Crítica: Huérfanos de Brooklyn

Por Bruno Glas

Allá lejos, por la década del 40′, con el sistema de estudios de Hollywood en su mejor momento,  con los géneros clásicos ya configurados, la Warner Bros fue la principal major en producir films de cine negro. No por nada esta compañía fue la responsable de El halcón maltés, considerada la pionera del film noir

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En pleno 2019, aparece Huérfanos de Brooklyn, un filme de la Warner que tranquilamente se encuadra dentro del cine negro. Es que Edward Norton, quien dirige y actúa, parecería querer tachar todos los casilleros del género. A saber: una trama enrevesada, detectives privados que deben resolver un caso que involucra a figuras de poder, una sociedad corrompida, una marcada construcción visual, iluminación basada en el claroscuro, bares nocturnos… Todos estos elementos dicen presente en voz alta. Pero no hay un uso irónico de la autoconciencia. Las convenciones del cine negro se acumulan hasta el exceso a medida que avanza el metraje , pero no de una forma canchera, como una burla o parodia. Tampoco como un homenaje… ¿Qué trata de hacer Norton con su segunda película?

 

En principio, interpreta a Lionel Essrog, un detective privado que inicia una investigación para resolver el asesinato de su mejor amigo y mentor, Frank Minna. Hasta acá, parece el argumento de un policial negro típico. Sin embargo, a esto debemos sumar que Lionel sufre de síndrome de Tourette. Esto complica un poco las cosas, puesto que lo obliga a tratar de explicar su situación a los distintos personajes que se cruza, creando en el camino varios momentos cómicos logrados. Es así que deja de lado la faceta del antihéroe duro y recio, para terminar componiendo un protagonista entrañable, afectuoso incluso a su pesar. Lo mismo ocurre con el resto de los detectives que lo acompañan, que lejos de ser investigadores capacitados son más bien unos trabajadores simpáticos y un poco chantas. Frank Minna es quien los pone a todos ellos en marcha, y es un punto no menor el hecho de que está interpretado por Bruce Willis. Norton acierta en matar al otrora héroe de acción en los primeros minutos del filme, como si su muerte legara todo el peso de la trama a Lionel, un principiante con escasa firmeza al lado de Minna. Todos estos elementos alejan a Huérfanos de Brooklyn de ser un noir de manual, aún cuando la historia siga a rajatabla los preceptos del género. Por cierto que la trama se sigue con interés, aún cuando la gran cantidad de personajes y su desarrollo la hagan algo desprolija. La resolución termina, así, empantanándose cuando llega el tercer acto, que se estira más de lo debido.

 

Resulta curiosa, a fin de cuentas, la existencia de un filme como este en la cartelera actual. Pero no porque sea, como podría ocurrir en el cine de vanguardia, extraño, difícil de asir. Huérfanos de Brooklyn parecería querer pertenecer a otro tiempo, algo que delata su adhesión a un género clásico y la decisión de Norton de ambientarla en los años 50. Una película que de tan artesanal, tan a la vieja usanza, termina paradójicamente convertida en una rareza. 

 

Calificación 7/10

Crítica: Hogar

Por Juan Ignacio Aguilar

Abre de negro y una emisora de radio argentina nos ubica espacialmente.

Sor Paola ingresa a trabajar en un convento italiano bonaerense en su paso previo a ser monja. Sus propias convicciones serán puestas a prueba cuando entre en contacto con Fátima y Luciana, dos jóvenes madres solteras entre otras tantas a las que el convento provee de hospicio.
Con un guión que fácilmente puede caer en lugares comunes, Maura Delpero se distingue haciendo más enfásis en esa silenciosa interioridad de sus personajes. El primer acto trascurre como una muy detallada carta de presentación de sus tres protagonistas, cada una con un conflicto bien diseñado y de sútiles pero importantes implicancias para los otros. La historia principal avanza a un ritmo adecuado, dejando espacio a la cámara para que haga su magia y transmite eso que las palabras no pueden: la emoción vivida por este grupo de madres, y la joven hermana católica cuya convicción empieza a flaquear.

Es una película de personajes, y el armado de éstos no podría haber sido mejor. Dejando de lado, eso es, al excelente equipo de actores al frente.
Agustina Malale hace su debut como una Luciana dividida entre su amor por su hija y su decepción con la vida que dicha responsabilidad la obliga a llevar. Por momentos cariñosa para luego dejarse llevar por un impulso violento, Malale roba cámara con total naturalidad. Rebelde y deshinibida, tiene su contrapeso en la Fátima de Denise Carrizo. A pesar de su mayor responsabilidad como madre, hay undejo de vacío en la psique de Fátima que Carrizo transmite en sus momentos más privados, cuando la iluminación y un simple sonido ambiente dejan ver un gran trauma que todavía no parece superar. Para peor, un nuevo bebé está por llegar y Fátima no deja de temer por el futuro que pueda darle a sus entonces dos hijos.

Completa el trío la Sor Paola de Lidiya Liberman. Su relación con las chicas y sus respectivos hijos la pondrán en un difícil camino para con el gran compromiso que está por cumplir.
Mención especial para el reparto de niños, con Alan Rivas como el dulce Michael e Isabella Cilia como Nina, una excelente joven actriz cuyo rol pone en funcionamiento el giro más dramático de la película.
De diálogos suficientes y con un predominio del silencio, Delpero plasma su guión a través de planos de gran angular que ponen de manifiesto el enorme poder que la Iglesia católica ejerce. Una fotografía muy íntima a manos de Soledad Rodríguez da pie a que el espectador conjeture, a la vez que también llegue a empatizar en esos breves momentos nocturnos en que las chicas sueñan con más. En paralelo con la atmósfera en la que se desenvuelve, la banda sonora sólo actúa en forma catártica ante el extremo silencio: cuando las chicas tiene que desahogarse.

Modesta, minimalista, y muy emotiva. Maura Delpero logra combinar una gran trabajo desde detrás de cámara con una magnífica dirección de actores. Puede que «Hogar» tenga gusto a algo conocido, pero tiene un corazón enorme y distintivo que compartir.

Calificación 8.5/10

Crítica: Golem: La Leyenda

Por Leonardo D’Assaro

Entendamos lo que estamos viendo: “The Golem” es una película israelí, que intenta acercarse al género del terror de época, basándose en una de sus principales leyendas folclóricas. El Golem, según la mitología judía, es un ser animado a través de un conjuro. Siendo conformado a través del barro, tomando una forma incompleta cuasi humana. Es un ser fuerte, poco inteligente, que llevará a cabo su tarea de muerte de acuerdo a los requisitos de la persona que le dio vida.


De eso se trata esta película. Nos encontramos en el siglo XVII en Lituania. Un pueblo judío es agredido por otro que está siendo diezmado por una terrible peste. Como ven que el pueblo judío logra sobrevivir a través de su fe y religión, le piden a la curandera judía que salve a la hija enferma del jefe del pueblo agresor. En caso contrario, el pueblo judío será aniquilado por estos salvajes.
Al ver a su aldea inmersa en esta situación, Hanna decide invocar al Golem, a través de las escrituras secretas de la Kabbalah. Así el Golem se hace presente y aniquila todo lo que Hana considera peligroso para ella.
Una película de época, con un presupuesto ajustado, pero que nos permite vivenciar una historia alejada a lo que nos suele ofrecer Hollywood de acuerdo a este género.
Recomendable para aquellos que buscan historias con atmosferas inquietantes y no tanto susto fácil.

Calificación: 6 de 10

Reseña: Historias Breves 18 (2017)

Escrita por: Gonzalo Esteba Borzino

Cobertura del 34º Festival de cine de Mar del Plata

Los creadores de contenido audiovisual nacional no pueden evitar mirar con ansias, en algún punto de sus carreras, la oportunidad de ser elegidos para la convocatoria de Historias Breves, financiados por el INCAA y promocionados por el ministerio de educación, cultura, ciencia y tecnología. Gracias a su apoyo financiero, se pueden llevar a cabo proyectos cortos pero precisos, latentes venas artísticas que permiten nuevas visiones sobre viejos conceptos o, porque no, una mirada primogénita sobre nuevas problemáticas. Los premiados, presentes durante las proyecciones, dieron sus agradecimientos al público, como así a sus colaboradores y leyeron un comunicado, donde se resaltaban las grandes dificultades por las que sus proyectos debieron pasar debido a la crisis nacional y negligencia estatal. Cerraban dicha carta esperando que las próximas entregas de la convocatoria, puedan ser más gratas para los participantes, celebrando, asimismo, el cambio de gobierno.

Proyectados en el auditorio del museo Mar, estos son los cortometrajes presentados, ganadores del concurso en la víspera de sus 25 años. Para evitar contar de más, se utilizó la sinopsis brindada a la audiencia asistente al evento.

12 Kilómetros || Dirigida por: María Soledad Laici

Es la hora de la siesta. Una niña campesina de apenas ocho años será la única compañera de su madre que está a punto de parir. Juntas emprenderán el camino al hospital a pie. Las contracciones cada vez violentas han detenido el avance de la mujer en plena ruta y será la niña quien deba recorrer, sola, esos 12 kilómetros que la separan del puedo más cercano en busca de ayuda.

Una urgencia latente, el dolor de Antonela Luce y la templanza de Valentina Shiaffino son los elementos de esta eterna caminata por un paisaje desolado. El insípido terreno como opuesto a la fertilidad del parto, y una niña capaz de todo nos revela una lucha donde la suerte y la perseverancia se vuelven factores decisivos.

El nombre del hijo || Dirigida por: Martina Matzkin

Lucho, un niño trans de 13 años, no suele compartir mucho tiempo con su padre. Cuando emprende unas vacaciones junto a él y su hermana menor la nueva cercanía y cotidianidad ponen su relación a prueba. Sobre todo cuando en medio de una noche de insomnio, Lucho tiene su primera menstruación.

Distante y callada. El ritmo del film logra capturar la pesadumbres de un padre pasando por el desarrollo de dos identidades en cortocircuito, cuya conflictiva existencia paralela es no solo inevitable, sino que también contradictoria. A diferencia de otros cortos discursivamente similares, Martina Matzkin logra atravesar su temática con gracia, sin necesidad de ser demasiado evidente, diciéndolo todo en la dureza de la relación familiar de Tristán Miranda y Daniel Cabot.

Justo || Dirigida por: Paula Romero Levit

“Justo” es un cortometraje acerca de la justicia. Ella, la protagonista, es una joven que propondrá a los pasajeros de un colectivo lleno un cambio de la administración de los asientos. En el viaje descubrirán que, más allá del resultado, siempre es bueno revisar el orden establecido.

Desafiante, aunque levemente soso. Este cortometraje se esfuerza en hacer un caso desde la posición de privilegio al colocar a Camilia Fabbri como acomodada en lugar de necesitada, intentando hacer mella en el espectador promedio. Si algo me llevo de esta, es la siempre grata aparición de Darío Levy, en esta ocasión encarnando a un colectivero.

La playita || Dirigida por: Sonia Bertotti

Ciudad de Corrientes, verano. A orillas del Paraná y bajo la sombra del Puente General Belgrano, miles de familias compiten por un espacio para su sombrilla y sus reposeras. Priscila, una niña de 7 años a la que nadie presta atención, saldrá tras los pasos de un elusivo vendedor de juguetes ambulante, alejándose cada vez más de su familia, intentándose cada vez más en la aventura.

Una aventura de descuido. Una niña en un viaje sin rumbo, tumbándose con las trabas del destino, encontrándose con el peligro consecuente de una familia egocéntrica. Un reflejo hilarante de la fuerza del descanso, contando con una abominable cantidad de extras. Como Sofía Sánchez, cientos de niños se pierden en las caricias costeras del descuido familiar.

Instrucciones para Adela || Dirigida por: Laura Huberman y Manuela Martínez

Tres mujeres, tres generaciones, el paso del tiempo y una despedida inminente. Abuela, madre e hija pasan el día en un velero familiar. Algunas miran hacia atrás y otras hacia adelante.

Cálida y un tanto caótica, como suelen ser los cruces de las edades. Este corto, rodado enteramente en una embarcación navegante, se atreve a desnudar las truculentas aguas del destino inevitable y la introspección familiar. Contando con la brillante Elvira Onetto como la matriarca de cabeza, con la compañía de Mercedes Morán y Manuela Martínez, es una conversación entre hijas, con un final acechante.

Te seguiré || Dirigida por: Pedro Levati

Un mismo personaje inmerso en distintas épocas plantea un gran interrogante: si hubiésemos nacido en otro momento ¿Seriamos los mismos? Nuestras vivencias, experiencias o relaciones, la manera de vincularnos afectivamente y emocionalmente ¿hubiesen sido las mismas en otro contexto?

Excepcionalmente ejecutada y fuertemente arraigada en el teatro musical, esta pieza bellamente construida es una oda a las décadas de antaño. Una historia desarrollada por los cuerpos de Silvina Paolini y Matías Galitelli, y puntillosos estudio de relaciones entre dos almas entrelazadas por la música. A pesar de su marcada herencia teatral, el corto dispone de un dinamismo particular que lo aleja lo suficiente de la puesta estática que supondría con este tipo de trabajos.

Critica: Los que vuelven

Por: Gonzalo Esteba Borzino

Cobertura del 34º Festival de cine de Mar del Plata

Perdida entre las gruesas hojas de la selva misionera, una mujer llora desconsoladamente. Julia (Lali Gonzalez), con su hijo muerto en brazos, le ruega a la Iguazú, la madre del día y la noche, que lo regrese a la vida. Lo logra pero, como le había advertido su sirvienta y confidente Kerana (María Soldi), sus plegarias tendrán consecuencias mucho más oscuras de lo que cree. Tiempo después, su marido Mariano (Alberto Ajaka), dueño de un campo de plantación, deberá hacer frente a la avanzada sobrenatural que se cierne sobre sus obreros.

Continuando la línea recorrida en el premiado cortometraje La vuelta del Malón (2010), Laura Casabe (La valija de Benavídez) vuelve a presentar a los indígenas vengativos, haciendo retornar a los guaraníes desde más allá de la muerte. Lo que describen como un rodaje “hermoso pero duro”, la película fue hecha en tan solo veintiún días, plagados de extenuante esfuerzo físico debido a las largas caminatas, el sofocante calor y la constante lluvia. Laura bromea diciendo que se filmaba, si la selva quería que filmasen. Afortunadamente al momento de grabar, las condiciones lumínicas resultaron excepcionales, lo cual permitió que lograsen su espectacular puesta fotográfica.

Es un largometraje hermoso, con la despampanante puesta de Leonardo Hermo, quien logró una iluminación realista y eficiente, incluso en tomas nocturnas. Asimismo, la dirección de arte resultó sublime, con efectos prácticos de carne y sangre para pequeños segmentos gore y vestuarios encantadores, acompañantes de la escenografía natural de los espectaculares paisajes misioneros, algunas veces recorridos a dron.

Originalmente, al igual que su cortometraje, la película ocurría en el sur, durante la campaña del desierto, teniendo a las comunidades arránqueles como los retornados. Sin embargo, se debió de realizar el cambio radical de locación y, por tanto, una profunda reescritura del guion. A pesar de tener definido el final, la narrativa pasó por muchas instancias de reubicación temporal. Planearon comenzar con un misterio, que terminase en sorpresa y por ello se decidió fragmentar el film desde el montaje, fabricándolo desde la exposición de la pieza. Confiesan que ellos mismos fueron sorprendidos por los acontecimientos que iban apareciendo en su historia.

La fragmentación narrativa se hizo, por un lado, para satisfacer dicha necesidad de misterio-sorpresa, piedra angular del género, y por el otro por una cuestión ideológica: “Lo que queríamos era generar la idea de la culpa criolla, abordar el tema haciéndonos cargo que nosotros somos los herederos que sometieron y que seguimos sometiendo.”, aseguraron luego de la proyección. Y fue por esto mismo que se optó por posicionar a los guaraníes como “el otro”, utilizando las convenciones del terror para contar lo que querían contar y transmitir lo que querían transmitir, sin posicionarse en un lugar deshonesto. Se debía atravesar la empatía desde la posición del rechazo y aceptación del otro.

Llamada “la revancha de los pueblos originarios” por los espectadores, el film está cargado de convenciones genéricas atravesadas por subversiones, una estética y manejo contextual similar a The Witch (2015) y una sensación de presencia ominosa digna de clásicos japoneses. Los que vuelven nos muestra un futuro film de culto a nivel latinoamericano. No importa cuánto se nos quiera convencer con que es un género muerto, al final siempre retorna.

Se estrena en mayo en salas comerciales.

Puntaje: 10.0/10.0

Critica: Huérfanos de Brooklyn (Motherless Brooklyn)

Por: Gonzalo Esteba Borzino

Cobertura del 34º Festival de cine de Mar del Plata

En los barrios bajos de Nueva York, plena década del ‘50, Frank Sinnata (Bruce Willis) intenta chantajear a la gente equivocada, y por ello es asesinado. Su protegido, Lionel Essrog (Edward Norton), un detective con síndrome de Tourette, buscará resolver los motivos del homicidio y acabará descubriendo una conspiración para desplazar a los más vulnerables, encabezada por el ambicioso Moses Randolph (Alec Baldwin), un alto mandatario de la municipalidad, hambriento de más poder.

Escrita, dirigida, producida y protagonizada por Edward Norton (Keeping the Faith), la adaptación de la novela de Jonathan Lethem nos muestra una despiadada ciudad que nunca duerme. Caracterizada con cuidadosos vestuarios de época y atravesada por la gloriosa música de Daniel Pemberton, el film nos transporta a bares del submundo, barrios devastados y hoteles de lujo, mientras se sigue una pista de sangre, pólvora y cenizas de cigarrillo. Un drama con tintes de policial negro tanto en lo estético, narrativo y político.

Actoralmente el foco de atención son los tics nerviosos de Lionel, los cuales lo llevan a espontáneos momentos incomodos entre personas que lo creen, en el mejor de los casos, un bufón. Sus explosiones le hace lanzar frases incomodas, a veces hasta rítmicas, las cuales generan momentos humorísticos, pero a la vez dejan espacio para tiempos de tensión apremiante, al no saber en qué momento podría tendrá un ataque. Esta característica, aunque cueste creerlo, es llevada maravillosamente por Edward Norton, quien lleva adelante una ejecución verosímil y muy satisfactoria. No obstante, no se puede evitar mencionar a las otras figuras actorales que atraviesan la película, como la rudeza de Bruce Willis, la expresividad silenciosa de Gugu Mbatha-Raw y la sobre-expresividad de Willem Dafoe.

El balance entre Lionel y Moses tiene un vaivén sublime. Mientras el detective describe su enfermedad como una compulsión que lo fuerza a tener conductas antisociales, el magnate se muestra como un personaje externamente controlado e intocable, pero su interior hierve fervorosamente, siendo esta su mayor debilidad. La película juega con esta dualidad de conflictos interiores-exteriores marcadas por dos personajes que, aunque diametralmente opuestos, pueden tener más que ver de lo que creen. Es una pena que en el extenso metraje solo compartan un par de escenas, evitando que este paralelismo se vislumbre con mayor efectividad.

Peleas sucias, la mano negra del estado y todo ese jazz. Las marcas del policial negro están ahí, en esta larga pieza de corrupción americana y discriminación, manteniendo vivo a un género siempre latente porque, lamentablemente, siempre es relevante.

Se estrena en diciembre en salas comerciales.

Puntaje: 8.5/10.0

Crítica: Huérfanos de Brooklyn

Por: Virginia Cattaneo
Crítica: Huérfanos de Brooklyn (Motherless Brooklyn)
Película dramática con tintes cómicos escrita, dirigida y protagonizada por el gran Edward Norton y el infalible Bruce Willis.

Huérfanos transcurre durante los años ´50 en New York. Lionel Essrog (Edward Norton) es un detective muy inteligente, memorioso y de gran corazón que padece síndrome de Tourette razón por la cual hace y deshace frases constantemente formando rimas además de tener varios tics que logra calmar mascando chicle o fumando hierbas y que lo hacen particularmente entrañable. Su historia personal se refleja en su mirada triste, sufrió mucho de chico al haber quedado huérfano a los 6 años y luego al haber vivido en un asilo de monjas donde fue despreciado, maltratado y golpeado por ellas además de ser denominado “Fenómeno” desde siempre. La historia arranca cuando asesinan a Frank Minna (Bruce Willis), su maestro y amigo de la vida y él se promete descubrir quién lo hizo. Ese hecho es el puntapié inicial que desanuda un ovillo que mantendrá a todos con los ojos bien abiertos y entregados al suspenso intrigante y sin baches que sostiene toda la película, el cual los envolverá de manera tal que no se enterarán que el film dura 2hs y 24 min.
La trama se desenlaza dentro de un juego de poder donde, para variar, ganan pocos y pierden muchos. Randolph Moses (Alec Baldwing) interpreta al pez mas gordo de la historia quien ejerce un poder manipulador y aplastante sobre los ciudadanos de Harlem. Su hermano, Paul Randolph, (Willem Dafoe) aporta una cuota importante de protagonismo en ese entramado y Laura Rose (Gugu Mbatha-Raw) luchará por salvaguardar los derechos de esa gente y además lo llevará a Lionel por un costado de la vida que él desconocía.

Son para destacar las actuaciones de Willem Dafoe y la de Edward Norton, además de su excelente dirección. También la música de Craig Armstrong se lleva un aplauso especial por ser la encargada de transportar al espectador dentro de la historia.
Para mi gusto el final podría haber sido distinto, mas impensado quizás, aunque igualmente atrapante y tierna son las dos palabras que mejor definen este caso detectivesco con agregados imprevistos como el replanteo obligado como sociedad a revisar las actitudes lastimosas que tenemos muchas veces para con los demás y también a mirar a los costados y llegado el caso no permitir que se violenten los derechos de los mas necesitados.

Calificación 8.50/10

Crítica: Los Sonámbulos

Por Guillermo Benites
Película escrita y dirigida por Paula Hernández, nos relata la historia de Luisa (Erica Rivas), Emilio (Luis Ziembrowski) y su hija Ana (Ornella D’Elía), en una reunión de fin de año en la casa de campo de la familia de Emilio.

La historia evoluciona lentamente, empezando por Ana, una joven adolescente que padece de sonambulismo heredado por parte de la familia de Emilio (si bien no se aclara si todos ellos lo tienen).
Luisa, una mujer editora que trabaja en la empresa familiar de su esposo (Emilio), tiene que lidiar con los problemas de confianza que tiene su hija con ella para contarle sus intimidades.
La película muestra el conflicto familiar de Emilio con su madre Meme (Marilú Marini) y sus hermanos Inés (Valeria Lois) y Sergio (Daniel Hendler), por querer vender la casa de campo que pertenecía a su padre, la cual quiere conservar sugiriéndole a sus hermanos cubrir entre los tres los gastos. A esto se suma Alejo (Rafael Federman), hijo de Sergio que sorprende con su llegada a la reunión luego de años sin saber mucho de él.
La película puede resultar un poco difícil de seguir debido a que uno no sabe mucho lo que está pasando o qué relación hay entre los personajes, pero a medida que va avanzado te va revelando poco a poco información sobre cada uno de los personajes y su situación, para finalmente concluir con un final realmente explosivo y que le da un nuevo sentido y significado y todo lo visto durante la película.
Los planos cinematográficos resultan ser bastante buenos, generando en algunas escenas un nivel de inmersión que te hacen sentir partícipe de la escena, de los cuales son sumados con el buen uso de sonido en ellas. Que en mi opinión, de ser intencional, potencia bastante el mensaje que nos deja el final y nos lleva a la reflexión.
Calificación: 8.5/10

Crítica: Bolshoi

Por Mauricio Bordón

Bolshoi es una película que se exhibirá en el primer festival de cine ruso que se llevará a cabo del 21 al 17 de noviembre en Cinépolis Recoleta.

Filmada por Valery Torodosky, Bolshoi es una película interesante donde se puede observar la evolución de la protagonista, junto con los flashback, el espectador puede entender la historia de Julia, y los problemas que vivió de pequeña para que posteriormente continúen ya como adulta, pero en el ambiente del ballet.

Es una película con muy buenos planos, excelentes escenas donde se muestra la danza. Las coreografías elegidas para estos momentos me parecían geniales, y se comprenden perfectamente los conflictos que emergen a raíz de su sueño de bailar en el Bolshoi. A pesar de lo dicho anteriormente, no puedo omitir que por momentos los diálogos los sentí débiles, aunque esto a partir de la mitad de la película en adelante se ve que va mejorando. En lo personal considero que por momentos se vuelve algo densa, hubo escenas que pudieron haberse recortado. La trama al pasar en Rusia, hay palabras o nombres cuestan recordar, a causa de su difícil pronunciación. Ya para cerrar, las actuaciones me parecieron buenas, y el director marcó bien las diferencias de clases, dado que nuestra protagonista viene de una familia de trabajadores de clase media tirando a baja, mientras que el ambiente donde ella se encuentra es para un público más privilegiado por así decirlo. Como cierre, The Bolshoi es una película que recomiendo ver, sobre todo si te atrae lo que es el ambiente artístico y la danza clásica. Como así también es una peli bastante disfrutable en mi opinión.

Calificación: 7.5/10

El Festival ofrecerá un panorama sobre el nuevo cine ruso contemporáneo y las películas serán presentadas por sus creadores: actores, directores y productores. Luego de las proyecciones se realizarán debates con los espectadores.

Las entradas se pueden adquirir a hda d de boleterías o por web en

https://www.cinepolis.com.ar/cines/cinepolis-recoleta

Crítica: Proyecto Géminis

Por Guillermo Benites
Del director y ganador del Oscar a mejor director, Ang Lee, nos muestra esta película de acción y ciencia ficción protagonizada por el querido y carismático Will Smith en el papel de Henry Brogen, uno de los mejores asesinos a sueldo que trabaja para el gobierno de los Estados Unidos que decide retirarse.


Henry Brogen, un asesino de 51 años, decide retirarse luego de un incidente en su última misión que lo hace reflexionar sobre su vida y dejar de hacer algo para lo que es bueno, sin saber que esta última misión lo metería en serios problemas y haría que para la gente para cual trabaja vayan tras él. Ejecutando así el proyecto géminis para poder matar al mejor asesino. Y que mejor asesino que una versión más joven de él.
La historia de la película resulta bastante interesante y atrapante en primera instancia, con buena presentación del personaje, quién es y lo que hace. La trama avanza de una forma bastante rápida que no deja momentos o escenas aburridas.
La película en 3D está bien aplicada en varias de las escenas, que suman bastante, no solo en las escenas de acción que nunca faltan, sino que también nos muestran los diferentes países que visitan. Si bien hubo algunas escenas de acción que estaban por demás exageradas, aún se mantienen dentro de lo posible.

El CGI que usaron para el rostro de la versión joven de Will Smith se veía increíble. Sin embargo en las escenas de pelea y acción las animaciones resultaban verse poco reales o naturales en sus movimientos y en otras escenas se notaba fácilmente que no estaban realmente en el escenario.

Algunas partes del guion de la película nos muestra un poco de comedia para el espectador, pero nada más que resalte en cuanto a esto.
Si bien el final resulta un poco predecible debido a la evolución de la historia, tampoco termina decepcionando.

Calificación : 7/10.