realistas pero marcados por el ego y prejuicios. Dos estilos distintos de pareja que van a entreverse en puntos de quiebre. Matias Broglia tiene momentos explosivos que dejan atónito al espectador. Lourdes Invierno representa la visión liberal y actual de las parejas de hoy en día. Fausto Guerra encarna a la perfección al arquetipo de cineasta de autor y Victoria Sarchi se vuelve el personaje más centrado en la realidad.
Dios me odia es una comedia dramática con giros y tensiones interesantes bien ejecutados. Más que una prueba de que Dios nos odia, es el claro mensaje que siempre está dispuesto a tocar la llaga.
Disponible los miércoles a las 20 horas en el Teatro El pueblo (Lavalle 3636) Escribió Sebastian Arismendi para La Butaca Web. Instagram: cachalote94